• 📃 Día 5: Track y resumen

    13–14 ago 2025, Italia ⋅ ⛅ 25 °C

    En Italia llaman "afa" al bochorno, normalmente acompañado de una bruma densa que impide ver el relieve cercano. Así, para desgracia de mis ganas de altos paisajes, se intuía ya Bolzano esta mañana, aún sin una nube, y con tantas bicis a las siete. La ciudad tiene un coqueto centro histórico que respira una cultura nítidamente distinta a la italiana. Las dimensiones de los edificios, las fachadas pintadas, las tejas de la catedral lo atestiguan. No puedo parar mucho tiempo: el calor pinta que apretará fuerte y hay que dejar los 200m sobre el nivel del mar cuanto antes. A veces los deseos se chocan con la realidad, y que la cadena empiece a sonar como una suave carraca o incluso que salte no es buena señal. Por fortuna, con limpiar el polvo blanquecino, resultado del tramo de gravilla de ayer, y volver a engrasar, la cosa mejora y sin perder tanto tiempo (briconsejo: un cepillo de dientes viejo es mano de santo para esa operación). En esas pasa la salida de la ciudad, que rápidamente se sumerge en el verde con el río Isarco bajando bien caudaloso entre interminables rápidos. Hay muchos viñedos que luego dejan paso a un cañón en forma de V donde por kilómetros no hay nada más que infraestructuras superpuestas una sobre otra. Debo reconocer la contradicción de admirar los viaductos infinitos y sinuosos de la autovia en un lugar tan bello y escapado que en cierto modo pierde su condición natural a merced de un flujo incesante entre los dos lados de los Alpes. No en vano, la carretera del Brennero es su paso más directo y más bajo, y la procesión de grandes trailers da buena cuenta de ello. Son varios kilómetros rodando por túneles y pendientes constantes de un viejo trazado ferroviario hasta que el valle empieza a abrirse camino de Chiusa, despuntando campanarios espigados y fortalezas en lugares privilegiados. Se ve que antiguamente ya era un paso fundamental. Chiusa es coqueto y apenas tiene una calle y una plaza, en cambio Bressanone, donde se llega rápidamente por un tramo remansado y más llano del río, tiene más empaque de ciudad, con su complejo religioso, sus muchas tiendas y sus barrios que se asoman al río pero no mucho. Sin mucha fatiga, y sin notar mucho el calor, casi quinientos metros de desnivel están resueltos. Pero es ya mediodía y toca un repecho al sol para saltar al valle del Pusteria. Me deja un poco seco, sobre todo a las piernas; tanto que parece que la rueda esté pinchada. Tomo aire antes en un cerro con vistas al nuevo valle donde una pareja de Múnich camino de Venecia reposa a la sombra de las ya altas temperaturas. Luego se baja raudo hacia Río de Pusteria, que responde al nombre de un pueblo con un coqueto torrente del que emana una bendita fuente de agua helada. Desde allí, el carril bici continúa hacia el río homónimo (esta vez sí) dándome lugar para comer. En ese rato el calor repunta, y al retomar el pedaleo se alternan tramos de cambios notables de temperatura: del calor pesado junto a los maizales al fresco a la sombra de los bosques, especialmente cuando se pasa a la vera del río, que debe venir bien fresco de las alturas. La via ciclista se despega a menudo del cauce, provocando salidas y bajadas tan frecuentes como escarpadas que se aceptan con deportividad, en particular porque discurren a la sombra. Aún así, hay poca agua, y no es hasta San Lorenzo de Sebato donde recargo cantimploras, con una señora que primero en alemán y luego, ante mi expresión basita, en italiano con fuerte acento teutón se compadece del calor. Poco rato después, siguiendo el margen del río, se llega a Brunico, que con su centro histórico fortificado hace las veces de centro de referencia turístico, quizá ayudado de las cercanas estaciones de esquí. Sólo queda el tramo final de la jornada, que comporta un desvío por colinas ante el cierre por obras del carril bici y, aunque bien servido de las primeras vistas de las Dolomitas, más subibajas camino del lago de Valdaora, donde tenía previsto dormir hoy. Cambio de planes: un poco más allá tengo hospitalidad. La familia Piani es una fortuna. Hoy ducha, cena en mesa y cama de verdad. Y, sobre todo, buena compañía. Aún quedan días, pero se le empieza a ver el final a esto. A descansar.Leggi altro