Fin y recapitulaciones
August 22 in Spain
☀️ 30 °C
El viaje llega definitivamente a su fin.
Es un final largo. Empezamos despidiéndonos de Escocia; Continuamos despidiéndonos del Reino Unido y ahora nos despedimos del barco y 5 horas después de la aventura de este año.
Pero aun así, aún queda tiempo para alguna anécdota que recordar. A las 5 de la mañana Ana decidió que quería ver amanecer en el barco. Subió a la plataforma superior, a oscuras, y se dedicó a correr por cubierta. Los marineros que iban a desayunar o pasaban por allí le preguntaban si necesitaba algo y ella respondía " no solo quiero ver amanecer". Me imagino al pobre marinero, que estará de turno de noche o se habrá levantado muyyy temprano para preparar el atraque en puerto, pensando que en este viaje les acompaña la grilli española.
Esto trajo otras consecuencias encadenadas. Ana se había hecho responsable de poner el despertador. El barco llegaba a las 7, hora del Reino Unido. Así que calculamos que levantándonos a las 6,15, teniendo en cuenta que todo estaba preparado y solo había que coger mochilas y salir, nos daría tiempo de sobra. Eran las 5,45 cuando saltó la alarma. "J..... Ana, ya te vale. Quedamos a las 6,15. Siempre con prisas" dije con un poco de enfado. Pero, tal como me dijo Carlos, Ana llevaba mucho tiempo fuera y la alarma no era suya, era del propio barco. No tardamos en oír en francés, inglés y algo parecido al castellano gallego murciano con mocos, que nos daban los buenos días y vaciáramos las habitaciones prontito. Salimos al holl a tomar un café horrible de la maquina y un par de croissant comprados en Londres y hechos con harina alienígena ( una semana después seguían comestibles) y a recoger a la perra, que estaba absolutamente encantada de haber terminado su condena.
Montamos en la auto y una hora después pudimos enseñar nuestros pasaportes (en castellano, que fácil) y salir conduciendo por la derecha, viendo en los cruces y no teniendo que pensar el carril por el que te toca. Tras vaciar WC y aguas grises en Bilbao, partimos hacia casa.
El camino de vuelta fue muy tranquilo. Paramos a terminar de limpiar más allá de Burgos y paramos a comer en el MacDonalds del Jarama. La perra no protestó ni lloriqueó ni una vez. No sabemos si por la alegría de estar acompañada o por el miedo de que la montáramos de nuevo en el barco.
La llegada a casa fue triste, como es lógico tras unas vacaciones espectaculares. Dos viajes hasta arriba de trastos más otros que esperaban para los próximos días, unas cuantas lavadoras, muchas cosas que ordenar y la triste despedida a Oliver, que marchaba con su padreRead more






