• 📃 Día 1: Track y resumen

    Apr 25–26 in Spain ⋅ ⛅ 19 °C

    Es extraño salir de viaje con la bici y bajarla por un ascensor, tener a la vera a mis padres deseandome buen viaje o recorrer las calles del barrio de Santa Aurelia, donde crecí y viví más de veinte años. Pero esta "long way home", parafraseando al mitico clásico de Supertramp, la haremos por partes y al revés. La bici trekking que me ha acompañado en Italia estos cuatro años se quedará en Sevilla, y desde aquí emprendemos viajes que, man mano, deberán acercarnos hacia Italia. Y la primera parte es salir de Sevilla. Es sábado de feria en la ciudad y la mañana está húmeda y encapotada, lo que me obliga a salir con chubasquero e impermeables. La lluvia, sin mucha intensidad, dura hasta que estoy bien fuera de la ciudad, habiendo dejado atrás los polígonos industriales y el barrio de Torreblanca, otro lugar más que familiar. La perifèria de la ciudad se disuelve entre escombreras, casas humildes y apañadas y grandes naves con cemento por doquier. Poco después, por carreteras anchas y tranquilas, grandes estepas se abren, con algún olivar disperso, anticipando de algún modo lo que espera en la jornada. El camino lleva en sostenido ascenso hacia los Alcores, con Mairena y El Viso siempre de la mano a regañadientes, donde una tostada con aceite y tomate me espera, además de unas últimas compras de suministros. El último aliento de estos pueblos, colgados sobre una cornisa, es una vista fabulosa sobre la campiña sevillana, infinita y verde en esta época del año, especialmente tras este último invierno intenso de lluvias. Es precisamente esa campiña la que hay que atravesar hoy, primero por una carretera entre trigales, luego por una vereda, sterrata como está mandao, que sólo al final se vuelve un barrizal, lo justo para comer de mierda la bici. Paciencia. Por ello, es mejor evitar sustos y dar un rodeo por carreteras asfaltadas, llevándome primero a Arahal, que ya advierte también de lo que mostraran los pueblos sevillanos durante la ruta: no poca gente en la calle, y vestida muy guapa para las primeras comuniones. Hay jubilados de tertulia en los bancos y gente haciendo mandaos. Poco después, de Paradas me sorprende los ventanales de las plantas bajas, que casi llegan al suelo y sobresalen poco poco de las casas, haciendo tres lados. Marchena, en cambio, es más grande y tiene una vida distinta, con un mercado medieval en la plaza y más comercio. Todos ellos, más o menos, están en lo alto de una loma, dominando el paisaje desde kilómetros antes de llegar. Me sorprende, de las carreteras, lo anchas que son y lo respetuosos que son los conductores: respecto a Italia es otro mundo, ya que todos se alejan lo máximo para adelantar o incluso, si hace falta, esperan pacientes cincuenta metros detrás de la bici para pasar. Así, no echo de menos un carril bici en todo el camino. Por otro lado, los pueblos son compactos y bien definidos, sin urbanizaciones desperdigadas a sus afueras ni campo colonizado por la edificación. Es un buen urbanismo este, y se ve que la calidad de los espacios públicos es notable, con mucho arbolado, vecindario que se ocupa de adornar con flores, amplias aceras y limpieza. Me hace plantearme ciertas cosas respecto al norte de Italia. Todas estas cosas es fácil notarlas en bici, al igual que en los mil matices que, con lentezza, da la carretera. Especialmente una vez pasada Marchena, es imposible no maravillarse con las cunetas florecidas: amapolas, margaritas blancas y amarillas, violetas. Es una explosión de color donde a veces las liebres se dejan ver, saliendo de sus madrigueras en los cortes que la carretera ha hecho en el terreno. Las vistas también evidencian los muchos tipos de olivar: más viejos y más nuevos, más densos y mas desperdigados, algunos son tan intensivos que parecen setos y otros tan naturales, sin arar, que más bien parecen prados. Yendo a la velocidad del coche no podría fijarme en todo esto. Con esas, y con la rodilla izquierda empezando a quejarse, llego a Lantejuela, donde paro a comer en la Peña Bética del pueblo. Los andaluces sabemos bien que en estas asociaciones se come bien por poco, y esta no es excepción. Me doy un homenaje de cinco tapas, descanso un rato y vuelta a la ruta. El paisaje se vuelve más intenso, más colorido, salpicado ademas por varias lagunas endorreicas con paisajes que transmiten pura calma a la hora de la siesta. Pero esa sensación contrasta con los nubarrones al horizonte, bajo los cuales puede distinguirse estupendamente las cortinas de agua. Aunque confío en no mojarme y encontrar un claro sobre mi camino, la fuerza de los elementos es innegociable: un pequeño chispeo me hace volver a colocarme los impermeables y es una decisión idónea ante el chaparrón que cae poco después. El chubasquero parece que ya ha perdido la impermeabilidad, pero no es un problema. La lluvia cesa pocos kilómetros después, justo en la última laguna del camino, donde los flamencos y las garzas conviven en armonía. Es imposible no detenerse a contemplar la escena. Justo después llega El Rubio, y pocos kilómetros más allá está Marinaleda, conocida por su política, diríamos, comunista, lo cual atestiguan los murales repartidos por el pueblo. Tras una última pausa, el camino sigue entre olivares cada vez más densos y continuos hacia Herrera, donde el camino deja dos últimos breves repechos , fastidiosos para mi quejosa rodilla izquierda, antes de abandonar definitivamente la provincia de Sevilla. Más allá está la línea de alta velocidad que baja a Málaga, y poco después Puente Genil: una bajada rápida lleva a su río, donde un mirador deja contemplar el fluir de las aguas, junto a las cuales una familia de patos hace crecer a sus crías. Aprovecho una fuente para limpiar de barro bolsas y ropas, mientras espero a Maria e Irene. Ellas son la gran sorpresa de la jornada, pues sabiendo que pasaba por Puente Genil decidieron venir a verme. Tan fácil como que Maria tiene familia allí y tienen una casa familiar libre, así que mi plan de dormir en un olivar salta por una alternativa que me hace mucha más ilusión. ¿Qué es si no compartir un rato con amigas que hace demasiado que no ves? Poco rato después aparecen por la plaza comercial del pueblo y nos saludamos con gran alegría. Así, dejo la bici en la casa, ducha, nos ponemos al día, salimos a cenar... Un cierre redondo al día :)Read more