• DÍA 1

    February 2 in Iceland ⋅ ☁️ 6 °C

    Hoy hemos empezado el día súper pronto en casa de mi madre. Hemos desayunado allí y hemos salido pitando sobre las 8:00 de la mañana hacia el aeropuerto de Alicante. Hemos facturado, hemos hecho el check-in y directos al avión. La verdad es que el vuelo se nos ha hecho mucho más corto de lo que pensábamos, porque íbamos con un poco de miedo por la escala en Luton. Teníamos que sacar la maleta facturada y volverla a meter, y pensábamos que no nos daría tiempo, pero al final hemos tenido cuatro horas de margen. Nos ha dado tiempo de sobra a todo y a comernos tranquilos unos bocatas que llevábamos preparados.
    El lío ha venido al coger el vuelo a Islandia. Casi nos quedamos en tierra porque el mostrador de embarque estaba bajando unas escaleras, pero el cartel estaba puesto arriba. Hemos estado esperando allí plantados hasta que, de pura chiripa, nos ha dado por mirar abajo y hemos visto que ya estaba todo el mundo entrando. Hemos bajado corriendo y… drama con la maleta.
    Al ir a embarcar, nos han hecho meter el equipaje de mano en el medidor. La de Eva ha entrado apretando un poco, pero la mía iba hinchadísima. Como no entraba, he empezado a empujarla con la pierna a lo bruto y el tío de la aerolínea se ha puesto a gritarme: “You cannot do that! Not with your leg!”. Qué vergüenza. Al final, después del show (y de haber intentado colarnos antes sin éxito), hemos conseguido pasar.
    El vuelo ha ido bien, pero nada más aterrizar en Keflavik hemos tenido el susto del viaje. Hemos pasado el control de aduanas y Eva no encontraba su pasaporte. Yo me he puesto súper agobiado a buscar por las maletas, pensando que no entrábamos al país. Eva ha decidido salir corriendo de vuelta al avión y, menos mal, al llegar a donde nos hemos bajado estaba una azafata, Eva le ha explicado la situación y la azafata ha llamado a alguien que seguía en el avión, se lo había dejado en el asiento y la azafata nos lo ha bajado del avión. Desde ese momento, he decidido que los pasaportes los guardo yo.
    Ya más tranquilos, hemos cogido el transfer para ir a por el coche de alquiler. Y aquí ha pasado algo surrealista: me han llamado al móvil desde un número que ponía "Perú". Eva lo ha cogido de broma diciendo "Hola, hola, soy su novia, ¿qué pasa?", y han colgado. A los tres minutos han vuelto a llamar… ¡y eran los de Lava Car, nuestra compañía de alquiler!. Al final nos han dado el coche; a mí de primeras no me ha convencido mucho, pero bueno, ya le cogeremos cariño.
    Hemos llegado al hotel en Reikiavik, hemos dejado las cosas y, aunque ya era de noche (aquí oscurece prontísimo), hemos salido a dar una vuelta. El hotel (guest house pavi) está a unos 15 minutos del centro, muy moderno y limpio. Nos ha sorprendido que las calles estaban súper bien iluminadas y había bastante ambiente. Hemos dado un paseo por la calle principal, hemos entrado en una tienda monísima y hemos cumplido la tradición: hemos comprado un vaso de chupito para Eva y la postal del viaje. (nos falta nuestra figurita).
    Para cenar hemos ido directos al famoso puesto de perritos calientes donde han comido hasta presidentes. Estaban buenísimos, pero eran pequeños y nos hemos quedado con hambre. Como habíamos visto en TikTok otro sitio que tenía pintaza, hemos ido para allá. El local era muy chulo, como una food truck con leds rojas, pero nos hemos pedido un bocata que era una bestialidad de grande y súper empachoso, con muchísimo bacon. No hemos podido ni terminárnoslo.
    De vuelta al hotel, nos hemos dado cuenta de que la catedral nos pillaba de paso si nos desviábamos un poco. Hemos decidido ir a verla y ha sido un acierto total. Ver la Hallgrímskirkja de noche impone muchísimo; a Eva le ha sorprendido un montón la altura y el material. Justo había un grupo de chicos chinos por allí y nos han sacado una foto que ha quedado genial.
    Ahora ya nos vamos a dormir, que estamos reventados del viaje, y mañana toca empezar a recorrer la isla de verdad.
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