📃 Día 2: Track y resumen
2025年8月10日〜11日, イタリア ⋅ 🌙 22 °C
A las seis de la mañana la quietud del lago de Como es sobrecogedora. Las olitas que había anoche han desaparecido, fundiendose su rumor y regalando un espejo que refleja las primeras luces del día. La playa ahora está tranquila: lo que tenía de salvaje no lo tenía de solitario. Es agosto, y los chavales hacen excursiones de noche, con sus parrillas y sus bromas en voz alta. Aún así pude descansar algo. El despertar es más sencillo si, además de las vistas, te ofrecen el desayuno., gentileza de Flor y su padre, José Ernesto, me ofrecen el desayuno, que además acompañan con una animada conversación. Luego empiezo el camino, siguiendo el carril bici en dirección opuesta hacia Cólico, el inicio del sentiero Valtellina que no debo perder de vista en todo el día. Siempre haciendo de guardián al río Adda, al inicio discurre serpenteante entre amplias llanuras de maiz, luego se desvía por obras a la carretera provincial, a lo que sigue un tramo donde la mano del hombre ha debido encauzarlo por un ancho y remansado canal. En esas conozco a Sergo, un señor de casi ochenta años que pedalea con ganas de conversación. Ha recorrido toda Europa en bici, y debe ser el primer italiano que conozco que se deshace en elogios con los franceses. Me lleva al Decathlon, donde se separan nuestros caminos mientras yo busco una luz trasera (la he debido perder o me la han birlado al visitar Milán hace unos días), una esterilla de picnic para hacerme más fácil las cenas, un retrovisor para el manillar y un nuevo cartucho de gas que, por desgracia, está agotado. Hago tiempo mientras la batería externa se recarga, aprovechando la amabilidad de la chica que trabaja en el taller de bicis, y es mediodía. Debo apretar, así que salto la visita prevista a Sondrio (capital de província) y tiro directo por el carril bici que afortunadamente tiene un buen trecho entre bosques, con algún repecho que da fastidio. Esas subidas deben acercar a algunas aldeas con sus características fuentes con pilón y chorro perpetuo. Dura poco esa postal bucólica, pues se vuelve a una llanura llena de cultivos de manzanos y perales sin un resguardo de sombra hasta Tirano, que marca el segundo tercio del sentiero y da una pausa para comer, particularmente en la plaza de las estaciones. Allí se abrazan las líneas de Italia y el grisón ferrocarril retico (el Bernina Express para los numerosos turistas) y en uno de sus bares aprovecho para recargar de nuevo la batería externa, favor que cambio por un lemon soda. Reemprendo la marcha descargado a las cuatro, empezando la subida a Bormio. Aunque se preveia sostenida y con pendientes moderadas, es más bien escalonada (amen de las numerosas presas), lo cual rompe el ritmo y desespera. No lo paso bien y un repecho casi me hace escupir el corazón. La parada en Sondalo es lo más sabio que pude hacer, reponiendo fuerzas con agua y barritas energéticas que se hacen notar apenas vuelvo a pedalear, veinte minutos después. El sol ha caído tras las altas montañas que enmarcan un valle cada vez más estrecho y preocupante: hay carteles que indican que el carril bici y la carretera provincial están cerrados por un corrimiento de tierras. La alternativa seria el tunel infinito de la súperstrada, así que hago caso omiso de los avisos y sigo. Mientras tanto, las vistas se ponen serias: hacia delante una sucesión de cascadas infinitas en el paraje de Le Prese, hacia atrás las altas cimas bajo las que he pasado. Un poco más adelante, tras una subida donde el carril bici serpentea para hacer más liviana la fuerte pendiente, asoma la montaña rota que se llevó por delante un pueblo entero y numerosas vidas hace décadas. Desde ahí la subida se relaja, llegando al punto de cierre de la carretera: es perfectamente practicable, hay solo cuatro rocas esparcidas en la calzada. Otro ejemplo más del síndrome de la liberatoria (o así lo llamo yo) de la administración italiana: para que no salpiquen culpas, se levantan muros de normas y prohibiciones que nadie puede tomar en serio. Dejando atrás este ejemplo de italianità, empieza a asomar Bormio y la urbanización es cada vez más intensa. No busco el centro y me conformo con el impresionante circulo de montañas que rodean todo. Tras 114km, el sentiero Valtellina se da por concluido, pero yo sigo por una de sus antenas hacia una poza termal. Truco de quien conoce la zona y reposo ideal para un día largo de pedaleo. Es reconstituyente. Por el camino he encontrado un lugar ideal para hacer vivac, cerca de la carretera pero relativamente bien cubierto. Solo falta montar la tienda, cenar, ver algunas estrellas y dormir oyendo el ruido blanco del animado torrente que remontaré al despertar. Mañana intentamos subir el Stelvio.もっと詳しく

