• Alfonso vilaseca navas
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ISLANDIA

A 7-day adventure by Alfonso Read more
  • Trip start
    February 2, 2026

    DÍA 1

    February 2 in Iceland ⋅ ☁️ 6 °C

    Hoy hemos empezado el día súper pronto en casa de mi madre. Hemos desayunado allí y hemos salido pitando sobre las 8:00 de la mañana hacia el aeropuerto de Alicante. Hemos facturado, hemos hecho el check-in y directos al avión. La verdad es que el vuelo se nos ha hecho mucho más corto de lo que pensábamos, porque íbamos con un poco de miedo por la escala en Luton. Teníamos que sacar la maleta facturada y volverla a meter, y pensábamos que no nos daría tiempo, pero al final hemos tenido cuatro horas de margen. Nos ha dado tiempo de sobra a todo y a comernos tranquilos unos bocatas que llevábamos preparados.
    El lío ha venido al coger el vuelo a Islandia. Casi nos quedamos en tierra porque el mostrador de embarque estaba bajando unas escaleras, pero el cartel estaba puesto arriba. Hemos estado esperando allí plantados hasta que, de pura chiripa, nos ha dado por mirar abajo y hemos visto que ya estaba todo el mundo entrando. Hemos bajado corriendo y… drama con la maleta.
    Al ir a embarcar, nos han hecho meter el equipaje de mano en el medidor. La de Eva ha entrado apretando un poco, pero la mía iba hinchadísima. Como no entraba, he empezado a empujarla con la pierna a lo bruto y el tío de la aerolínea se ha puesto a gritarme: “You cannot do that! Not with your leg!”. Qué vergüenza. Al final, después del show (y de haber intentado colarnos antes sin éxito), hemos conseguido pasar.
    El vuelo ha ido bien, pero nada más aterrizar en Keflavik hemos tenido el susto del viaje. Hemos pasado el control de aduanas y Eva no encontraba su pasaporte. Yo me he puesto súper agobiado a buscar por las maletas, pensando que no entrábamos al país. Eva ha decidido salir corriendo de vuelta al avión y, menos mal, al llegar a donde nos hemos bajado estaba una azafata, Eva le ha explicado la situación y la azafata ha llamado a alguien que seguía en el avión, se lo había dejado en el asiento y la azafata nos lo ha bajado del avión. Desde ese momento, he decidido que los pasaportes los guardo yo.
    Ya más tranquilos, hemos cogido el transfer para ir a por el coche de alquiler. Y aquí ha pasado algo surrealista: me han llamado al móvil desde un número que ponía "Perú". Eva lo ha cogido de broma diciendo "Hola, hola, soy su novia, ¿qué pasa?", y han colgado. A los tres minutos han vuelto a llamar… ¡y eran los de Lava Car, nuestra compañía de alquiler!. Al final nos han dado el coche; a mí de primeras no me ha convencido mucho, pero bueno, ya le cogeremos cariño.
    Hemos llegado al hotel en Reikiavik, hemos dejado las cosas y, aunque ya era de noche (aquí oscurece prontísimo), hemos salido a dar una vuelta. El hotel (guest house pavi) está a unos 15 minutos del centro, muy moderno y limpio. Nos ha sorprendido que las calles estaban súper bien iluminadas y había bastante ambiente. Hemos dado un paseo por la calle principal, hemos entrado en una tienda monísima y hemos cumplido la tradición: hemos comprado un vaso de chupito para Eva y la postal del viaje. (nos falta nuestra figurita).
    Para cenar hemos ido directos al famoso puesto de perritos calientes donde han comido hasta presidentes. Estaban buenísimos, pero eran pequeños y nos hemos quedado con hambre. Como habíamos visto en TikTok otro sitio que tenía pintaza, hemos ido para allá. El local era muy chulo, como una food truck con leds rojas, pero nos hemos pedido un bocata que era una bestialidad de grande y súper empachoso, con muchísimo bacon. No hemos podido ni terminárnoslo.
    De vuelta al hotel, nos hemos dado cuenta de que la catedral nos pillaba de paso si nos desviábamos un poco. Hemos decidido ir a verla y ha sido un acierto total. Ver la Hallgrímskirkja de noche impone muchísimo; a Eva le ha sorprendido un montón la altura y el material. Justo había un grupo de chicos chinos por allí y nos han sacado una foto que ha quedado genial.
    Ahora ya nos vamos a dormir, que estamos reventados del viaje, y mañana toca empezar a recorrer la isla de verdad.
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  • DÍA 2

    February 3 in Iceland ⋅ ☀️ 3 °C

    Hoy nos hemos despertado en el guest house pavi, hemos desayunado lo que compramos ayer en el supermercado Bonus. Eva se ha comido un Rúgbrauð, un pan de centeno típico de aquí que es súper denso; le ha sabido casi a bizcocho porque es dulzón, le ha encantado. Yo he tirado por lo clásico islandés: un buen bol de Skyr con Cheerios. Hemos probado un poco lo del otro, pero cada uno se queda con lo suyo.
    Mientras yo metía las maletas en el coche, Eva ha terminado de preparar la comida: unos tuppers de arroz con tomate y atún para salvar el día. Con todo listo, nos hemos subido al coche y hemos puesto rumbo a nuestra primera gran ruta.
    La primera parada ha sido Thingvellir, el sitio donde literalmente se separan las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia. Ha sido brutal. Ahí es donde Eva ha empezado a dar saltos de alegría y donde realmente nos hemos dado cuenta de dónde estamos. Hemos sido conscientes por primera vez de la fuerza de la naturaleza de esta isla, es un sitio único.
    Además, hemos empezado una dinámica nueva que mola mucho. Como somos muy curiosos, no parábamos de hacernos preguntas sobre lo que veíamos, así que hemos decidido jugar a un juego: primero intentamos deducir la respuesta nosotros usando la lógica y luego lo confirmamos con la IA. Por ejemplo, nos hemos preguntado si hay placa tectónica debajo de todo lo que pisamos, porque justo ahí hay una grieta enorme "sin nada". Hemos estado aprendiendo un montón así.
    De camino a la siguiente parada, hemos visto unos caballos islandeses preciosos y hemos tenido que parar sí o sí para bajar y verlos de cerca.
    Luego hemos llegado a la zona de los géiseres. Hemos visto el Strokkur, el que está activo, y ha sido una pasada. Lo hemos visto estallar como 5 o 6 veces porque queríamos disfrutarlo de todas las formas: primero mirándolo sin más, luego grabándolo, luego otra vez solo mirando… Cada vez salía con una intensidad distinta. Hemos aprendido que la palabra "Geyser" viene precisamente de aquí, del Gran Geysir, que está al lado. Ese es el más heavy y grande, pero lleva inactivo muchísimo tiempo (creo que décadas), así que obviamente no lo hemos visto estallar, pero impone igual.
    La siguiente parada ha sido la cascada de Gullfoss. Sinceramente, ahí he flipado. Me ha parecido una auténtica locura ver esa caída de agua, unos 30 metros en dos tramos. Me he quedado embobado mirándola. Hemos tenido suerte y una pareja nos ha hecho unas fotos juntos muy chulas. La hemos visto desde arriba y luego hemos bajado para verla desde otra perspectiva, sintiendo la fuerza del agua. Brutal.
    Para terminar la ruta, hemos ido al cráter Kerið. Qué sitio. Es un cráter de tierra roja volcánica con un lago en el fondo que hoy estaba congelado. Lo mejor es que no había casi nadie, lo hemos tenido para nosotros solos. Hemos bajado hasta la arena del fondo y estar ahí abajo, en silencio, rodeados de esas paredes rojas… ha sido una experiencia increíble. También hemos estado leyendo sobre cómo se formó (básicamente la cámara de magma colapsó sobre sí misma), súper interesante.
    Queríamos terminar pronto porque hoy nos esperaba el alojamiento más especial del viaje. Es una casita totalmente acristalada en medio de la nada. Nos ha costado un poco encontrarla porque solo hay 3 y están súper separadas entre sí; veíamos la número 3 y la nuestra era la 11, que resultaba ser la última y la más alejada. Hemos llegado justo media hora antes de que anocheciera.
    En cuanto nos hemos instalado, hemos decidido aprovecharlo a tope. Tienen un jacuzzi exterior y sauna, así que no nos lo hemos pensado. Ha sido un lujo bañarnos en el agua a 40 grados mientras fuera estábamos a -11 grados, viendo un cielo lleno de estrellas. Una locura de contraste.
    Para cenar, nos hemos hecho unos macarrones con tomate y atún y hemos salido un rato más a ver las estrellas, que se veían increíbles lejos de la contaminación lumínica.
    Al acostarnos hemos decidido pasar las fotos de la cámara al móvil pero no sabemos por qué la tarjeta da error, hemos intentado recuperarlas pero no hay manera, tendremos que esperar a España para ver si podemos recuperar esas fotos.
    Ahora ya nos vamos a dormir, que estamos reventados pero felices. Ha sido un día de 10.
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  • DÍA 3

    February 4 in Iceland ⋅ 🌬 3 °C

    Madre mía, qué día. Ha sido una montaña rusa de emociones, literalmente.
    Hoy nos hemos despertado en el Heathland Lodge. Habíamos puesto la alarma a las 7:00, pero estábamos tan reventados de ayer que la hemos pospuesto hasta las 8:00. Aun así, al levantarnos seguía siendo noche cerrada. Como teníamos ese jacuzzi y la sauna increíbles en la terraza, hemos decidido aprovecharlos a tope. Hemos estado como una hora metidos en el agua caliente y metiéndonos en la sauna mientras veíamos amanecer. Las vistas desde la sauna y el jacuzzi son de otro planeta, una pasada.
    Luego nos hemos duchado y ha sido la mejor ducha de nuestra vida. Era toda acristalada, con un chorro en el techo tipo lluvia… increíble. Eso sí, aquí el agua caliente sale directamente de la tierra (geotermal) y tiene un olorcillo característico como a azufre, es súper natural, sale hirviendo.
    Después de eso hemos aprovechado para echarnos unas fotillos y grabar un tiktok jeje. Entre unas cosas y otras se nos ha hecho tardísimo y hemos salido de allí a las 11:30 (El check out era a las 11).
    De camino a nuestra primera parada hemos visto el mítico bus escolar Americano, que además fue la primera cafetería de Islandia, a Eva le hacía muchísima ilusión tomarnos allí una galletita y la verdad que ha sido un acierto porque el bus por dentro era una auténtica monada, Eva se ha tomado una galleta y yo un waffle.
    La primera parada han sido las cascadas. Primero hemos visto Seljalandsfoss, la famosa que se puede pasar por detrás. Nos hemos calado vivos con el spray del agua, pero impresiona muchísimo. Justo al lado está Gljúfrabúi, la "escondida". Para entrar hay que meterse por una especie de grieta en la roca pisando piedras en un riachuelo. Lo curioso es que justo en la entrada había una excavadora moviendo piedras para facilitar el paso, así que hemos tenido suerte. Entrar ahí y ver caer el agua dentro de la cueva ha sido brutal.
    Después hemos ido al glaciar Sólheimajökull. Hemos aparcado y caminado por un sendero de ceniza volcánica negra hasta llegar a la laguna que se forma con el deshielo. Es súper curioso ver el contraste del hielo blanco/azul con la tierra negra. Hemos bajado hasta el agua, hemos tocado el hielo con las manos (estaba helado, obviamente) y nos hemos hecho unas fotos con la Instax que han quedado muy guays.
    Y aquí ha empezado la parte tensa del día. Hemos ido a Dyrhólaey, el acantilado con el arco de piedra enorme y el faro. Hacía un viento bestial, ráfagas de 65 km/h. Al aparcar, le he avisado a Eva: "Cuidado que hace mucho viento". Ella ha ido a abrir la puerta y, de repente, una ráfaga se la ha arrancado de las manos. La puerta ha vencido hacia atrás y ha sonado un crack feo. Eva se ha quedado blanca, no sabía si se había roto o solo cedido, pero en ese momento no hemos querido ni mirar por el agobio.
    Hemos subido a ver el faro y las vistas, que son impresionantes, pero con el viento que hacía yo no estaba cómodo. Eva me ha dicho que ha sentido agobio de verdad, esa sensación de perder el control y notar que la naturaleza es infinitamente más fuerte que tú. Sentía que el viento podía llevarnos si quería.
    De ahí hemos bajado a la playa de Reynisfjara (la de las "Sneaker Waves" o olas asesinas). Es peligrosísima porque las olas te pillan desprevenido y te arrastran. La marea estaba súper alta y el mar revuelto, con olas de 3 o 4 metros que daban miedo. No hemos bajado a la arena porque el agua se comía la playa, así que lo hemos visto desde las rocas. Como aquí los parkings te clavan 6 euros si estás más de 10 minutos, hemos hecho visita exprés: mirar, flipar con la fuerza del mar y correr al coche para no pagar.
    Por fin hemos llegado a Vík, a nuestro alojamiento de hoy: el Guesthouse Carina. Llevábamos días de coña diciendo que este iba a ser el "cutre" del viaje porque en fotos parecía más una casa de pueblo, pero qué va, nos ha sorprendido para bien, está genial y parece un hotel.
    El problema ha sido al aparcar allí. Hemos mirado la puerta del copiloto y… drama. Se había quebrado una pieza, hacía un chirrido horrible al abrir y cerraba mal (entraba aire). Eva se ha puesto a llorar muchísimo, pero he intentado consolarla y hacerle sentir que no pasa nada que es algo que pasa, la pobre se sentía fatal de la culpa pero la verdad que para lo tensa y crítica que era la situación lo hemos llevado súper bien juntos, somos muy buen equipo. Tenemos seguro a todo riesgo, pero en Islandia ningún seguro cubre que el viento te arranque la puerta (lo consideran negligencia). Hemos mirado en internet y la "multa" por esto puede ser de 3.000 o 4.000 euros. Una locura.
    Yo me he puesto en modo "solucionador". He buscado talleres y he encontrado uno aquí al lado con buenas reseñas que arregla justo esto para que la compañía no se dé cuenta. Hemos decidido que mañana a primera hora vamos al taller a ver cuánto nos cobran. Esperemos que no sea mucho.
    Con el disgusto en el cuerpo, hemos visto que el índice de auroras boreales estaba alto, así que hemos decidido salir a probar suerte y quitarnos las penas. ¡Y menos mal! Hemos usado una app para ver dónde las veía la gente y hemos encontrado dos sitios. Se veían a simple vista (flojitas, no como en las fotos, pero se veían las ráfagas en el cielo).
    Lo mejor ha sido en la segunda parada. Estábamos solos en mitad de la nada y ha llegado otro coche. Se ha bajado una chica italiana corriendo hacia Eva y le ha dado un abrazo: "¡Gracie amiga, gracie!". Resulta que nos ha encontrado porque otra persona había subido la foto allí y se pensaban que habíamos sido nosotros quien la habíamos subido. La chica hablaba un poco de español y estaba eufórica, dando saltos con Eva. Ha sido un momentazo súper divertido, hemos estado 20 minutos con ellos (son de Nápoles), nos hemos hecho fotos y hasta ellas se han dado los teléfonos.
    Al final, nos vamos a dormir con una sensación muy guay gracias a las auroras y a los italianos, a pesar del susto de la puerta. Mañana será otro día (y esperemos que con la puerta arreglada).
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  • DÍA 4

    February 5 in Iceland ⋅ ☁️ -1 °C

    Menudo día más intenso. Hoy hemos empezado a las 7:00 de la mañana en el Guesthouse Carina, con muchísimos nervios por saber si íbamos a poder solucionar lo de la puerta. Nos hemos duchado y desayunado súper rápido para estar a las 8:00 clavadas en la puerta del taller, porque queríamos ser los primeros y ver si podíamos solucionar la puerta del coche.
    Nos ha recibido un hombre muy serio, de pocas palabras, pero que iba al grano. Nos ha dicho claramente: "Mira, puedo arreglarlo para que la puerta no haga ruido y cierre bien, pero no va a ser un trabajo fino estéticamente". A nosotros nos daba igual la estética en ese momento, solo queríamos que funcionara y que no pareciera que se iba a caer. Nos ha dado un presupuesto de entre 5.000 y 10.000 coronas (que son entre 35 y 70 euros, más o menos). Le hemos dicho que sí sin pensarlo.
    El tío ha cogido las llaves, ha abierto la puerta para comprobar con estaba y está ha hecho un ruido muy feo y se ha llevado el coche. Literalmente 10 minutos después ha vuelto y nos ha dicho que ya estaba. Nos hemos quedado flipando. Le hemos pedido ver cómo había quedado antes de pagar y la verdad que había quedado bastante mejor de lo que esperábamos. La puerta ya no suena nada y cierra perfecta. Se nota un poco la raja en la chapa si te fijas, pero la ha cerrado bastante. Al final nos ha cobrado 7.000 coronas (unos 50 euros), así que ni tan mal. Hemos respirado aliviados.
    Ya con el coche "arreglado" (aunque vamos pensando en echarle un poco de tierrilla o algo para camuflar la soldadura antes de devolverlo, rollo "Operación Camuflaje"), hemos puesto rumbo al Cañón Fjaðrárgljúfur. Es impronunciable, pero es el sitio donde Justin Bieber grabó un videoclip. Es espectacular, un cañón verde con un río por el medio. Lo curioso es que aquí sí dejan volar drones, así que hemos visto un par volando. Nos hemos hecho unas fotos muy chulas (gracias a otra pareja que pasaba por allí) y hemos estado un buen rato andando y disfrutando de las vistas. Se llama "cañón de la pluma" por la forma que tiene, como si una pluma gigante hubiera caído y dejado la marca.
    Después hemos ido a Diamond Beach. Es una playa de arena negra llena de bloques de hielo gigantes que se desprenden del glaciar y acaban en el mar. Es una pasada ver el contraste del hielo blanco y azul con la arena negra. Nos hemos puesto a hacer el tonto, corriendo por la playa, escribiendo "Islandia 2026 Eva y Alfon" en la arena… lo hemos disfrutado como enanos. También hemos visto la desembocadura del río glaciar, que impresiona muchísimo.
    Como íbamos justos de tiempo para el tour, hemos comido en el coche. Hoy el menú ha sido gourmet: latas de garbanzos con atún y lentejas con atún. Suena regular, suena mal pero estaba bastante bien, es como una ensalada fresquita y saludable.
    Como hemos comido ya en el parking de Jökulsárlón para estar preparados en el punto de encuentro de nuestro tour de las cuevas de hielo con Local Guide hemos ido al terminar de comer. Nos han dado todo el equipo: casco, crampones y hasta unas botas nuevas (que no nos han cobrado, venían incluidas). También un arnés que no hemos usado para nada, supongo que por si te tienen que rescatar de una grieta.
    Nos han subido a un todoterreno 4x4 enorme, negro con unas ruedas gigantescas (como Eva de altas más o menos). Nos ha tocado ir detrás porque delante no había sitio, y ahí hemos coincidido con una pareja de Huelva que eran súper graciosas. Al principio han soltado un "¡Madre mía, esta gente que se monta delante! ¡Qué morro!", y nosotros nos hemos reído porque pensábamos lo mismo. Hemos ido todo el camino hablando con ellas (una media hora de trayecto) y hasta hemos visto renos por la ventana.
    Al llegar, hemos caminado unos 15 minutos hasta el borde del glaciar Breiðamerkurjökull. Nos han explicado cómo andar con los crampones para no matarnos y hemos empezado a caminar sobre el hielo. Es una sensación increíble, estás pisando una masa de hielo milenaria que cruje bajo tus pies.
    Hemos visto tres cuevas, cada una era mejor que la anterior. La primera ya nos ha dejado con la boca abierta: azul intenso pero con vetas de ceniza negra volcánica en el suelo. El guía nos ha explicado que es por las erupciones pasadas. El contraste de "fuego y hielo" es brutal.
    La caminata entre cuevas ha sido dura, unas tres horas en total, pero merecía la pena. A nuestra derecha teníamos montañas enormes nevadas que se fundían con el cielo, y al otro lado el hielo infinito del glaciar que llegaba hasta el horizonte. Además, ha empezado a atardecer y el cielo se ha puesto naranja… una imagen que se nos va a quedar grabada para siempre.
    En la segunda cavidad creada por el agua de la lluvia había además una cueva, que era más profunda (unos 20 metros) y súper estrecha, hemos entrado en parejas. Al final del todo había un agujero en el techo por donde entraba la luz y se veía el cielo. Mágico.
    Aquí ha venido la anécdota del día. El guía ha clavado su pico en la pared de hielo de la cavidad de fuera para dejarlo ahí mientras entrábamos en parejas a la cueva. Una de las chicas de Huelva ha empezado a decir en broma: "¡Pero mira este tío! ¡Se está cargando el glaciar! ¡Qué bruto!". Eva y yo no podíamos parar de reírnos porque era tan bruta y lo decía tan gracioso que era surrealista. Total, que cuando hemos salido de la cueva Eva ha visto que tenía el pico en la mano y le ha dicho: “al final se lo has quitado tía ajajajaj” y le dice si si, quieres probar a darle a la pared? y claro Eva se ha quedado a cuadros porque hacía dos minutos había criticado justo eso, pero Eva no ha querido desaprovechar la oportunidad de darle, le ha pedido permiso al guía y le ha dado una sola vez, pero tan fuerte que ha saltado hielo por todas partes y todo el mundo ha estado como 2 minutos riéndose y Eva mientras poniéndose roja, ha sido muy gracioso. El guía, ha soltado de broma un "Bueno, esto no suele ser parte del tour", pero ha sido un momentazo.
    En la última cueva, Eva y la pareja de chicas de Huelva querían hacer un ángel de nieve en la pared de hielo (porque nieve en el suelo no había evidentemente), y ha sido un cuadro verlas intentarlo a las tres riéndose. Luego el guía ha arrancado un pedrusco de hielo gigante, casi tan grande como yo, y ha dejado a Eva cogerlo para hacerse una foto y luego tirarlo al suelo para que se rompiera.
    La vuelta en el Super Jeep ha sido ya de noche, íbamos los dos súper felices sin poder parar de sonreír y de hablar de todo lo que habíamos visto juntos, es literalmente un sueño lo que estamos viviendo.
    Ahora acabamos de llegar a nuestro hotel de hoy, el Haukaberg House. Es una monada, parece una casita de muñecas con lucecitas, libro de firmas, cocina preciosa y baño privado. Nos ha encantado. Nos hemos dado una ducha caliente, hemos cenado sopa para entrar en calor y, aunque había previsión de auroras, el cielo está cubierto y llueve a mares, así que nada de auroras hoy.
    A dormir y mañana más.
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  • Día 5

    February 6 in Iceland ⋅ 🌬 3 °C

    Hoy nos hemos levantado en Höfn, bueno, no en el pueblo pueblo, sino en una casita a unos 5 minutos. Lo primero que hemos hecho ha sido acercarnos a ver el puerto de höfn.

    Es un pueblo pesquero muy bonito, se nota que tiene más vida que otros sitios por los que hemos pasado, pero aun así hemos estado poquito, unos 15 minutos, y nos hemos ido directos a lo importante.

    Hemos puesto rumbo a Vestrahorn, donde están esas montañas tan impresionantes que parecen sacadas de una película. Allí hemos ido primero al Pueblo Vikingo.
    Resulta que este sitio lo construyeron como decorado para una película que al final nunca se llegó a rodar, así que se quedó ahí montado. La entrada nos ha costado unos 7 euros (barato para lo que es Islandia) y, aunque yo al principio no tenía muchas ganas, tengo que admitir que me ha sorprendido para bien.
    Nada más entrar ves un barco vikingo y, justo detrás, las montañas nevadas de fondo... la vista es impresionante. El pueblo en sí está un poco hecho polvo por el tiempo, pero tiene su gracia.

    Después hemos seguido la ruta hacia el faro. Se supone que allí había focas, pero la marea estaba alta y no hemos visto ni una.
    Por lo menos el paisaje era increíble: una playita de arena negra con dunas y, de fondo, la montaña de Vestrahorn. Eva me ha dicho que la llaman la "Montaña de Batman" porque los picos recuerdan al símbolo de la máscara, y la verdad es que sí se parece.
    Como hoy teníamos un largo camino en coche hasta Hella (donde dormimos hoy), y aún no habíamos comido en condiciones en ningún restaurante en todo el viaje, hemos decidido pararnos en Vík a comer. Teníamos dos antojos claros que queríamos probar sí o sí.
    Primero hemos ido a The Soup Company a por las famosas sopas en cuenco de pan negro. Lo bueno es que puedes rellenar las veces que quieras. Eva se ha pedido la de cordero y yo la Sopa de Lava, que picaba un poco pero estaba riquísima. Nos han costado unos 20 euros cada una. Estaban tan buenas que nos habríamos comido tres platos, pero nos hemos cortado porque teníamos que dejar hueco para lo siguiente.
    Justo en el mismo sitio está el Black Crust Pizzeria. El sitio es muy chulo y la especialidad son las pizzas con masa negra de carbón activo (dicen que sienta mejor al estómago). Nos hemos pedido una para compartir. La pizza parecía quemada de lo negra que era, pero qué va, estaba buenísima y súper crujiente. Eso sí, 30 pavazos la pizza. Yo no he notado una diferencia de sabor pero estaba buena.
    Con la barriga llena, hemos seguido hacia nuestro alojamiento de hoy, que es uno de los más especiales del viaje: el Hotel Burbuja.
    Quedaban unas tres horas de camino. Nuestra idea era parar a ver el avión abandonado que nos dejamos pendiente, pero era tarde y no nos iba a dar tiempo a verlo con luz, así que hemos ido directos a Hella.
    Hemos parado en un súper a las 19:50, corriendo porque cerraban a las 20:00, para comprar la cena. Como nos habíamos gastado ya mucho dinero en la comida, hemos comprado unos Yatekomo.

    Hemos llegado al hotel sobre las 20:00.
    El sitio es una locura: son cinco cúpulas de plástico transparente en mitad de la nada. Eso sí, la cocina comun es un poco pobre para obligarte a ir al restaurante; la "cocina" es básicamente un microondas y un grifo. Nos hemos hecho los fideos allí y nos los hemos llevado a nuestra burbuja. Lo único malo del hotel es que el baño y las duchas están fuera, así que toca salir al frío si quieres ir.
    Pero bueno, todo da igual porque esta noche Islandia nos ha regalado el mejor momento del viaje. El cielo ha decidido despejarse de golpe y han empezado a salir auroras boreales. Ha sido increíble. Hemos estado hasta las 2 de la mañana despiertos, haciendo fotos y mirándolas desde la cama calentitos dentro de la burbuja. Veíamos las luces verdes bailar justo encima de nosotros. Una pasada absoluta.
    Ahora ya nos vamos a dormir, reventados pero felices. Mañana toca madrugón y volver un poco hacia atrás en la ruta, porque no nos vamos de aquí sin ver bien el avión estrellado.
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  • Día 6

    February 7 in Iceland ⋅ ☀️ -1 °C

    Hoy ha sido nuestro último día completo de viaje. Nos hemos levantado a las 7:30, ducha rápida y a las 8:00 ya estábamos en el coche.
    Nuestra primera parada ha sido el avión, pero no el típico que va todo el mundo. En Islandia hay dos: el famoso de la playa de arena negra (que tienes que andar una hora, está masificado y el pobre avión está casi deshecho) y otro que han traído para descongestionar un poco el turismo y que está más accesible, cerca de la carretera. Nosotros hemos ido a ese, al avión naranja.
    Ha sido un acierto total porque estaba prácticamente vacío, no había nadie. A Eva le ha flipado, le ha gustado muchísimo el rollo que tiene. Nos hemos hecho un montón de fotos tranquilamente sin gente de fondo. Y bueno, aquí va una confesión: había un trocito de chapa del avión suelto y... lo hemos cogido. Está mal, lo sé, pero nos hacía ilusión tenerlo para enmarcarlo luego en casa con la foto del avión. Un souvenir prohibido.
    De ahí hemos puesto rumbo a Reikiavik, que son unas dos horas. Y por el camino... ¡por fin hemos visto nieve! En todo el viaje apenas habíamos visto nada, y de repente el paisaje se ha vuelto blanco. Nos hemos mirado y hemos dicho: "¡Para el coche!". Nos hemos bajado como niños pequeños a tirarnos bolas y a hacer un ángel de nieve. Ha sido un momento súper divertido.
    Al llegar cerca de la ciudad, sobre las 13:15, hemos ido directos al Zoo de Reikiavik. Estuvimos buscando granjas para ver las cabras islandesas, pero ninguna nos admitía, así que el zoo era la mejor opción. Hemos visto las cabras y eva se ha encariñado con una de ellas, ha estado al menos 30 min acariciandola, lo único malo que se le ha pegado el olor de cabra a la ropa y lleva oliendo a cabra todo el día, también hemos visto unos zorros árticos, caballos, ovejas... todos los animales típicos de aquí.
    Luego nos hemos ido al centro para ver bien la Hallgrímskirkja, la catedral de reikiavik. Hemos subido a la torre para ver las vistas y hemos tenido mucha suerte porque justo estaban tocando el órgano. Sonaba increíble, le daba un ambiente brutal a la iglesia. Además, al subir también hemos tenido la suerte de que sonaran las campanas y las hemos podido escuchar.
    Después tocaba comprar los souvenirs. Teníamos que encontrar sí o sí unas postales, una figura de la ciudad y una figura de una cabra. Nos ha costado un rato encontrarlas, pero misión cumplida.
    A las 14:30 nos ha entrado el hambre y hemos ido a una hamburguesería típica de aquí. Las hamburguesas estaban muy buenas, pero el sitio no tenía baño. Hemos tenido que meternos disimuladamente en el hotel de al lado, primero uno y luego el otro, para poder ir al baño.
    Y de ahí, corriendo al coche porque a las 16:30 teníamos reserva en el Sky Lagoon. Hemos llegado clavados. Hemos cogido el pase saman, que significa que tenemos vestuarios compartidos separados (hombres y mujeres), no el privado para parejas por qué era mucho más caro.
    El sitio era espectacular. Las rocas negras parecen naturales y el contraste con el vapor y el mar de fondo es una pasada. Hemos pillado justo el atardecer. Hemos hecho el famoso Ritual de los 7 pasos: laguna, poza fría , sauna (con el ventanal gigante mirando al mar), niebla fría, exfoliante, vapor y ducha. Nos hemos quedado hasta que nos han echado casi a las 20:30, arrugados como pasas pero súper relajados, durante todo el tiempo hemos estado hablando muchísimo y teniendo conversaciones súper bonitas e interesantes, ha sido una tarde mágica y un gran recuerdo que sin duda recordaremos para siempre.
    Al salir, muertos de hambre, hemos ido a cumplir una tradición de Eva y mía: comer en un KFC. Pero cuando hemos llegado y hemos visto que lo que en España vale 5 euros aquí costaba 20... hemos dicho "ni de coña".
    Queríamos probar ballena y puffin, así que hemos buscado algún restaurante. Uno estaba cerrado y otro solo servía bebida... Al final la IA nos ha recomendado el Tapas Barinn. Eva me ha dicho: "¿Tapas? Eso suena raro aquí". Y tanto. Hemos llegado y había una bandera de España gigante y una vaca pintada mitad española mitad islandesa. Al entrar, el sitio era surrealista: luz tenue, rosas en las mesas, jamones colgados... una mezcla entre bar español y cueva vikinga.
    Le he preguntado al camarero si tenían ballena y nos ha dicho que no quedaba. Pero sí tenían Puffin (frailecillo), así que lo hemos pedido. Ha venido presentado como una tapa sobre una pizarra, costaba 30 euros. A mí me ha gustado, me sabía a una mezcla entre anchoa y pato, un sabor fuerte. Pero a Eva no le ha gustado nada de nada, dice que tenía un sabor rarísimo indescriptible.
    También hemos pedido Trucha Ártica, que estaba buenísima con sus patatas y verduras. La cena nos ha salido por 70 euros, un palo, pero bueno, era la cena de despedida.
    Ya reventados, hemos ido al Bus Hostel Reykjavík. Antes de subir, hemos hecho la "Operación Camuflaje". Hemos cogido tierra del suelo y hemos ensuciado a propósito la puerta del coche donde estaba la soldadura para que parezca suciedad del viaje y no se note el arreglo mañana al devolverlo.
    Ahora ya estamos en la cama, que no podemos con nuestra alma. Mañana toca vuelta a casa.
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  • Día 7

    February 8 in Spain ⋅ 🌬 16 °C

    Bueno, pues se acabó lo bueno. Hoy nos hemos levantado prontísimo en el Bus Hostel, a las 5:00 de la mañana, para terminar de hacer la maleta y poner rumbo al aeropuerto de Keflavik, que está a unos 45 minutos. Nuestro vuelo salía a las 9:00.
    La empresa de alquiler, Lava Car, me había mandado un correo pidiendo que dejase primero a los acompañantes y el equipaje en el aeropuerto antes de ir a devolver el coche, para ir más rápidos con la lanzadera. Así que he dejado a Eva allí con la maleta grande para que fuera facturando tranquilamente, y yo me he ido con mi mochila y el coche a devolverlo.
    Al llegar a la oficina había tres empleados. Yo iba un poco nervioso por el tema de la puerta, las cosas como son. He aparcado el coche estratégicamente, dejándolo muy pegado a otro vehículo por el lado derecho para que no pudieran abrir mucho esa puerta y no notaran nada raro. Le he dado las llaves a una mujer que me ha atendido y me he quedado dentro esperando mientras salía a revisarlo con su iPad.
    Desde el cristal la he visto mover el coche hacia la zona principal donde había más luz para examinarlo a fondo. Se ha tirado como 15 minutos mirando cada detalle. Ha abierto y cerrado todas las puertas y, justo cuando ha llegado a la "puerta maldita", la ha abierto un par de veces y ha puesto una cara un poco extraña, como de duda. Me he tensado un poco, pero al final, supongo que porque cerraba bien y no hacía ruido, la ha dado por válida. Ha vuelto, me ha dicho que todo estaba correcto, he firmado el contrato de devolución y listo. ¡Prueba superada! He respirado tranquilo por primera vez en toda la mañana.
    Me han llevado en el transfer al aeropuerto y allí me he reencontrado con Eva para celebrar que no nos habían cobrado nada extra. Ya dentro, nos hemos comido el bocata enorme que habíamos comprado ayer, aunque Eva no ha podido terminárselo; nos ha sabido a gloria y nos ha sentado de maravilla para desayunar.
    Mientras esperábamos, se nos ha acercado un chico con una tablet haciendo encuestas sobre el turismo en Islandia. Resulta que era uruguayo, casado con una islandesa y viviendo allí. Majísimo, hemos estado charlando un rato con él mientras hacíamos la encuesta. Luego nos han cambiado la puerta de embarque un par de veces y nos ha tocado dar vueltas, pero como íbamos con tiempo de sobra, sin estrés.
    El primer vuelo era a Manchester y ha durado unas 3 horas. Se nos ha hecho corto y tranquilo. Al llegar allí teníamos una escala de 4 horas, y menos mal, porque el aeropuerto de Manchester es gigantesco. Hemos aprovechado para comer en un sitio que se llamaba Pasta Evangelists. Nos hemos pedido dos platos de pasta que estaban bastante bien y no nos han salido muy caros.
    Luego hemos ido a la puerta de embarque y han tardado un montón en dejarnos subir. Y aquí ha empezado la parte mala del viaje. Justo en Manchester a Eva le ha bajado la regla y le ha empezado a doler muchísimo la barriga. Para colmo, en el avión nos ha tocado al lado un señor Pakistaní (con pasaporte español) que nos ha dado el viaje. Se ha pasado todo el vuelo haciendo ruidos asquerosos con la nariz, aspirando mocos todo el rato en vez de sonarse, y encima ha puesto el volumen de su móvil a tope mientras rezaba. Un horror. Yo estaba en medio sufriendo al señor ruidoso y preocupado por Eva, que lo estaba pasando fatal.
    Menos mal que a mitad del vuelo Eva ha conseguido dormirse un poco y se le ha pasado el mal rato. Al aterrizar en Alicante, hemos recogido la maleta súper rápido y al salir de recoger la maleta facturada ya estaban los padres de Eva para recibirnos.
    Ya de camino en coche a Murcia, hemos ido contándoles todo el viaje a los padres de Eva. Ha sido un viaje increíble, de verdad. Nos ha encantado todo y nos lo hemos pasado súper bien. Se nos ha hecho un poco corto, como siempre pasa con lo bueno, pero estoy seguro de que recordaremos Islandia como uno de los mejores viajes de nuestra vida.
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    Trip end
    February 8, 2026