• Cañon de Colca

    June 16, 2025 in Peru ⋅ ☁️ 14 °C

    2:30 klingelte mühsam der Wecker, aber die Fahrt in den “Cañon de Colca” war lang und die Kondore, die wir sehen wollten, fliegen vorallem morgens, also sind wir im Dunkeln los. Beim bekannten Aussichtspunkt "Cruz del Condor" war es aber bewölkt, weshalb der Aufwind fehlte und wir wenig Glück mit den Kondoren hatten. Ausser einem faulen Kondor, der seine Federn putzte, und einem anderen, der weit weg flog, haben wir die Vögel mit der zweitgrössten Flügelspannbreite nicht in Aktion gesehen.
    Die darauffolgende Wanderung in die tiefste Schlucht Americas zu einer kleinen Oase 1000m weiter unten war dafür genial! Danach wurden wir sogar mit einem Pool belohnt. Durch eine Einheimische erfuhren wir, dass täglich frühmorgens einige Maultiere den Hang hinaufgehen und man diese reiten kann. Da wir grosse Rucksäcke, etwas müde Beine und einen Bus zu erreichen hatten, ergriffen wir natürlich die Chance. Also ging es am darauffolgenden Tag um 5:30 wieder früh los. Den steilen Hang aufwärts reitend haben wir dann erkannt, warum es eine Sportart ist. Pünktlich zum Frühstück kamen die Maultiere mit uns nach 1.5 Stunden Sprinttempo im Bergdorf "Cabanaconde" an und unsere Beine waren noch kaputter als vorhin.

    El despertador sonó a las 2.30 de la madrugada, pero el viaje hasta el Cañón de Colca era largo y los cóndores que queríamos ver vuelan sobre todo por la mañana, así que salimos en la oscuridad. Sin embargo, estaba nublado en el famoso mirador "Cruz del Cóndor", por lo que no había corrientes ascendentes y tuvimos poca suerte con los cóndores. Aparte de un cóndor perezoso que se acicalaba las plumas y otro que volaba lejos, no vimos en acción a las aves con la segunda envergadura más grande del mundo.
    La caminata posterior bajando el canyon hasta un pequeño oasis a 1.000 metros de profundidad fue brillante. Después incluso nos recompensaron con una piscina. Un lugareño nos dijo que algunas mulas suben temprano cada mañana y que se puede montar en ellas. Como llevábamos grandes mochilas, las piernas algo cansadas y teníamos que coger un autobús, aprovechamos la oportunidad. Así que al día siguiente salimos temprano, a las 5.30 de la mañana. Subiendo la empinada montado en las mulas, nos dimos cuenta de por qué es un deporte. Las mulas llegaron con nosotros al pueblo de montaña de Cabanaconde justo a tiempo para desayunar tras hora y media de sprint y nuestras piernas estaban aún peor que antes.
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