Arequipa - Huacachina - Paracas
18 Ogos 2023, Peru ⋅ 🌬 22 °C
Desde el frío del desierto chileno decidimos que queríamos pasar los últimos días de nuestro viaje junto al calor del ecuador, y como teníamos que regresar a Lima de todas formas para coger el vuelo de vuelta, decidimos recorrer toda la costa peruana, en busca del sol. Durante este viaje de varios días en autobús hicimos tres paradas.
La primera de ellas fue en Arequipa, ciudad entrañable rodeada de montañas, el lugar que vio nacer a Mario Vargas Llosa y a mi amiga Patricia, donde disfrutamos de la gastronomía y de los free tours. Nada más llegar salimos del hotel tras una muy esperada ducha para cenar chifa, la famosa comida peruana con inspiración china, y también probamos el cuy, que es cobaya frita. La sirven entera en el plato, experiencia no muy agradable aunque, ¡curiosa!
Continuamos nuestro viaje en autobús por la extensa Perú, los asientos son cómodos aunque recorrer tantos quilómetros se hizo algo desesperante. Pasamos junto a las líneas de Nazca, tras ponderarlo mucho decidimos no parar, pues la logística para verlas es complicada y tal vez decepcionante. Puede que lo mejor de las líneas de Nazca sea saber que están ahí, que existen, y no tanto verlas como tal. Aún así conseguimos ver una de las líneas desde el autobús, pues se encontraba sobre la ladera de una colina, y tenía forma de, ¿gato?
Nuestra segunda parada es Huacachina, un oasis de postal. En medio de un desierto de dunas se encuentra un lago rodeado de verde y de pequeños hoteles, como si fuese el dibujo de un oasis como los que nos enseñaban en la escuela. Decidimos subir una de las dunas que lo rodean para ver el lago desde arriba, tarea que me cuesta horrores entre la resistencia que ofrece la arena y el calor, pero merece la pena, pues observamos la inmensidad y oa beleza del desierto de un lado que contrasta con el otro donde se ve la ciudad gris que hay cerca y un montón de casas destarteladas La bajada la hacemos rodando por el suelo, por lo que llegamos al lago entre risas. Por la tarde nos apuntamos a un tour que nos lleva en buggy por las dunas y paramos para hacer sandboard, lo que Gui domina desde el principio y yo me contento con reírme de mis propias caídas. Demostrando que el mundo es un pañuelo, coincidimos en este tour con Gonçal, un chico que conocí en el máster en Barcelona, y su novia. Al principio no nos reconocimos el uno al otro, pues no éramos más que conocidos y hacía varios años que no nos veíamos, pero después de hablar un rato sobre de dónde éramos y nuestros respectivos viajes, ¡acabamos dándonos cuenta de que nos conocemos! Quedamos para cenar con ellos junto al lago y pasamos una noche agradable. Nos explica que toca en un grupo, Drug Holiday, ¡y nos encanta!
Continuamos nuestro viaje, con la tercera y última parada antes de seguir hasta Máncora, en Paracas. Paracas parece un lugar donde los peruanos pasan el verano, solo que ahora se siente vacío por ser invierno y hacer frío y mucho viento. Paseamos por la playa y los alrededores, alquilamos una moto para recorrer la península y hasta vamos en barco a las islas Ballestas, también conocidas como las islas Galápagos de los pobres, donde venos leones marinos y otros animales y aves. Conocemos a un argentino y un suizo que se acaban de conocer hace unos días y están viajando juntos hasta el día siguiente, pues el argentino vuelve a casa, y acabamos pasando una noche en su hostal muy agradable, con comida, bebida y karaoke. También tenemos tiempo en Paracas para hacer maratón de Netflix, con la serie ‘El negocio del dolor’, pues el frío y desolado exterior no nos invita mucho a salir.
Salimos de Paracas para enfrentar los dos últimos días en autobús, que cuestan mucho, pero nos llevan por fin al ecuador, donde siempre se está bien.Baca lagi
















