Tiruvannamalai
January 30, 2023 in India ⋅ ☁️ 21 °C
Saímos de Pondicherri em direção Tiruvannamalai porque nos falaram de que nesta "pequena" cidade existia um dos 5 templos shivaistas mais sagrados da India. Estes 5 templos representam os 5 elementos, sendo este dedicado ao deus do fogo Agni, uma das representações de Shiva. Segundo o mito Lorde Shiva aparece como uma coluna de luz ou fogo, para eliminar o ego de toda a humanidade. Acredita-se que a própria montanha que se levanta por detrás da cidade é uma manifestação do próprio Shiva e que quem a sobe estará mais próximo da iluminação.
Assim que saímos do autocarro somos recebidos pelo calor do zénite solar e pela inenterrupta orquestra de buzinadelas que nos faz estremecer todo o corpo, ainda que tenhamos os mochilões nas costas. Depois de uma breve e interminável caminhada de 15min, chegamos ao hotel de 6.5 no booking e é com alívio que largamos as mochilas num quarto que não é de todo desgradável. Lençois limpos, quarto espaçoso, luminoso, com a/c e casa-de-banho privada. Que mais dá se não temos água quente, um pouco de sujidade aqui e ali ou parecer que somos os únicos turistas ocidentais em todo o hotel?
Almoçamos uma vez mais o prato estrela desta província, thali, que é arroz servido numa folha de bananeira com vários currys "indian medium spicy" a acompanhar. Depois vamos visitar o complexo do templo que consiste em 4 gopuram's principais (essas torres enormes cheias de figuras e deuses da mitologia) orientados segundo os quatro pontos cardeais e vários templos mais pequenos, onde as pessoas vão realizar as suas oferendas e rituais. De cada vez que vamos a um novo templo entendemos um detalhe mais desta fascinante e confusa religião.
Estamos cansados e os humores não são os melhores por todas as tensões acumuladas dos últimos dias e por isso vamos ao hotel hacer la siesta antes da derradeira subida ao pico da montanha que está a 814m de altitude. Saímos mais tarde do que queríamos e fomos com a ideia de que se faria de noite a meio caminho mas disseram-nos que era seguro ir de noite com lanterna e ou era hoje ou não teríamos outra oportunidade para o fazer. O caminho é bastante costoso mas bem marcado. Parece que estamos a subir uma escadaria rochosa e experimentei subir descalço como aconselham fazer uma vez que se trata de uma montanha sagrada. Após muito suor, chegamos ao pico da montanha mesmo no lusco fusco. Não tivémos nenhum momento de iluminação mas ainda assim as vistas do topo eram espectaculares.
Reflexionado y añadido por Irene dos años después:
Al dirigirnos hacia el Arunachala ya habiendo pasado el ecuador del día estábamos cometiendo el mayor error de ingenuidad: menospreciar una montaña. Gui va descalzo, pues ha leído que muchos peregrinos practican el pradakshina, o caminar descalzo en sentido de las agujas del reloj alrededor de la colina, y que esta práctica es tan poderosa que puede incluso hacer que las almas maduras pierdan su sentido de identificación con el cuerpo. Nosotros estamos subiendo la colina en vez de rodeándola, y yo me niego a quitarme las sandalias o la actitud de desprecio hacia este país. Al principio vamos paseando, parándonos en cualquier rincón para aprecias las vistas o leer alguna inscripción. El camino empieza a hacerse más vertical, y la luz del sol menos intensa. Lo que parecía una colina inofensiva empieza a parecer una cordillera, y por mucho que subimos y subimos, la cima parece escapársenos por entre el aliento. No vislumbramos el fin, pero tampoco vemos la pared de la montaña; pasan las horas y parece que siempre estamos a punto de llegar.
Cuando los colores empiezan a neutralizarse con la llegada del atardecer, la subida requiere de todas nuestras extremidades, y el paseo se convierte en escalada. Cada roca sobre la que me tengo que impulsar con manos y piernas empieza a dolerme en la poca entereza que me queda, y sin previo aviso, el caldo de rabia e impotencia que llevaba días gestando en mi interior se expulsa por todos mis pliegues y recovecos. Me paro, caigo al suelo como si me hubiese derribado una fuerza invisible, y empiezo a llorar. Las lágrimas me piden sollozos muy fuertes para poder salir, y éstos resuenan con eco en la montaña vacía. Empiezo a gritar, no sé muy bien qué digo o a quién se lo digo, y entonces veo a Gui, parado unos metros por encima de mí, y empiezo a dirigir mis gritos hacia él. Me mira impasible, como siempre que pierdo el control sobre mí misma, y me habla tranquilo. Todavía te queda mucho por aprender de este país. En un primer momento sus palabras me descontrolan todavía más, qué sabrá él sobre lo que debemos aprender o no, sobre lo que significa India o deja de significar, qué sabrá él sobre los indios, sobre las vidas miserables, qué sabrá él sobre esta montaña o sobre Shiva, que no existe, al igual que no existe ningún otro dios. Me callo, porque una certeza me invade por completo y su verdad es tan pura que reseca las lágrimas y las devuelve a su sitio, y mi lagrimal vuelve a estar lleno otra vez con agua salada de certidumbre. No ha sido Gui quien ha pronunciado esas palabras. He visto cómo salían de él pero aun así no ha sido él. Tal vez ha sido la montaña. Pero eso no puede ser, porque los dioses no existen. Y aun así, por encima de mi falta de fe, soy consciente de una forma empírica de que ha sido Shiva quien ha hablado, y no me importa no poder entenderlo, porque el hecho en sí es demasiado elevado como para que el intelecto se importe, como para que el ego se importe. Vishnu y Brahma nunca hubiesen encontrado el origen de la columna de luz, al igual que yo nunca hubiese podido abandonarme a la experiencia humilde de observar y absorber sin prejuicio, porque afrontaba la cuestión desde la perspectiva equivocada, que siempre es la perspectiva del ego. Mi mente se encontraba tan reseca con las ilusiones mundanas que había empezado a arder sin control al contactar con el fuego de la montaña. No hay una separación real entre India y yo, entre las vidas que suceden aquí y la mía, entre el polvo del aire y el polvo que me cubre la piel en este momento, en contacto con la tierra. Si me entrego al caos, el caos se entregará a mí. Los cuerpos de los intocables en el suelo son también el mío, pues la separación entre cuerpos ha perdido el sentido. Lo que siento como “yo” se resquebraja un poco, y de repente ya no quiero irme a ninguna otra parte, porque es en India donde se saben las cosas. Y ahora estoy preparada para quererlas saber.Read more
















TravelerEs preciosa la foto desde la montaña del propio Shiva, y las luces de la ciudad con los grandes templos en medio de ella es espectacular. Ya habéis vivido esa iluminación al menos. Muchos besos a los dos. 😍😘😘