• Visita: Casablanca y Kenitra👣👣

    April 25 in Morocco ⋅ ☀️ 23 °C

    Casablanca siempre llega antes en la imaginación que en la carretera. Uno piensa en la mítica Casablanca, en Humphrey Bogart murmurando aquello de “siempre nos quedará París”, y espera encontrar una ciudad detenida en blanco y negro. Pero no. Casablanca es otra cosa: es luz atlántica, ruido, avenidas inmensas, fachadas que mezclan épocas y una energía que te arrastra desde el primer momento.

    Llegamos con esa mezcla de curiosidad y respeto que provocan las grandes ciudades. Casablanca no se enseña de golpe; se va revelando por capas. Primero, el pulso urbano: tráfico, tranvías, edificios modernos y bulevares amplios que parecen no acabarse nunca. Después, poco a poco, aparece su elegancia algo desordenada, su alma viva.

    La primera gran parada, inevitable, fue la impresionante Hassan II Mosque. Y aquí las palabras se quedan pequeñas. Verla levantarse junto al océano es sobrecogedor. Su minarete domina el horizonte como un faro espiritual y el mar rompe a sus pies como si quisiera participar también en el espectáculo.

    Hay lugares que se visitan, y otros que se contemplan en silencio. Este es de los segundos.

    Pasear por su explanada, sentir la brisa del Atlántico y observar los detalles —los mosaicos, las tallas, la geometría infinita— es comprender que no es solo un monumento: es una obra hecha para asombrar. Uno se descubre mirando hacia arriba constantemente.

    Después, tocaba caminar sin prisa por la Corniche, el gran paseo marítimo de la ciudad, en la zona de Ain Diab. Allí Casablanca cambia de registro. Si la mezquita inspira solemnidad, el paseo invita a vivir. Familias paseando, jóvenes frente al mar, terrazas, olas y esa vida atlántica que convierte cualquier tarde en un pequeño acontecimiento.

    Nos sentamos a mirar el océano largo rato, simplemente porque sí. Porque viajar en autocaravana tiene mucho de eso: saber detenerse.

    Y luego están sus grandes avenidas. Recorrer el entorno del Boulevard Mohammed V, la Place Mohammed V y perderse por el centro es descubrir otra Casablanca: monumental, administrativa, elegante, con huellas art déco y una personalidad muy propia. Aquí la ciudad parece dialogar entre pasado colonial, modernidad y tradición marroquí.

    Nos sorprendió esa escala grande de la ciudad. Todo parece pensado en dimensiones generosas: las avenidas, los edificios, los espacios abiertos. Y, sin embargo, siempre aparece una escena pequeña que humaniza el conjunto: un vendedor de zumo, una conversación en una esquina, una sonrisa inesperada.

    Casablanca no es una ciudad que busque seducir al instante. No juega a ser postal. Se deja entender caminándola.

    Y quizá por eso termina gustando tanto.

    Nos fuimos con la sensación de haber visto una ciudad múltiple: espiritual frente al mar, cosmopolita en sus avenidas, relajada en su paseo marítimo, inmensa y cercana a la vez.

    Muchos viajeros la usan como ciudad de paso. Error.

    Casablanca merece parada, tiempo y mirada.

    Porque más allá del mito, hay una ciudad real. Vibrante. Atlántica. Sorprendente.

    Y sí… también tiene algo de cine.

    Nos vemos en Rabat…….

    P.D: Estacionamos en Mohammedia, Camping Said

    33.7252, -7.3369 (lat, lng)
    N 33° 43' 31" W 7° 20' 13" (lat lng)

    R322
    Mohammédia
    Morocco
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