• Visita: Medina Fez 👣👣

    April 7 in Morocco ⋅ ⛅ 20 °C

    Relato de una visita a la Medina de Fez: desde la Puerta Azul

    Es una mañana soleada en Fez, y me encuentro frente a la imponente Bab Boujloud, la famosa Puerta Azul. Construida en 1913 durante el protectorado francés, pero con un diseño que evoca la arquitectura andalusí y marroquí tradicional, sus azulejos de un azul vibrante (el color emblemático de Fez, por su cerámica) brillan bajo el sol. Del lado de afuera, el azul domina; al cruzarla hacia la medina, el verde (símbolo del Islam) te da la bienvenida. Es como atravesar un portal al corazón medieval de la ciudad más antigua de Marruecos, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

    Al pasar bajo el gran arco de herradura, el bullicio moderno de la plaza exterior se transforma de inmediato. El ruido de los coches desaparece y es reemplazado por el eco de miles de pasos, el repiqueteo de cascos de burros cargados de mercancías, los gritos de los vendedores y el aroma embriagador que ya empieza a envolverlo todo. Justo dentro, una pequeña plaza con cafés y tiendas marca el inicio de las dos arterias principales: Tala’a Kebira (la calle grande) y Tala’a Sghira (la pequeña). Elijo la Kebira, que desciende suavemente hacia el centro de la medina.
    Los callejones son estrechos, a veces tan angostos que dos personas apenas pasan, con paredes de adobe y piedra que han visto siglos de historia. El suelo es empedrado irregular, desgastado por el paso del tiempo. No hay vehículos de motor; todo se mueve a pie, en burro o en carretas manuales. Hay que estar atento: “Balak! Balak!” (¡Cuidado!) avisan los arrieros cuando se acerca una carga de pieles o verduras.
    Los puestos y el bullicio de los souks
    A los pocos metros, ya estoy inmerso en el Souk Boujloud, el mercado de entrada. Los puestos rebosan de productos frescos: montañas de tomates rojos brillantes, berenjenas moradas, hierbas aromáticas (menta, cilantro, perejil) y aceitunas en todos los tamaños y aderezos. Los carniceros cuelgan piezas de cordero y pollo, mientras que los vendedores de especias comienzan a mostrar sus pirámides de colores.

    Más adelante, el aire se llena de olores intensos al entrar en Souk Al-Attarine, el souk de las especias. Aquí los puestos son un festival sensorial: cúrcuma amarilla intensa, pimentón rojo, comino, jengibre, azafrán, ras el hanout (la mezcla emblemática de Fez) y canela en rama. Los vendedores te invitan a oler, tocar y probar. Hay también frutos secos —dátiles jugosos, almendras, nueces, higos— y hierbas medicinales tradicionales. Los colores son tan vivos que parece un arcoíris en la penumbra de los callejones techados con esteras de caña que filtran la luz.

    Sigo caminando y el ambiente cambia. Llego a zonas de artesanía donde los oficios se agrupan por especialidad, como ha sido durante siglos. En una callejuela veo babouches (las zapatillas tradicionales marroquíes) de cuero de todos los colores, desde el clásico amarillo hasta tonos modernos. Más allá, los puestos de cuero: bolsos, chaquetas, poufs (cojines) y cinturones. El olor a curtido es fuerte, recordatorio de las famosas tenerías de Fez que están más adentro (Chouara).

    Los tejidos y alfombras cuelgan de las paredes y techos, creando un túnel de colores: kilims, alfombras bereberes, sedas y telas bordadas. Los orfebres martillean cobre y latón en talleres abiertos, creando bandejas, lámparas y teteras intrincadas. La cerámica de Fez, con sus azules característicos, brilla en platos, tajines y fuentes expuestos en nichos de las paredes.

    Los puestos de comida atraen con su aroma: brochetas de cordero a la parrilla, pastelas (empanadas dulces-saladas), harira (sopa tradicional), dulces de almendra y miel, y zumos de naranja recién exprimidos. Los panaderos sacan hogazas redondas de pan caliente de hornos comunales. En rincones más tranquilos aparecen puestos de henna, velas y perfumes naturales.

    Perdiéndose en el laberinto
    La medina es un verdadero laberinto de más de 9.000 callejones, con unos 14.000 edificios. Es fácil perderse, y eso forma parte de la magia. De vez en cuando salgo a plazas pequeñas como Place Nejjarine (con su fuente y fondouk de carpinteros) o vislumbro minaretes de mezquitas como la Bou Inania o la gran Karaouiyine, una de las universidades más antiguas del mundo.
    El bullicio es constante pero organizado: regateos educados, conversaciones en darija (el árabe marroquí), risas de niños y el llamado a la oración que resuena desde los minaretes cinco veces al día. Al caer la tarde, la luz dorada se filtra por los huecos, creando una atmósfera aún más mágica, y los vendedores encienden faroles de latón que iluminan los puestos con un resplandor cálido.

    Salir de la medina por otra puerta (o volver a Bab Boujloud) después de horas de caminar es como regresar de un viaje en el tiempo. La Medina de Fez no es solo un mercado: es un universo vivo de tradición, artesanía y hospitalidad marroquí que se respira en cada esquina.
    Si visitas Fez, déjate llevar, regatea con una sonrisa y disfruta de cada sentido. ¡Es una experiencia inolvidable!

    P.D: Dormimos en Fes, Parking junto a la Medina. Un lujo…

    34.0645, -4.9813 (lat, lng)
    N 34° 3' 52" W 4° 58' 53" (lat lng)

    Aïn zleten
    30110 Fès
    Morocco
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