• Etapa 7 . Triacastela - Portomarín

    Oct 5–6, 2025 in Spain ⋅ ☀️ 18 °C

    Otro día intenso, que empezó medio torcido. Salí tranqui, un poco más tarde de lo habitual, porque el albergue era divino: una casa gallega tradicional, refaccionada con tanto detalle que no podía irme sin recorrerla entera.

    Además, me embola salir junto con el pelotón peregrino. Después tengo que ir esquivando, saludando, escuchando conversaciones ajenas… y no tenía ganas.

    Así que arranqué sola, disfrutando el silencio y la luz baja de la mañana, con el río a la derecha y la ruta a la izquierda. Todo perfecto, hasta que a los dos kilómetros empiezo a sentir un ruidito raro. La rueda se estaba desinflando más rápido que mi compañera de cuarto el otro día.

    ¡Merda!

    Tenía líquido sellador, así que saqué el inflador eléctrico (¡gracias, Mau!), le pegué una inflada y seguí. Pero no duró nada. Volvió a bajar. Entonces llamé al local donde alquilé la bici, con la ingenua esperanza de que me salven. El pibe no tenía idea de dónde estaba y, encima, era domingo. Todo cerrado. “Arreglate”, me dijo.

    OK. “Chica curso” —la que se compró el curso online de mantenimiento de bicis— nunca lo hizo. Tenía cámara de repuesto, herramientas, todo... pero ni puta idea de cómo hacerlo.

    Me cambié las zapatillas y empecé a caminar de vuelta al pueblo, con la esperanza de encontrar a alguien que me ayudara. Al ratito ya tenía plan B, C y D, asi que no me hice mucho problema. Lo peor que me podía pasar era tener que subir la bici a un taxi y que me lleven a destino sin poder pedalear hoy, pero vamos.. que tampoco era tan grave.

    Confiada en mi buena suerte, voy entrando al pueblo y ahi los veo... una parejita de ciclistas yankees preparándose para arrancar su día, y ahi les cai yo para cagarles la mañana. Por suerte el pibe había trabajado en una bicicleteria, y en un ratito ya estaba todo solucionado.

    Eso sí: me quedé sin cámara de repuesto y con la batería del inflador en cero. Así que volví al albergue a cargarlo y, de paso, pedí números de remises por si las moscas. Cualquier desperfecto mecánico y estoy al horno, mejor prevenir.

    Después de chequear que todo anduviera bien por la ruta, me tenté y volví a los senderos. Hermosos, pero rompe-piernas. Un sube y baja constante. (La verdad: tendría que haber seguido por carretera).

    Hubo trepadas que se pasaron de mambo y tuve que bajarme a empujar. Pero en otras, tuve asistencia personalizada y logré seguir. De un lado la escuchaba a la Agus gritándome “¡No te bajás de la bici hasta llegar arriba!”, del otro a la Gise: “¡Vamos amiga, vos re mil podés!”, y atrás a la Meli: “¿Tomaste agua? ¡Comé carbohidratos!”

    Entre risas, recuerdos y aprendizajes, esos mini desafíos se fueron transformando en pequeñas victorias, y asi fueron pasando lentamente los 50km de hoy.
    Agradezco haberme cruzado con estos 3 seres hermosos, que me han acompañado en toda la previa, y también durante el viaje! no solo en mi cabeza sino en el día a día real...

    Otro día largo, pero lleno de aventuras, personas y aprendizajes.
    Lista para descansar, que mañana se viene un día muy, muy esperado!!
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