Visita: Oualidia + laguna 👣👣
April 23 in Morocco ⋅ ☁️ 17 °C
🇲🇦Jajaja, familia, ya estamos en Oualidia y os lo cuento todavía con arena entre los dedos de los pies y olor a brasa en la barba! 😂🐚🌊
Está mañana, las 7:00 horas, no han despertado las vacas que estaban pastando junto a la Autocaravana, hemos pensado, “ somos pastores motorizados” je je je 🤣 😂😂
Después de un suculento desayuno marroquí, (un café con leche, té y zumo de naranja, mermelada, miel, aceite , pan moruno, revuelto de huevos con hiervas aromáticas, y unas msemen (tortitas) que pesaban como ladrillos), todo ello por 100 DH ( 9€) nos lanzamos a descubrir este pueblo que parece un secreto bien guardado del Atlántico marroquí.
Oualidia es como Essaouira pero en versión “modo relax total”: menos murallas, menos turistas corriendo y más vibe de “aquí no pasa nada… y me encanta”.
Primero dimos una vuelta por el pueblo y su medina chiquitita. Es una medina de andar por casa: callejuelas estrechas, casas blancas con puertas azules, algún gato gordo tomando el sol en una alfombra y señoras sentadas en el suelo vendiendo hierbabuena y pan recién hecho. Regateamos (sin éxito) un sombrero de paja y acabamos comprando dátiles porque el vendedor nos miró con cara de “si no compras, lloro”.
La medina aquí es tan pequeña que en 20 minutos ya la habíamos visto dos veces… y eso que nos perdimos una. ¡Clásico español!
Luego bajamos a la laguna. ¡Qué maravilla, coño! Es una laguna enorme, protegida del océano por una barrera de arena, con agua tranquila y color turquesa. Nos quitamos las zapatillas como niños en la playa de del Mar Menor y empezamos a caminar descalzos por la orilla. La arena es fina, fresquita y te hace masaje gratis en los pies. El agua apenas te cubre los tobillos y está a una temperatura perfecta. Mientras paseábamos veíamos barcas de pescadores de colores chillones meciéndose suavemente, redes extendidas y tíos con sombrero de paja remendando aparejos.
De fondo, flamencos rosas paseando como si fueran modelos en pasarela. Uno de ellos nos miró con cara de “¿qué hacéis aquí, guiris descalzos?” y siguió picoteando como si nada.
El momento más gracioso fue cuando una ola pequeñita nos pilló desprevenidos y acabé con los pantalones mojados hasta las rodillas. Yo gritando “¡hostia, que está fría!” y Maria José partiéndose el culo mientras intentaba salvar el móvil como si fuera su primogénito. 😂
Después de la caminata playera, subimos un poco y fuimos directos a los chiringuitos que hay junto al área de autocaravanas. Ahí está el verdadero negocio: diez casetas de madera, techos de cañas para estar frescos y parrillas humeantes, mesas de plástico y vistas brutales a la laguna. Elegimos mesa con primera línea de mar y pedimos como si nos hubiéramos cobrado la paga del mes:
• Una lubina enorme a la brasa, con piel crujiente y carne blanca que se deshacía, para cada uno (1.400 gr la pieza)
• Calamares tiernísimos, hechos ahí mismo, con un puntito de limón, y muchos condimentos, que te hacía cerrar los ojos de gusto.
• Un buen plato de gambas a la plancha con ajo y perejil que sabían a mar puro.
Todo acompañado de pan calentito, ensalada fresca y un agua fresquita (porque la cerveza aquí la esconden como si fuera oro).
El precio fue ridículo: comimos como reyes por 220 DH, unos 11 euros por persona.
Mientras devorábamos, las gaviotas hacían vuelos rasantes intentando birlarnos una gamba y yo hacía el “brazo escudo español” versión 2.0: “¡Ni lo sueñes, pájaraco!” Y los gatos pasando el rabo entre las piernas para recibir la propina. Mas o menos como ayer.
El viento suave, el sol calentando la cara y el sonido de las barcas… os juro que en ese momento pensé que podría quedarme a vivir allí. Después de la comilona nos dio la siesta playera inevitable: tumbados en nuestras hamacas con la barriga llena y la sensación de que el mundo puede esperar.
Resumen del día en Oualidia:
• Mañana tranquila paseando por el pueblo y la medina.
• Final de la Mañana de pies descalzos en la laguna con barcas y flamencos de público.
• Comida épica en los chiringuitos: lubina, calamar y gambas a la brasa que todavía me hacen babear al recordarlo.
Oualidia es eso: un pueblo pequeño, auténtico y con una laguna que te cura el alma. Nada de agobios, solo mar, pescado fresco y esa calma que en Marrakech ni soñando.
Ahora mismo estamos digiriendo la lubina mientras planeamos el próximo paso. ¿Mañana seguiremos hacia El Jadida o nos quedamos un día más a repetir la parrillada?
¡Decidme, que con el estómago lleno todo se ve mejor! 🐟🔥😎 ¡Inshallah y olé!
Hasta la próxima aventura…Read more













