• 📃 Día 6: Track y resumen

    Aug 14–15, 2025 in Austria ⋅ 🌙 24 °C

    Igual me habría llevado una sorpresa mayor durmiendo en el bosque si al despertar hubiera encontrado todo envuelto en la niebla. Así despertó el día a las siete de la mañana. Tres horas después ya era un día soleado. Porque echar a arrancar el dia despertando en hospitalidad tiene otros ritmos. Un buen desayuno y una buena charla no se arruinan yendo deprisa. El viaje también es eso. Despedida la familia con sus adorables críos echa a correr la jornada. No cuesta mucho llegar a Dobiacco: esta algo más alto pero la pendiente no es muy acusada. Hacia el sur, por el desvío al lago de Braies, despuntan las dolomitas, que acompañan un buen rato con sus afiladas cimas. Es quizá el punto más escénico del carril bici de la Val Pusteria y menos accidentado que los tramos de ayer. Quizá por eso parece una feria, con innumerables familias con críos, todos con sus bicis alquiladas. Normalmente el padre va a su bola, la criatura pedalea como puede y detrás la madre les pega voces advirtiendo de la llegada de bicis de uno y otro lado. Voces en italiano, porque los alemanes quizá lo tengan más interiorizado. Estas escenas se intensifican tras Dobbiaco, que marca la divisoria de aguas entre el río Pusteria y la Drava. O lo que es lo mismo, el confín geográfico de la península itálica. Claro que, siendo una divisoria tan bajita apenas se percibe. Pero el carril bici a partir de ahí toma una pendiente favorable, especialmente tras la última población del estado italiano, San Candido, que curiosamente es el pueblo natal de Janik Sinner. Si los tratados de la primera guerra mundial hubieran tenido otros caprichos, igual el gran campeón hoy sería austriaco. En su pueblo hago parada técnica para abastecimiento y de ahí directos a Austria, cuya frontera sólo se percibe por el cambio de color de las señales ciclistas: del marrón se pasa al verde. A la una dejo atrás las ciclohordas familiares y estoy a pie del puerto del Kartitscher Sattel. Es momento idóneo para abordarlo de un tirón, y siendo honesto tras tanta ciclovia reservada un puerto carretero me apetece. El sol pica pero los primeros metros de escalada están cubiertos por la sombra, luego a cotas más altas la brisa es refrescante. La carretera promete, con buena anchura y curvas de herradura amplias. A mitad suaviza un poco, pero los últimos metros ya me obligan a echar el resto. Esto es culpa mía porque, de pura cabezoneria, no quise parar, y a fin de puerto creo que resiente en la pierna derecha el cansancio. Nada grave, creo. Si en la subida se veían grandes caseronas y un ambiente acogedor, al otro lado la indústria de la madera ha dejado bosques pelados y altos muros de troncos apilados, aunque algún pueblo bonito hay. Aprovecho una estación de telecabina (presumo que para el esquí, aunque hoy era un goteo de senderistas con enormes mochilones) para comer a la sombra. Qué bueno el pan y el speck loncheado de San Candido, por cierto. Me lo tomo con calma, y en una hora y media parece que el tramo que he dejado detrás del puerto se ha nublado, incluso con algo de lluvia. No me toca, y el camino valle abajo es un juego de luces y sombras entre el sol y las nubes grises, un alivio al calor. Menos agradable es la carretera, irregular en todos los sentidos, podría decirse que una bajada trampa. Se intuye que el fondo del valle es pura erosión del río y que la vida humana transcurre a media ladera. La carretera se pliega sobre los barrancos transversales y busca las poblaciones, por lo que es una montaña rusa de bajadas acompañadas por repechos que impiden pillar ritmo y carcomen la moral. Por si fuera poco, muchos tramos de calzada son estrechos y con asfalto impropio de las expectativas austriacas, dando un punto de tensión que estaria bien ahorrarse. Cuarenta kilómetros así necesitan paciencia, aunque los prados, bosques y montañas que asoman bajo la carretera y al otro lado del valle hagan más llevadero el inesperado esfuerzo. La bajada conduce al inicio de la ruta ciclista R3, que por el margen de un río ya remansado conduce a los ciclistas locales. Parece que no hay demasiado turismo en esta zona, se está tranquilo. Así que un margen del río es buen sitio para pegarse un baño, echar la tienda y descansar, no lejano de una zona de descanso con merenderos, agua y hasta barbacoa, que da el avío para la cena y el desayuno de mañana. Al otro lado de las montañas que nos flanquean esta el Friuli. Poco le queda ya al viaje.Read more