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  • Day5

    Fira la nuit

    August 1 in Greece ⋅ ☀️ 28 °C

    Tras el check in, y refrescarnos un poco, cogimos el bus a Fira con un poco de miedo, porque en todas las webs pone que funciona fatal, pero tras 4 trayectos en ellos, funciona como el Portillo. Tiene su horario y se puede adelantar o atrasar hasta 10 mins, nada grave.

    Llegamos a Fira para las 19:00, ya atardeciendo. Allí vimos un monumento a la Segunda Guerra Mundial, la catedral de aquí, un museo de prehistoria que estaba cerrado (una pena), la plaza central de la ciudad, y un mirador con unas vistas espectaculares a la caldera del volcán pero que ha sido conquistado por bares y restaurantes.

    Unas comprillas más nos sirvieron para seguir paseando por las blancas calles de Fira y para hacer tiempo hasta la hora de cenar, que adelantamos por no haber comido nada a mediodía. Para cenar, tiramos de comida rápida griega: unas pitas de gyros de cerdo y pollo completitas, y en el caso de Pablo y Ana, sin tzatziki. Como curiosidad, las latas de Coca-Cola tienen caras de los Vengadores, están en todos lados.

    Se hizo de noche, y la verdad es que aparte de meterte en bares, no hay mucho más, aunque la ciudad es bonita. Hay mucho contraste entre la parte turística y la zona donde se reunen los taxistas, los conductores de autobús, etc. De esta parte no hay fotos, porque no habia luz apenas en cosas que fotografiar.

    Para volver al hotel, cogimos otro bus, que nos dejaba a 5 mins del hotel. El trayecto en si no fue nada del otro mundo, aunque como curiosidad, los buses son del tipo que se usa en los transportes interurbanos o excursiones escolares, pero va gente de pie hasta que se llena. La cosa divertida iba a ser cuando nos bajásemos porque... No hay ni una farola. En serio, la única que vimos tuvimos suerte porque estaba al lado de nuestra parada. Aún así, tras cruzar esa calle, tuvimos que ir con las linternas de los móviles hasta la puerta del hotel, con coches viniendo en contra y sin acera. Una aventura, vaya.

    Mañana toca ir a Oía, la ciudad de las postales. Ya os contaremos.
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