• Bolivia: Isla del Sol, lago Titikaka

    July 30, 2023 in Bolivia ⋅ ☁️ 8 °C

    En la Isla del Sol no existe el tiempo.
    Las personas que llegamos allí experimentamos la arrobadora sensación de estar tan lejos de todo, flotando a 3.958 metros de altitud, en mitad de los Andes mágicos y gigantes, que ni siquiera el tiempo sabe cómo llegar hasta allí. Es el hogar de los viajeros que huyen de su pasado y de su presente y de su futuro, porque allí solo existe agua, sabor a cactus; que sabe a verde y a tierra, y el momento presente atemporal y silencioso.
    Preparados para ir a dormir en medio de las aguas diáfanas pero oscuras en la noche, observamos por la ventana de nuestra habitación, con vistas al lago, una procesión de personas silenciosas que desfilan por la playa con la bandera de los pueblos originarios iluminada, los tambores tímidos invitándonos a que vayamos tras ellos. Nos abrigamos todo lo que podemos y les seguimos, sin saber a dónde nos conducen, sacudiéndonos el sueño que empezaba a apoderarse de nuestros cuerpos en la calidez de la cama. Subimos una colina hasta llegar a la escuela, donde toda la gente del pueblo se ha reunido para ver las actuaciones que han preparado los alumnos. Bailes, lectura de versos dedicados a la Pachamama, actuaciones de humor...todo inmerso en una atmósfera de ingenuidad que desborda ternura por todas las aguas del lago. El frío entra por los recovecos de la piel, la luna se refleja en el agua y parece imposible de imaginar que no se trata del océano, de tan infinita que es. Las mujeres se sientan a un lado del patio, cuidando de los niños, muchas amamantando a sus bebés, arrebujados en mantas para que no se congelen. En el otro lado de sientan los hombres, se pasan cigarros y hojas de coca para mascar. Nosotros somos los únicos blancos del evento, parece que somos mejor recibidos en el lado de los hombres, que nos pasan la bolsa de hojas de coca como aceptándonos en su rincón.
    Estar presenciando una escena tan íntima de la población local de la isla del Sol se sentiría más adelante como un sueño, como si hubiese sido la mente la que hubiese ideado esa procesión solemne y nosotros la hubiéramos seguido, igual que se sigue a un conejo blanco que se mete en su madriguera.
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