Hemos despertado en el parking de la fortaleza de Sagres. Estaba prohibido pernoctar, pero se trata de una prohibición sin sentido: es más fácil prohibir que evitar los abusos. Después nos hemos asomado a la playa de Mareta, junto a la oficina de turismo y nos hemos acercado al mercado en busca de pescado. Sin suerte.Read more
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Pensaba que en Sagres se podría comprar pescado fresco y marisco. Hoy no, desde luego: pescado de piscifactoría nada más.
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No es barato, pero sí muy curioso. Lo probamos por primera vez en Monchique, en la frutería de El Rey de la fruta, modestia aparte.
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La playa de Mareta. Prohibido aparcar en la primera línea. Ni caso.