Con cien cañones por banda, viento en popa...
August 4, Mar Cantábrico
🌬 22 °C
Nos hemos levantado hoy con un surco que recorre la autocaravana de principio a fin. Ana no podía dormir por estar migrañosa y desde las dos ha estado paseando arriba y abajo por los dos metros de pasillo - salon- habitaciones. Entre eso, los movimientos de la perra y de los tres gañanes, ya llevamos el calentamiento completado para el viaje en barco.
A las 8 Ana ya estaba subiendo monte con Fiona mientras yo recogía y preparaba desayunos. A las 9, tras tocar zafarrancho cual recluta de los años 80 en su periodo de campamento, nos pusimos a preparar todo lo que pudiéramos necesitar en el barco. Nos dividimos para comprar comida e ir a la farmacia a por pastillas para desmarear a la perra. Llegó el momento de pasar a cambiar aguas y limpiar wáter para irnos. El tiempo estaba perfectamente ajustado, hasta que, delante nuestra una autocaravana alquilada decidió disfrutar de las maravillas de limpiar las caquitas de todos sus usuarios y de vaciar las aguas grises (las de fregar y ducharse) con cucharilla de café. El resultado es que 20 minutos después seguía haciendo una limpieza que no lleva más de 3. Cuando por fin se fue, una alemanita nos pidió prestado el adaptador de la manguera, porque no tenían y nadie les ayudaba. Otros 10 minutos más.
Intentamos correr para llegar a tiempo, pero lo que nadie te cuenta es que los bilbaínos no son exagerado con la comida o con lo borricos que son. Para exagerados la cantidad de radares por kilómetro cuadrado. Así que no pudimos ganarle ni un minuto al viaje. Pero la destreza del maravilloso conductor que dirigía con seguridad y presteza la autocaravana (yo mismo) permitió que llegáramos a tiempo.
Pasamos por chekin, control de ertxantza, control de guardia civil y control de policía nacional. Como para cruzar con algo ilegal. Y tras una corta espera entramos en el barco. El camarote que habíamos elegido no tenía espacio para la perra, por lo que tendría que pasar el viaje en una zona de jaulas, en una cubierta pequeña.
Así que, a partir de ese momento, se convirtió en nuestro principal lugar para pasar el tiempo.
Este es nuestro segundo viaje en barco. Las condiciones son mucho mejores que en el ferry italiano, pero las horas siguen haciéndose muy largas.
La primera hora la dedicas a explorar el barco, buscar los restaurantes, las mejores vistas, las diferentes cubiertas... Pero una vez visto todo, el tiempo se detiene y comienza a caminar muy despacio. Comemos, paseamos perra, jugamos a las cartas, paseamos perra, tomamos café, paseamos perra, nos sentamos en la cubierta de la perra, paseamos perra, cenamos, paseamos perra y veremos si a las Dos de la mañana paseamos perra de nuevo. El más inteligente de los cuatro ha sido Carlos, que entre paseo y paseo de la perra se ha echado una siesta de las de pijama y orinal.
El afán de pasear tanto a Fiona tiene que ver con su camarote. Una jaula de hierro junto a otras 7 jaulas con otros perros y un trozo pequeñín de cubierta siempre empapado por los dueños que limpian las meadas de sus colegas peludos a manguerazos.
Por fin el Sol se ha puesto. Al ritmo de las horas en barco, en 30 o 40 horas llegará por fin el momento de acostarse.
"Es mi barco mi tesoro,
Es mi dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento
Mi única patria la mar"Read more












Traveler
Si no os han echado del barco daros por contentos 😉