AJACCIO
September 5 in France ⋅ ☀️ 30 °C
LLEGADA A AJACCIO: DÓNDE EL EMPERADOR SIGUE MANDANDO (PERO NO COBRA EL TRANSPORTE PÚBLICO )
Ubicada en la costa oeste de la isla de Córcega, bañada por el golfo homónimo en el mar Mediterráneo, Ajaccio me recibió con esa mezcla tan francesa de elegancia casual y orgullo corso que raya en lo fanático. Después de tropezar con pueblos insulares anclados en el siglo XIX —o en el medievo, según el nivel de hostilidad del lugareño hacia el continente—, pisar Ajaccio fue como despertar en este milenio. O al menos en los noventa.
UN NAPOLEÓN HASTA EN LA Sopa
Intentar ignorar a Napoleón Bonaparte en esta ciudad es un ejercicio de negación digno de terapia intensiva. El tipo nació aquí en 1769, y los ajacenses se aseguran de que no lo olvides ni por un segundo. Hay estatuas suyas a pie, a caballo, de perfil, de frente, probablemente en versión holográfica bajo las alcantarillas.
Cumplí con el peregrinaje obligatorio y visité su casa natal (Maison Bonaparte), convertida en museo nacional. Es una casona respetable en el corazón del casco antiguo donde el futuro emperador pasó sus primeros años antes de ir a Francia a conquistar Europa y, de paso, inventarse una altura respetable. Recorrer las habitaciones te hace pensar que, con un par de buenas clases de marketing y un cañón bien ubicado, cualquiera de nosotros podría terminar dominando medio continente.
LA MODERNIDAD Y EL MILAGRO DEL TRANSPORTE GRATUITO
A diferencia de los rincones anteriores de la isla, que parecían competir por ver cuál conservaba mejor el encanto rústico a base de desconectar el asfalto y la cobertura móvil, esta ciudad me pareció mucho más moderna y desarrollada. Calles anchas, palmeras bien peinadas, tiendas de marcas que no venden navajas corsas ( por ser estas navajas demasiado económicas) y una infraestructura que casi te hace olvidar que estás en una isla donde las cabras tienen preferencia de paso.
Lo que rozó la ciencia ficción fue el transporte gratis desde el estacionamiento hasta la ciudad. Sí, leyó bien: un servicio público que no te cobra el alma en impuestos municipales ni requiere un riñón como fianza. Dejé el motorhome en el parking habilitado y un autobús impecable me trajo al centro sin vaciarme los bolsillos. En Francia, que te regalen algo sin intentar guillotinarte después es una señal de que el fin del mundo está cerca o de que los políticos locales se confundieron de presupuesto.
UN PUERTO PARA OLVIDAR LAS PENAS (Y LAS CURVAS)
Entre tanto busto imperial y callejuela adoquinada, el puerto me pareció muy bonito. Los veleros amarrados, el agua brillante y las terrazas llenas de turistas componen una postal perfecta. Me senté a mirar el ir y venir de los barcos con la secreta esperanza de no tener que volver a subirme a un Womo en lo que quedaba de viaje.
Poco sabía yo que esa misma tarde se materializaría la gran prueba de fuego de nuestra resistencia marítima.
RUMBO A TOULON Y ADIÓS A LA ISLA
Este fue el día que tomamos el ferry para volver a Toulon y continuar nuestro viaje hasta Chantilly. Dejar Córcega en barco siempre tiene ese toque épico de expedición transoceánica, aunque el trayecto consista básicamente en encomendarse a todos los santos mientras el ferry se menea.
Despedirse de la Córcega salvaje para enfilar hacia el norte continental, pasando por Toulon y con la vista puesta en los castillos y la crema chantilly de Chantilly, supuso el cierre perfecto para esta etapa insular. Ajaccio cumplió: me dio historia imperial, un puerto instagrameable, asfalto moderno y la bendición de un bus gratuito. Napoleón estaría orgulloso, o al menos habría cobrado peaje por el viaje.
EL ARTE DE EMBARCAR MARCHA ATRÁS Y OTRAS EXPERIENCIAS GOURMET EN EL FERRY
Para rematar el día, el embarque al ferry rumbo a Toulon nos regaló subir de últimos y completamente marcha atrás, a ciegas y esquivando la furia de conductores corsos disputándose la entrada como si fuera el último bote del Titanic. Logramos encajar el coche entre gritos, bocinazos y maldiciones en francés antiguo.
EL FANTASMA DE LA BUTACA AJENA
A bordo, descubrimos que nuestros asientos reclinables estaban ocupados por un durmiente furtivo que los había colonizado con su saco de dormir. Ante la falta de fuerzas para el combate, nos tocó tomar una decisión ejecutiva: dormir en el suelo, convertidos en bultos tristes sobre la moqueta sintética mientras el barco se mecía como una coctelera.Read more





































TravelerWow tremendo relato, interesantísimo, súper documentado, me fascinó. Me imagino Uds harán un libro detallado con las fotos también, enhorabuena ㊗️