• DerBlaueBussle
  • DerBlaueBussle

Emiratos Árabes Unidos 2026

Un’avventura di 18 giorni di DerBlaueBussle Leggi altro
  • Inizio del viaggio
    16 gennaio 2026

    Dubái

    17 gennaio, Emirati Arabi Uniti ⋅ ☀️ 20 °C

    STAND BY: ESA MAGIA QUE TRANSFORMA HORAS EN HISTORIAS

    Esa mañana todo empezó bien. Nos levantamos juntos a las 6:30, ilusionados, con ese aire de pareja viajera perfectamente sincronizada. La idea era simple: dos boletos, un destino. Pero claro, el universo —y la aerolínea— tenían otros planes.
    Yo tenía mi asiento asegurado en Swiss, vuelo a las 12:55. Ella, en cambio, viajaba con el sistema stand by, esa especie de lotería aérea que te promete vuelos baratos a cambio de nervios, fe y paciencia nivel monje tibetano.
    Así que mientras yo cruzaba el cielo suizo disfrutando de mi juguito y mi sillón reclinable, mi esposa seguía en tierra… viendo despegar hasta las gaviotas. Pasaban las horas y nada: 10:00, 13:00, 17:00, 20:00… ya conocía de memoria cada anuncio del aeropuerto.
    Y aquí viene la mejor parte: no fue por falta de asientos. ¡No! Fue por el peso del avión. Sí, leyeron bien. Mi esposa, que pesa 55 kilos y tiene más liviandad que una bolsa de pan, tuvo que quedarse porque el avión no aguantaba más peso. Tal vez algún pasajero había desayunado dos croissants de más.
    Finalmente, a las 21:50 —cuando yo ya contaba ovejas en otro país— la llamaron. ¡Milagro! Voló con Emirates, con asientos amplios, comida gourmet y atención de realeza. Llegó al día siguiente a las 7:00, radiante, fresca, y con cara de “ves, valió la pena esperar”.

    Mención especial……..DOS ÁNGELES AL RESCATE
    Todo se reducía a una pregunta: “¿y ahora de dónde sacamos otro avión?”. Cuando el panorama pintaba complicado, aparecieron estos expertos de aviación —cada uno en su punto del mapa, armados con datos, paciencia y café. En menos tiempo del que tarda un vuelo en retrasarse, ya tenían la solución. Yo solo observé el milagro técnico con la tranquilidad de quien sabe que está en buenas alas.

    STAND BY: FE, SUERTE Y DUTY FREE

    Viajar con el sistema stand by es como jugar a la ruleta aérea. Tienes un boleto que cuesta casi nada, pero la aerolínea no te promete ni el cielo ni el asiento. Es un privilegio legendario entre quienes tienen familia en las aerolíneas: tu tío, primo o cuñado con uniforme de piloto te abre la puerta a un mundo de ahorro… y sufrimiento 😂😂😂.
    Primero, la preparación: haces la maleta con ilusión, pero también con resignación, porque sabes que no hay garantía de despegar. Uno no empaca por destino, sino por fe. Te ves en el aeropuerto con tu pasaporte brillante, mirando con cariño a todos esos pasajeros con asiento confirmado, pensando: “Disfruta tu boarding pass, traidor”.
    Después llega la espera, esa mezcla entre esperanza y buenos augurios : el agente de mostrador te sonríe y dice “por ahora parece bien”, una frase que en idioma stand by significa “quizá vueles hoy, o quizá te dé tiempo de aprender sánscrito aquí en la puerta B12”.
    Si el vuelo está lleno, eres parte del espectáculo: el desfile de stand bys que se acomodan en fila como si fuera un reality show llamado “Quién ocupará el asiento 42B”. Y si te toca entrar, ¡gloria divina! Caminas triunfal al avión como si hubieras ganado una lotería que solo paga en aire acondicionado gratis.
    El problema viene cuando no embarcas. Ahí toca improvisar: cambiar de destino, buscar otro vuelo, dormir en el aeropuerto o abrazar tu maleta como única compañera. Pero, eso sí, cuando finalmente logras volar (aunque sea en el asiento plegable junto al baño), el café del avión te sabe a triunfo.
    Leggi altro

  • SUDOR, CURVAS Y GLORIA F1 EN BICICLETA É

    22 gennaio, Emirati Arabi Uniti ⋅ 🌬 18 °C

    Qué aventura épica en el Yas Marina Circuit de Abu Dhabi! Pedalear por la pista de F1 como un Verstappen cualquiera, es el sueño húmedo de cualquier fanático, y lo cuento aquí en mi diario de viajes.

    Llegada al Paraíso de la Velocidad

    Llegué a Yas Island justo a tiempo para la sesión TrainYAS de las 18:00, después de tratar de entrar en el Ferrari World donde casi me dejo el estómago tratando de justificar pagar 380 dírhams por una segunda visita (ya lo había visitado el 2018).

    El circuito de F1 en bicicleta

    El circuito brilla como un ovni aterrizado en el desierto, con su hotel W colgando sobre la pista como si fuera un decorado de película. Ya con mi código de barras escaneado, recogí una bici gratis en el ComYAS – ¡sin depósito ni dramas, solo ID y listo para rodar.

    Pedalear antihorario mientras los runners van en sentido contrario

    Es como una coreografía caótica: yo gritando “¡Fuera de mi línea de carrera!”. El ambiente es puro carnaval fitness: DJ, música adecuada , luces LED iluminando cada curva.
    Curvas Legendarias Bajo las Luces
    ¡Madre mía, la recta de 1,2 km entre las curvas 7 y 8! Ahí los F1 a 335 km/h en adelantamientos suicidas, y yo, a 20 km/h, imaginándome en el cockpit de un Red Bull mientras sudo como un mecánico en los boxes. Pasé por la curva 5, donde Verstappen le robó el título a Hamilton en 2021 .
    Luego, el túnel bajo el hotel W: oscuro, con marcas de neumáticos en las paredes que gritan “¡Aquí hubo drama!”. posé como campeón mundial.
    La pista mide 5,55 km, y una vuelta me tomó unos 25 minutos sudando la gota gorda por las subidas inesperadas – ¿quién dijo que F1 era plano? Para un fanático como yo, es alucinante: sientes la historia en el asfalto, desde el récord de Hamilton (1:39.283) hasta las luces de día a noche del GP.

    El Fanático en Éxtasis Total

    Recorrer todo el circuito en bici es lo más extraordinario que le pasa a un friki de F1: gratis, accesible, y con vistas al skyline de Abu Dhabi. Agregué paradas en las tribunas North y Marina para fotos épicas, de ahí ves los yates, perfecto para Instagram con caption “Pedaleando como Alonso ”. No hay multitudes locas en enero, solo gente fit y algún despistado como yo fingiendo ser piloto.
    Casi me caigo en la curva 11 por mirar el straight-line speed spot, pero sobreviví para contar que esto supera cualquier tour guiado (que cuesta 200-300 AED). Si vienes a Abu Dhabi, apunta a TrainYAS los lunes/miércoles: luces, música, y la adrenalina de ser “el rey de la pista” por una noche.
    ¡Regreso a Dubai con las piernas temblando, pero el corazón a 300 pulsaciones! Próxima: repetir con karting para sentir el grip real.
    Leggi altro

  • JEEPS QUE LLORAN Y DUNAS QUE RÍEN

    25 gennaio, Emirati Arabi Uniti ⋅ ☁️ 19 °C

    Hoy, 25 de enero de 2026, formé parte de una aventura off-road en el desierto con un grupo de locos por el 4x4, ¡y sobreviví para contarlo con arena en los dientes! No fue uno de esos safaris turísticos donde te tratan como a un rey con chanclas y cena de camello; esto era un convoy genuino de entusiastas del dune bashing, liderado por un marshal que parecía haber sido parido por una duna misma.

    La reunión pre-caos

    Llegamos al punto de encuentro en Al Qudra con el 4x4 listo (o eso creía yo, el eterno optimista), tanque lleno hasta el borde, compresor de aire zumbando como un enjambre enfadado y una bandera off-road ondeando como si fuéramos piratas del desierto. Éramos cuatro almas valientes en el jeep —incluido yo, un novato disfrazado de pro—, en un convoy de unos 7 vehículos rugiendo impacientes. El marshal, un tipo curtido con cara de “he visto jeeps llorar y camionetas implorar piedad”, pasó revista como un sargento espacial: ¿neumáticos desinflados a un tercio de la presión normal para flotar en la arena? Check. ¿Cuerda de remolque, pala y kit de recuperación listos? Check. ¿Radios VHF sintonizadas en el canal del grupo para chistes malos y gritos de pánico? Doble check. “¡Si tu jeep se atasca, no llores, ¡avisa por radio y reímos en equipo!”, tronó entre carcajadas, recordándonos que en off-road, la humildad es tan vital como el diferencial bloqueado.

    El baile con las dunas

    Arrancamos en convoy, gimiendo como niños en una montaña rusa poseída por demonios. El marshal lideraba, marcando el ritmo experto: subidas casi verticales por arenas rojas traicioneras que te lanzan polvo a la cara como un facial gratis pero abrasivo; bajadas que hacen flotar el estómago hasta la garganta; y algún trompo controlado (o eso nos dijimos para dormir tranquilos). Mis compañeros de fatigas se aferraban al “oh shit handle” como si fuera su última cerveza fría, mientras yo fingía calma total, sudando como un glitch en el aire acondicionado. Paramos un par de veces por el mismo “héroe” novato —¡bendito entretenimiento! Primero, se le desmontó un neumático en la primera bajada brutal, un clásico cuando no pillas el rebote perfecto; luego, arena hasta la barriga del jeep, atascado como un elefante en una hamaca. Con palas volando, compresores pitando y risas por radio, lo rescato el equipo —lección off-road 101: los novatos dan show, pero el grupo es familia. Otra pausa para fotos épicas con dunas infinitas de fondo, adrenalina pura latiendo y la radio llena de “¡Gas, gas, no frenes!” y carcajadas que ahogaban el rugido de los motores

    El after en la gasolinera-oasis

    Terminó el convoy en la gasolinera más cercana, donde aliviarnos la vejiga fue solo el aperitivo. Lo importante era restituir la presión de los neumáticos —de ese tercio de PSI “mágico” para dunas (unos 15-18 psi en vez de los 35 de asfalto)— con compresores portátiles, mientras charlábamos anécdotas. Cansados pero eufóricos, con el desierto aún en las botas, confirmé que el off-road en grupo es el antídoto perfecto contra la rutina: puro instinto, técnica (bajar presión para maximizar tracción, bloquear diferenciales en subidas duras) y camaradería bajo el sol implacable de UAE. ¿Repetir?, si el marshal da luz verde y hay birra fría ( pero cuidado que estamos en UAE) para celebrar!

    JEEPS THAT CRY AND DUNES THAT LAUGH

    Today, January 25, 2026, I took part in an off-road adventure in the desert with a bunch of 4x4 maniacs — and I lived to tell the tale, with sand still crunching between my teeth! This wasn’t one of those tourist safaris where they treat you like royalty in flip-flops with a camel dinner; this was a genuine convoy of dune-bashing enthusiasts, led by a marshal who looked like he’d been born from a dune itself.

    The pre-chaos meetup

    We reached the meeting point in Al Qudra with the 4x4 ready (or so I naïvely believed), tank full to the brim, air compressor buzzing like an angry swarm, and a flapping off-road flag that made us look like desert pirates. There were four brave souls in our jeep — including me, a rookie disguised as a pro — joining a convoy of about seven vehicles, all growling impatiently. The marshal, a weathered guy with a “I’ve seen jeeps cry and pickups beg for mercy” face, inspected us like a space sergeant: tires deflated to one-third of normal pressure to float over sand? Check. Tow rope, shovel, and recovery kit ready? Check. VHF radios tuned to the group channel for bad jokes and panic screams? Double check.
    “If your jeep gets stuck, don’t cry — call it out on the radio and we’ll laugh together!” he boomed between laughs, reminding us that in off-roading, humility is as essential as a locked differential.

    The dance with the dunes

    We set off in convoy, howling like kids on a roller coaster possessed by demons. The marshal led with surgical control — scaling near-vertical red dunes that blasted your face with free (and slightly painful) sand facials; then plunging down slopes that sent your stomach flying to your throat; with the occasional “controlled” spin (or so we told ourselves to sleep later). My crew clutched the oh shit handle like it was their last cold beer, while I pretended total calm, sweating like a malfunctioning AC.
    We stopped a couple of times thanks to the same heroic newbie — bless his comic timing! First, he lost a tire after a brutal descent (classic mistake when you misjudge the bounce), then he got buried up to the belly in sand, stuck like an elephant in a hammock. Cue flying shovels, beeping compressors, and laughter over the radio as the team pulled him free — rule number one of off-roading: rookies provide the show, but the group is family. We paused for a round of epic photos — endless dunes behind us, adrenaline still pulsing, and the radio alive with shouts of “Floor it! Don’t brake!” and laughter drowning out the roar of engines.

    The afterparty at the gas-station oasis

    The convoy wrapped up at the nearest gas station, where emptying our bladders was just the opening act. The real task was restoring tire pressure — from that magical third for dunes (around 15–18 psi instead of 35 for tarmac) — using portable compressors while swapping stories. Tired but elated, with sand still in our boots, I realized group off-roading is the perfect antidote to routine: pure instinct, skill (lowering pressure to boost traction, locking differentials on tough climbs), and camaraderie under the unforgiving UAE sun.
    Would I do it again? If the marshal says go — and there’s a cold beer waiting (careful, we’re still in the UAE) — count me in!
    Leggi altro

  • LA REALIDAD SUPERA LA CÁMARA

    26 gennaio, Emirati Arabi Uniti ⋅ ☀️ 21 °C

    Confieso algo antes de empezar: todas las fotos y vídeos que grabé durante mi visita al Zayed National Museum no hacen justicia, ni por asomo, a lo que mis ojos vieron. Y créanme, no es falsa modestia de fotógrafo —es que simplemente no hay lente que aguante tal belleza.
    El museo es una obra monumental, y no lo digo por exagerar ni porque haya pasado media hora con la boca abierta (que también). Su arquitectura —creación del genial Norman Foster— es tan espectacular que cualquier intento mío de retratarla termina siendo una especie de spoiler mediocre. Los volúmenes, las curvas, las alas metálicas que parecen elevarse al cielo… nada, absolutamente nada, puede capturar eso.
    De hecho, el único momento en que se logra entender su verdadera dimensión es cuando aparece una persona en la toma y uno dice: “ah, mira, eso del fondo no es una nave espacial, es una puerta”.
    Así que sí, lo siento mucho por mis seguidores y lectores: esta vez no puedo transmitir lo que sentí. No existe todavía una aplicación, un filtro o una IA que pueda reproducir la sensación de estar ahí, dentro de ese templo moderno dedicado a la historia y la identidad de los Emiratos Árabes Unidos.
    Y sí, lo sé, aún no he dicho casi nada del contenido del museo… pero es que sigo deslumbrado con el edificio mismo. Prometo que cuando recupere el habla —y el equilibrio visual— les contaré sobre las piezas, las instalaciones interactivas y todo lo que aprendí.
    Por ahora, solo puedo dar un consejo: vayan y véanlo en persona. Prepárense para quedarse con el cuello torcido mirando hacia arriba, suspirar más de una vez y preguntarse, como yo, si alguien puede realmente diseñar algo tan grande, tan bello y tan futurista sin perder alma. En fin… espero que comprendan.
    Leggi altro

  • QASR AL WATAN: DEL TAXI AL TRONO EN 60 M

    26 gennaio, Emirati Arabi Uniti ⋅ ☁️ 18 °C

    Llegada y primeras impresiones

    Confieso que llegué a Qasr Al Watan con expectativas altas… y aun así el palacio presidencial de Abu Dabi consiguió dejarme con cara de “turista en modo emoji sorprendido permanente”. Es un palacio en funcionamiento, sede de recepciones oficiales y encuentros de alto nivel, pero abierto al público como si fuera lo más normal del mundo pasearse donde se toman decisiones de Estado.
    La llegada ya marca el tono: centro de visitantes impecable, organización milimétrica y traslados internos con buses donde todo está tan bien calculado que uno sospecha que hasta el viento tiene instrucciones. Señalización clara, personal amable y flujos de visitantes perfectamente pensados.

    Mármol, luz y grandiosidad

    Aquí el mármol no es material de construcción: es protagonista con ego propio. La fachada de granito y piedra clara, pensada para durar siglos y reflejar la luz del sol, ya da una pista, pero el interior es otro nivel. Cúpulas gigantes, patrones geométricos y florales por miles y una iluminación de puro dramatismo.
    El Gran Hall es de esos espacios donde uno entra, se detiene y piensa: “esto ya no es arquitectura, esto es coreografía de luz y mármol”. Los detalles caligráficos, los arcos y las proporciones gritan “somos importantes”. No es casualidad que el palacio sea uno de los iconos culturales más reconocidos del país

    Conocimiento y cultura

    Luego vienen los salones dedicados al conocimiento, la historia y la gobernanza. La House of Knowledge y la Qasr Al Watan Library guardan libros, manuscritos y piezas que narran la historia política y cultural de los Emiratos, además del papel del mundo árabe en ciencia, letras y pensamiento.

    Jardines y experiencia práctica

    Los jardines son otro capítulo: verdes casi insolentes en medio del desierto, simetrías calculadas y fuentes fotogénicas. Todo invita a caminar despacio… eso sí, con zapatillas cómodas y botella de agua.
    La entrada cuesta 65 AED para adultos, y por lo que ofrece, entra directamente en la categoría “buena inversión en asombro arquitectónico”.

    Más que un palacio

    Lo interesante es que no es un decorado vacío: sigue siendo sede de recepciones de Estado, cumbres y encuentros oficiales, y a la vez funciona como escaparate de la identidad política y cultural del país. Es un palacio-museo-centro cívico con vocación de “aquí se toman decisiones, pero también se comparte la historia con el visitante”.
    Salí de Qasr Al Watan con el cuello un poco dolorido de tanto mirar hacia arriba, la memoria del móvil llena y la sensación de haber visitado un lugar donde la arquitectura no solo se ve: se explica a sí misma
    Leggi altro

  • ENTRE BURJS Y BURBUJAS DE LUJO

    29 gennaio, Emirati Arabi Uniti ⋅ ☀️ 25 °C

    Jueves, 29 de enero de 2026 – Dubái en lancha

    Hoy Dubái nos regaló un clima perfecto para salir al mar: 26 grados, cielo limpísimo y olas moderadas, lo justo para disfrutar sin sobresaltos. Desde el Port de La Mer partimos en lancha rumbo a la Marina de Dubái, bordeando las curiosas islas de Europa, esas que siempre me parecen sacadas de un mapa en miniatura. No faltó la parada visual obligada por la Palmera, ese prodigio de ingeniería que solo podría existir aquí, y luego la entrada triunfal por el canal de Dubái Marina, flanqueado por rascacielos que parecen competir en reflejos de cristal. Un festín para cualquiera que ame la arquitectura moderna.

    En el camino, los íconos de la costa aparecían como si quisieran saludarnos: el majestuoso Burj Al Arab, el altísimo Burj Khalifa brillando a lo lejos, el imponente hotel Atlantis con su arco inconfundible y, por supuesto, la gigantesca rueda de observación —esa “Chicago Wheel” versión Dubái— que se lleva el título de la más alta del mundo.

    Pero lo mejor empezó incluso antes de subirnos a la lancha. En el mero estacionamiento del Port de La Mer ya te acuerdas de que estás en los Emiratos Árabes Unidos: ese lugar donde prácticamente nada tienes que hacer por ti mismo. Apenas bajas del coche, aparece un carrito de golf que te lleva directo al muelle, alguien se encarga de tus bolsas y otro te tiende la mano para abordar. ¿Necesitas algo para sentirte más cómodo durante la travesía? No hay problema: un “delivery” improvisado te lo consigue en minutos. Así es Dubái, un país donde la hospitalidad y el servicio parecen formar parte del paisaje, al igual que sus playas y rascacielos.

    La travesía fue un respiro de lujo mediterráneo… pero en pleno Golfo Pérsico.

    Mención especial

    La “magia” de los servicios en los EAU:
    En Dubái uno no hace nada, simplemente ocurre. Apenas piensas en moverte y ya hay alguien abriendo la puerta, cargando tu bolsa o trayéndote agua que no sabías que querías. Es el único lugar donde te sientes productivo solo por existir. Si pestañeas, puede que alguien ya haya contratado el servicio por ti. Así es vivir en modo “todo incluido”, versión Emiratos.
    Leggi altro

  • JETS EXTREMOS A CENTÍMETROS DEL SUELO

    1 febbraio, Emirati Arabi Uniti ⋅ ☀️ 27 °C

    Lo primero “El contexto”: Donde el Desierto se Encuentra con el Cielo

    Para entender la magnitud de lo que viví, hay que ponerle nombre y apellido al lugar. No estábamos en un descampado cualquiera; estábamos en el SkyHub RC Campus, situado en Al Lisaili. Imaginen el "Templo" del aeromodelismo: una pista asfaltada de nivel premium, hangares de diseño y una comunidad que vive por y para el aire.

    Este campus es el hogar de Hangar Dubai, un taller de élite donde "miman" auténticas joyas de la ingeniería a escala. Allí vi jets RC gigantes, como réplicas del F-35 y el Raptor , que no solo son bonitos de ver, sino que son capaces de realizar maniobras espectaculares gracias a sus builds profesionales.

    Lo que me tocó presenciar fue el MAAD 2026 (Model Aircraft Airshow Dubai). Más de 3.000 fans nos reunimos allí para ver máquinas volando a 350 km/h. En ese contexto, Hangar Dubai se robó el show, demostrando por qué Dubái no hace nada "a medias": si van a volar aviones de juguete, tienen que ser los mejores, los más rápidos y, como ya descubrí, ¡los más caros!

    UN DESTINO QUE NO APARECE EN EL FOLLETO
    "Nada hacía presagiar que el desenlace de esta historia sería como fue". Todo empezó cuando me pasaron a buscar al hotel. Yo, muy precavido, abrí Google Maps para ver a dónde me llevaban y me di cuenta de que, aunque ya estábamos durmiendo prácticamente sobre una duna, todavía faltaban 30 minutos más de desierto en dirección al Golfo de Omán. Al bajar del auto, me sentí en una película de vaqueros: caminamos por un sendero larguísimo, flanqueado por construcciones que parecían sacadas de un western, pero en lugar de sheriffs y salones, lo que había eran tiendas vendiendo toda la parafernalia imaginable para el aeromodelismo. Al final de la calle, el anuncio gigante lo confirmó: estaba en el MAAD (Model Aircraft Airshow Dubai).

    JUGUETES QUE CUESTAN UN RIÑÓN
    Caminamos hacia la pista y entramos en una especie de feria de exposición con unos 30 aviones (para calentar motores…jajaja). Había de todo: desde los clásicos de hélice hasta aviones a reacción que parecían listos para romper la barrera del sonido. Mi curiosidad (y mi ingenuidad) me llevó a hacer la pregunta de rigor: "¿Cuánto vale ese avión?". Cuando me dijeron que el más "pequeño" rondaba los 8.500 dólares y el grande —una joya tecnológica tres veces mayor— saltaba a los 35.000, casi me da un síncope. En mi mente solo podía calcular el sonido que haría ese fajo de billetes estrellándose contra el suelo en un mal aterrizaje. Concluí rápidamente que mi PIB personal no califica para este hobby; a lo sumo, aspiro a mirarlos con mucho respeto y de lejos.

    LUJO ALCANTARA Y ESTÓMAGOS AGRADECIDOS
    Luego nos escoltaron al área VIP, y ahí la cosa se puso seria. Imaginen una zona al aire libre donde la primera regla es: "coma y beba lo que quiera, que es gratis". Con el estómago ya en paz, pasé a la zona de descanso. Olviden las butacas de plástico de un estadio; aquí había sofás blancos de una textura que juraría era Alcantara, donde se mezclaban empresarios, dueños de marcas y emiratíes con sus túnicas impecables que, no sé cómo lo hacen, pero nunca tienen una arruga. Todo esto frente a un césped tan verde que te hace olvidar que, si caminas diez metros de más, te cocina el sol del desierto. Por supuesto, brindamos con refrescos y jugos, que aquí el alcohol brilla por su ausencia, pero con semejante despliegue, no hizo falta.

    EL SUMMUM DEL ESPECTÁCULO Y EL MILAGRO SOLAR
    Cuando pensaba que ya lo había visto todo —con más de 100 aviones desfilando ante mis ojos—, la pista se convirtió en un caos organizado de adrenalina. Entraron autos deportivos a hacer coreografías junto a los aviones en pleno vuelo. Fue el clímax total, algo que mi cerebro no terminaba de procesar. Pero el "momento fan" llegó al final: visitamos los hangares. Si pensaban que eran cuatro paredes de chapa, se equivocan. Eran talleres de alta tecnología con aire acondicionado a tope, alimentado exclusivamente por paneles solares y acumuladores gigantes. Estar a 22 grados en medio del desierto gracias al sol es la ironía más refrescante que he vivido. Me fui con un "sabor de boca" increíble y la certeza de que, aunque no tenga el presupuesto de un jeque, por un día, viví en su misma frecuencia.

    ¿Por qué dije que: “Nada hacía presagiar que el desenlace de esta historia sería como fue”? Porque al principio del día, uno ve estos aviones como juguetes caros. Pero al final, cuando los ves bailando sobre el abismo del suelo, entiendes que no estás viendo un hobby, sino un espectáculo de alto riesgo donde el talento del piloto es lo único que separa la gloria del desastre total. Mi "desenlace" no fue una tragedia (¡afortunadamente casi todos aterrizaron de una pieza!), sino la revelación de que en Dubái, hasta el riesgo tiene un estilo impecable.
    Leggi altro

    Fine del viaggio
    2 febbraio 2026