• Visita: Rabat 🚂Kenitra👣👣

    April 26 in Morocco ⋅ ☀️ 24 °C

    📕 Rabat en tren: aventura sobre raíles, medina y regreso triunfal

    Salimos de Kenitra con esa emoción de quien va a vivir una gran expedición… aunque en realidad fueran apenas unos kilómetros en tren y el billete cuesta solo 20 dirhams/ persona/trayecto. Pero por ese precio uno no compra un trayecto, compra una aventura.

    Subimos al tren con la solemnidad de quienes van rumbo a Oriente, aunque nuestro “Transiberiano marroquí” tenía más pinta de cercanías con encanto. Eso sí, qué gusto viajar mirando por la ventanilla, dejando atrás Kenitra mientras el convoy avanzaba con ese traqueteo que invita a pensar tonterías profundas como: qué bien hemos hecho en no coger la autocaravana para meternos en Rabat.

    Llegamos a Rabat, ciudad elegante, tranquila y con ese aire de capital que no necesita presumir porque ya sabe que es guapa.

    Nos lanzamos a recorrer la Medina, ese maravilloso laberinto donde uno entra buscando una calle y sale preguntándose en qué siglo está. Tiendas, olores, artesanos, gatos con más autoridad que algunos alcaldes y ese caos ordenado que solo las medinas saben manejar.

    Y después, joya mayor: la Kasbah de los Oudayas, probablemente el rincón más bonito del Atlántico. Casas blancas y azules, callejuelas impecables, buganvillas por todas partes… un lugar tan bonito que dan ganas de quedarse a vivir allí, siempre que alguien te suba el pan.

    Paseamos como si fuéramos inspectores del patrimonio mundial, admirando cada esquina, y acabamos en sus jardines, frescos y tranquilos, donde por fin comprendimos por qué los marroquíes dominan el arte de sentarse a la sombra sin prisa ninguna, pues cuando aprieta el sol, todas las sombras están ocupadas por gatos o marroquíes. Un auténtico máster en filosofía vital.

    A mediodía tocó comer en la Medina. Y claro, cuando uno dice “vamos a picar algo”, termina saliendo como un sultán después de un banquete. Tajines, pescado y mariscos rebozado frito y una ensalada de tomate, pepino, cebolla y pimiento, súper-fresca que sabe a gloria, y pan para parar un tren —nunca mejor dicho— y esa hospitalidad que hace que siempre te sirvan algo más de lo que creías pedir.

    Con la barriga feliz y el espíritu en paz, seguimos perdiéndonos —voluntariamente, por supuesto— por callejuelas frescas, parques y jardines donde el calor parecía haberse quedado fuera.

    Y llegó el momento del regreso.

    Desde Rabat Ville tomamos el tren de vuelta a Kenitra. Otro billete por 20 dirhams. Insisto: por ese precio en España casi no te dan ni el derecho a mirar el andén. Aquí, en cambio, tienes trayecto, paisaje y hasta sensación romántica.

    El tren avanzaba mientras nosotros ya íbamos haciendo balance de la jornada: capital imperial visitada, medina conquistada, kasbah disfrutada, comida memorable y presupuesto que no arruina a nadie. Operación redonda.

    Al llegar a Kenitra solo quedaba rematar la jornada como mandan los cánones del buen autocaravanista: regresar a nuestra querida casa rodante en el Camping Municipal de Kenitra, poner los pies en alto y declarar oficialmente terminada la expedición.

    Porque sí, algunos cruzan océanos para vivir aventuras.

    Nosotros hemos ido en tren a Rabat por 20 dirhams… y tampoco ha estado nada mal.

    P.D: Estacionamos en Kenitra, Camping Municipal La Chenie

    34.2569, -6.5668 (lat, lng)
    N 34° 15' 25" W 6° 34' 1" (lat lng)

    Avenue Er-Riyade
    Kenitra
    Morocco

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