• Visita: Tánger Ville

    1. maj, Marokko ⋅ ☁️ 20 °C

    📕¡Ea, compadre! Aquí estamos en Tánger, la última parada de este viajecico por Marruecos, y vamos a contártelo en plan murciano puro, con el corazón un poquico encogío pero lleno hasta los topes.

    Llegamos con esa mezcla de “ostras, qué bonito” y “joder, ya se acaba”. Pero nada, que el sol pegaba fuerte y las callejuelas nos llamaban como un buen arroz al horno en domingo.

    La Medina: ¡Qué laberinto, leche!
    Empezamos por la Medina, que es como meterse en un zoco gigante donde las calles se enredan más que los cables del cargador del móvil. Calles estrechas, olores a especias, a cuero, a menta y a ese pan redondo que huele a gloria.

    Los vendedores te llaman con arte: “¡Amigo, ven, barato, solo para ti!”. Y tú vas disimulando como que no, pero al final caes y te llevas una tetera o un par de babuchas que luego no sabes ni pa’ qué las querías.
    Es un sube y baja constante, sudando la gota gorda, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Aquí el tiempo se para, o al menos va más despacio que un tractor en la huerta.

    El Puerto: Vista al Estrecho
    Bajamos hacia el puerto, con ese mar brillando y el Estrecho de Gibraltar ahí delante, tan cerquita que casi ves Tarifa haciendo señas. Barcos grandes, ferrys que van y vienen a España, y esa brisa salada que te refresca la cara.

    Nos paramos un rato mirando el horizonte, pensando que al otro lao está casa, pero que aquí también nos sentimos un poquico en casa ya.

    La Kasbah: Arriba del to’
    Y luego la guinda: subimos a la Kasbah. Madre mía, qué subidón. Calles empedradas, murallas antiguas, puertas que parecen de cuento y rincones con más encanto que un gitano vendiendo melones.

    Visitamos el Palacio Dar-el-Makhzen, que ahora es museo, con sus azulejos, sus patios fresquitos y esa arquitectura que te deja con la boca abierta.
    Pero lo mejor, sin duda, son los miradores. ¡La ostia! Desde la Plaza de la Kasbah o desde Bab al Bahr, las vistas son de postal: el puerto abajo, la Medina extendida como un mar blanco, el Estrecho y, si el día está claro, hasta se intuye la costa española.

    Nos sentamos un rato, con un té a la menta en la mano, mirando todo eso y diciendo: “¡Qué barbaridad, qué bonito es esto!”.

    Un final con el corazón lleno.

    Estamos un poco tristes, sí. Porque el viaje a Marruecos se nos termina y da cosa dejar atrás tanto color, tanto olor, tanta gente con una hospitalidad que te desarma.

    Pero el corazón lo llevamos completo, lleno de recuerdos, de sonrisas de niños por la calle, de regateos épicos, de atardeceres naranjas y de esa sensación de haber conocido un país y unas gentes maravillosas de verdad.

    Volveremos, seguro que sí. Porque Tánger, con su Medina loca, su puerto de película, su Kasbah de reyes y sus miradores que quitan el hipo, se ha ganado un hueco grande en el pecho.

    ¡Hasta pronto, Marruecos! Que nos has tratado como a reyes, y nosotros nos vamos más ricos por dentro.

    ¿Algún consejo pa’ la próxima? ¡Que traigamos más espacio en la autocaravana pa’ tanto recuerdo!
    ¡Venga, un abrazo murciano desde Tánger! 🕌🌊

    P.D: Dormimos en Tánger Ville en el Camping Miramonte

    35.7902, -5.8314 (lat, lng)
    N 35° 47' 25" W 5° 49' 53" (lat lng)

    Merkala-Marshan
    90000 Tangier
    Morocco

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