• DÍA 3

    February 4 in Iceland ⋅ 🌬 3 °C

    Madre mía, qué día. Ha sido una montaña rusa de emociones, literalmente.
    Hoy nos hemos despertado en el Heathland Lodge. Habíamos puesto la alarma a las 7:00, pero estábamos tan reventados de ayer que la hemos pospuesto hasta las 8:00. Aun así, al levantarnos seguía siendo noche cerrada. Como teníamos ese jacuzzi y la sauna increíbles en la terraza, hemos decidido aprovecharlos a tope. Hemos estado como una hora metidos en el agua caliente y metiéndonos en la sauna mientras veíamos amanecer. Las vistas desde la sauna y el jacuzzi son de otro planeta, una pasada.
    Luego nos hemos duchado y ha sido la mejor ducha de nuestra vida. Era toda acristalada, con un chorro en el techo tipo lluvia… increíble. Eso sí, aquí el agua caliente sale directamente de la tierra (geotermal) y tiene un olorcillo característico como a azufre, es súper natural, sale hirviendo.
    Después de eso hemos aprovechado para echarnos unas fotillos y grabar un tiktok jeje. Entre unas cosas y otras se nos ha hecho tardísimo y hemos salido de allí a las 11:30 (El check out era a las 11).
    De camino a nuestra primera parada hemos visto el mítico bus escolar Americano, que además fue la primera cafetería de Islandia, a Eva le hacía muchísima ilusión tomarnos allí una galletita y la verdad que ha sido un acierto porque el bus por dentro era una auténtica monada, Eva se ha tomado una galleta y yo un waffle.
    La primera parada han sido las cascadas. Primero hemos visto Seljalandsfoss, la famosa que se puede pasar por detrás. Nos hemos calado vivos con el spray del agua, pero impresiona muchísimo. Justo al lado está Gljúfrabúi, la "escondida". Para entrar hay que meterse por una especie de grieta en la roca pisando piedras en un riachuelo. Lo curioso es que justo en la entrada había una excavadora moviendo piedras para facilitar el paso, así que hemos tenido suerte. Entrar ahí y ver caer el agua dentro de la cueva ha sido brutal.
    Después hemos ido al glaciar Sólheimajökull. Hemos aparcado y caminado por un sendero de ceniza volcánica negra hasta llegar a la laguna que se forma con el deshielo. Es súper curioso ver el contraste del hielo blanco/azul con la tierra negra. Hemos bajado hasta el agua, hemos tocado el hielo con las manos (estaba helado, obviamente) y nos hemos hecho unas fotos con la Instax que han quedado muy guays.
    Y aquí ha empezado la parte tensa del día. Hemos ido a Dyrhólaey, el acantilado con el arco de piedra enorme y el faro. Hacía un viento bestial, ráfagas de 65 km/h. Al aparcar, le he avisado a Eva: "Cuidado que hace mucho viento". Ella ha ido a abrir la puerta y, de repente, una ráfaga se la ha arrancado de las manos. La puerta ha vencido hacia atrás y ha sonado un crack feo. Eva se ha quedado blanca, no sabía si se había roto o solo cedido, pero en ese momento no hemos querido ni mirar por el agobio.
    Hemos subido a ver el faro y las vistas, que son impresionantes, pero con el viento que hacía yo no estaba cómodo. Eva me ha dicho que ha sentido agobio de verdad, esa sensación de perder el control y notar que la naturaleza es infinitamente más fuerte que tú. Sentía que el viento podía llevarnos si quería.
    De ahí hemos bajado a la playa de Reynisfjara (la de las "Sneaker Waves" o olas asesinas). Es peligrosísima porque las olas te pillan desprevenido y te arrastran. La marea estaba súper alta y el mar revuelto, con olas de 3 o 4 metros que daban miedo. No hemos bajado a la arena porque el agua se comía la playa, así que lo hemos visto desde las rocas. Como aquí los parkings te clavan 6 euros si estás más de 10 minutos, hemos hecho visita exprés: mirar, flipar con la fuerza del mar y correr al coche para no pagar.
    Por fin hemos llegado a Vík, a nuestro alojamiento de hoy: el Guesthouse Carina. Llevábamos días de coña diciendo que este iba a ser el "cutre" del viaje porque en fotos parecía más una casa de pueblo, pero qué va, nos ha sorprendido para bien, está genial y parece un hotel.
    El problema ha sido al aparcar allí. Hemos mirado la puerta del copiloto y… drama. Se había quebrado una pieza, hacía un chirrido horrible al abrir y cerraba mal (entraba aire). Eva se ha puesto a llorar muchísimo, pero he intentado consolarla y hacerle sentir que no pasa nada que es algo que pasa, la pobre se sentía fatal de la culpa pero la verdad que para lo tensa y crítica que era la situación lo hemos llevado súper bien juntos, somos muy buen equipo. Tenemos seguro a todo riesgo, pero en Islandia ningún seguro cubre que el viento te arranque la puerta (lo consideran negligencia). Hemos mirado en internet y la "multa" por esto puede ser de 3.000 o 4.000 euros. Una locura.
    Yo me he puesto en modo "solucionador". He buscado talleres y he encontrado uno aquí al lado con buenas reseñas que arregla justo esto para que la compañía no se dé cuenta. Hemos decidido que mañana a primera hora vamos al taller a ver cuánto nos cobran. Esperemos que no sea mucho.
    Con el disgusto en el cuerpo, hemos visto que el índice de auroras boreales estaba alto, así que hemos decidido salir a probar suerte y quitarnos las penas. ¡Y menos mal! Hemos usado una app para ver dónde las veía la gente y hemos encontrado dos sitios. Se veían a simple vista (flojitas, no como en las fotos, pero se veían las ráfagas en el cielo).
    Lo mejor ha sido en la segunda parada. Estábamos solos en mitad de la nada y ha llegado otro coche. Se ha bajado una chica italiana corriendo hacia Eva y le ha dado un abrazo: "¡Gracie amiga, gracie!". Resulta que nos ha encontrado porque otra persona había subido la foto allí y se pensaban que habíamos sido nosotros quien la habíamos subido. La chica hablaba un poco de español y estaba eufórica, dando saltos con Eva. Ha sido un momentazo súper divertido, hemos estado 20 minutos con ellos (son de Nápoles), nos hemos hecho fotos y hasta ellas se han dado los teléfonos.
    Al final, nos vamos a dormir con una sensación muy guay gracias a las auroras y a los italianos, a pesar del susto de la puerta. Mañana será otro día (y esperemos que con la puerta arreglada).
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