Lago Bled y Ljubljana
13 Mei, Slovenia ⋅ ☁️ 17 °C
Diario de viaje: Crónica de una sobredosis estética (o cómo no visitar Eslovenia)
La primera mala decisión del día —y probablemente de la década— fue creer que podíamos asaltar dos de los tesoros más grandes de Eslovenia en solo medio día. El resultado fue el esperado: un cansancio tan severo que, al terminar, mis piernas no me pertenecían y mi cerebro emitía señales de error (nada que no solucionara una buena cerveza local).
Ya nos ha pasado antes. Es esa "fiebre reactiva" que te da cuando intentas procesar demasiada perfección en muy poco tiempo. Es como intentar beber de una manguera de bomberos: terminas empapado, sin aliento y con ganas de llorar de la pura estimulación visual.
Primera parada: El Lago de Bled (o el fondo de pantalla de Windows)
Llegamos a Bled con la arrogancia de quien cree que ha visto lagos bonitos antes. Error. Este lugar es un insulto para los que somos fotogénicos solo con tres filtros de Instagram.
• El Castillo de Bled: Es el más antiguo de Eslovenia (mencionado por primera vez en el año 1011). Está encaramado en un acantilado de 130m.
• La Isla y la campana: En medio del lago hay una isla con la Iglesia de la Asunción. Dice la leyenda que si tocas la "campana de los deseos", se cumplen. Mi deseo era un par de rodillas nuevas y un transporte que no requiriera mi energía cinética, pero creo que la campana no funciona con sarcasmo.
• El Pletna: No subimos a estas barcas tradicionales de madera. Son hermosas, pero mientras el remero (el pletnar) hacía gala de una fuerza física envidiable, yo solo pensaba en cuántas calorías estaría quemando él y cuántas rebanadas de Kremna rezina (el pastel de crema local) se iba a comer para compensar el desgaste .
Segunda parada: Ljubljana.
Sin tiempo para procesar el azul del agua, salimos disparados hacia la capital. Ljubljana. El nombre ya es un reto; si logras pronunciarlo bien a la primera, te dan la nacionalidad (o al menos un aplauso).
• Dragones por doquier: La ciudad está custodiada por dragones. El Puente de los Dragones es icónico. Dicen que cuando una virgen cruza el puente, los dragones menean la cola. Sobra decir que los dragones se quedaron más quietos que mi cuenta bancaria después de este viaje.
• El Castillo de Ljubljana: Otro castillo. Porque uno al día no es suficiente para alimentar nuestro masoquismo. Está en una colina (obvio) y, aunque hay un funicular, mi orgullo (o mi falta de planificación) nos hizo considerar caminar. Al final, la ciudad nos absorbió con su encanto de cuento de hadas y sus calles peatonales perfectas. (¡Qué gran idea esta de tener una zona peatonal tan grande, sin vehículos y con solo carritos eléctricos circulando por el área!).
Balance final
Terminamos el día en un estado de estupor estético. Eslovenia es demasiado densa en belleza por metro cuadrado. Caminar por Ljubljana después de haber visto Bled es como comerse un postre de cinco pisos después de un banquete de bodas: el cuerpo dice "no más", pero el alma sigue pidiendo otra cucharada.
Mañana no me levanto de la cama ni aunque me prometan que el dragón del puente ha aprendido a escupir fuego de verdad. La fiebre de belleza es real, y mi única medicina será un Campari largo y no ver ninguna foto de color turquesa en las próximas 24 horas.Baca lagi




















PengembaraFui una vez allá también. Es un lugar hermoso. Disfruten su viaje 👍🏻
DerBlaueBussle😁