• Edimburgo, la ciudad bajo la ciudad

    August 9 in Scotland ⛅ 21 °C

    A partir de las 5 de la mañana ha estado lloviendo, a veces suave, a veces de forma intensa. Daba mucha pereza salir a mojarnos pero hoy está prevista la salida al centro de Edimburgo y tenemos reservada una visita a las 11,30.
    Tras pasear a Fiona con chaqueta y paraguas (11 grados a 9 de agosto) y desayunar como leones famélicos tras ayuno obligado de 5 semanas, cogimos el tren al centro. Cada día somos más guiris, porque hoy ha sido sencillísimo coger el tren.
    La llegada a la estación de Edimburgo ha sido como llegar a un mini atocha. Salimos en dirección al centro y llegó la primera sorpresa: había que subir por una callejuela, no, eso es inexacto, por callejón tampoco se entiende. Mejor intento describirla. Estrecha como un callejón. Apenas caben 3 personas a la vez. Empinada y llena de escalones. Con una torre medio torcida en medio. Y con unas casas super viejas y todas iguales de entre 7 y 8 pisos de altura. Si la escritora de Harry Potter quisó inspirarse en callejones como este, se quedó muy corta.
    Tras subirla llegamos a una calle ancha que dicen es la descripción del callejón Diagón. Casas iguales que en el callejón anterior, con las fachadas de múltiples colores. Y seguimos subiendo por otro estrecho callejón y llegamos a la calle principal. Eran apenas las 10, 30 de la mañana y ya no se veía el suelo, de tanta gente que había. Tres escoceses tocando música tradicional, gaiteros, magos, payasos y miles de jóvenes con panfletos para que fueras a ver sus obras de teatro o actuaciones varias por la noche. De cada 3 locales, 1 es una sala de actuaciones o un bar. Superan con mucho la fama de Madrid de poder atravesarla de bar en bar cual ardilla prehistorica en la península ibérica.
    El ambiente es brutal. Tanta gente y tan buen rollo. La gente te para por la calle, te pregunta, te regala una sonrisa cuando ven que no te enteras...
    Es la primera vez que oímos hablar (en este caso casi sinónimo de gritar) a españoles. Ni idea de dónde han salido tantos.
    Llegamos a la visita que teníamos programada. "Mary king's close". Resulta que en la edad media se les ocurrió que ya no les gustaba la ciudad y decidieron hacer otra. Pero nada de quitarlo todo. Eso daba mucho trabajo. Cortaron las casas a una altura de 3 - 4 pisos (algunas tenían hasta 8 y 9) hicieron unos arcos para poner suelo y construyeron la ciudad. Y los pobres siguieron viviendo abajo, sin luz, sin ventilación. Solo con algunas escaleras de caracol sin barandilla para entrar y salir a sus calles subterráneas.
    La visita genial. Como vivían las familias, como morían por la peste, donde compraban y lo más interesante, dos habitaciones embrujadas.
    Ya poco nos podía sorprender del resto de Edimburgo. Pero nos encontramos con el cementerio. Ratito tétrico. Una iglesia enorme y a su alrededor cientos de tumbas de diferentes edades. Empezamos la búsqueda hasta dar con la tumba de Thom Raider y Anna Potter.
    Bajo una intensa lluvia terminamos el paseo y regresamos a la autocaravana. Otro día que comíamos despues de las 4, pero las costillas con calabacín valieron la espera.
    Por la tarde volvimos a Edimburgo, ya Ana y yo solos. Carlos y Oliver se quedaron con Fiona en su rato friqui.
    Tres mil paseos más, ahora más tranquilos. Tan tranquilos que cuando miramos el reloj eran las 8,30 y teníamos que volver en tren. Domingo. Hasta las 9,12 no había tren de nuevo, por lo que llegamos a la auto cerca de las 10 de la noche. Si los bobis se llegan a enterar nos detienen por abandono de hogar. Menos mal que como estaban atados a la wifi de la auto sabíamos que ni asomarian la cabeza. Paseo a la perra para que persiguiera algunas ardillitas, unas pizzas para cenar y unas partidas de cartas en las que perdí todas las veces.
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