VERDUN
September 18 in France ⋅ ☁️ 21 °C
EL LABERINTO DE LA MUERTE: DIEZ METROS BAJO TIERRA, DONDE EL INFIERNO AÚN RESPIRA
18 DE SEPTIEMBRE DE 2026: EL DESCENSO AL ABISMO Y LA HUMEDAD QUE SE ADHIERE AL ALMA
El aire huele a óxido, a pólvora rancia y a la desesperación de 300 mil franceses muertos de frío. O al menos eso es lo que juraría si mis pulmones no estuvieran a punto de estallar en este preciso instante. Estoy atrapado. No sé cómo llegué aquí, pero mis botas chapotean sobre un lodo espeso que parece devorar mis tobillos mientras una oscuridad absoluta me aplasta desde los cuatro costados. ¿Diez metros bajo la roca? Qué optimismo tan infundado. Siento que tengo el peso de la historia entera de Europa aplastándome el cráneo, una lápida de siete kilómetros de galerías interminables donde la única música es el eco metálico de obuses invisibles que estallan justo encima de nuestras cabezas.
¡Ah, claro! Los genios del turismo moderno decidieron que lo más divertido para pasar la tarde de un viernes otoñal era meter a los incautos en una especie de carrito futurista y guiado por rieles —una "nacelle" de alta tecnología, dicen ellos— para obligarnos a revivir los sufrimientos de los Poilus en septiembre de 1916. Pero mi cerebro, que siempre ha tenido una inclinación natural hacia el masoquismo psicológico, decidió llevar la experiencia un paso más allá y sumergirme directamente en una pesadilla febril donde yo soy Jean Rivière, un infeliz de veintitrés años que cambió los libros de teología por la metralla alemana.
LA ILUSIÓN DE LA COMODIDAD: UNA BROMA MACABRA A OCHO GRADOS CENTÍGRADOS
Nos prometieron calefacción a vapor, ventilación artificial y bombillas eléctricas. ¡Ja! ¿De qué sirve la electricidad de una planta generadora decimonónica cuando lo único que penetra en tus huesos es un frío polar de ocho grados que te congela hasta el último pensamiento coherente? A mi alrededor, en esta farsa de carrito que avanza a los tumbos por las entrañas de la Ciudadela Subterránea, mi esposa que va atrás, cada tanto le prengunto si está bien pues el silencio y la oscuridad aplasta . Émile el maestro de escuela, Camille el campesino, Louis el comerciante... todos atrapados en este laberinto kilométrico donde alguna vez funcionó una panadería industrial que alimentaba a la carnicería humana de la superficie, mientras una central telefónica transmitía las últimas coordenadas de la masacre.
Y mientras el carrito traquetea por los túneles oscuros, mi mente —siempre tan oportuna— decide hacer comparaciones odiosas. Porque si hay algo que puede superar el terror claustrofóbico de estar enterrado vivo en la campiña francesa, es recordar el día en que se me ocurrió la brillante idea de bajar a la mina de carbón de Lota, cerca de Concepción, en ese Chile sísmico, impredecible y maldito por los dioses de la tectónica de placas.
LA ÚNICA COMPARACIÓN VÁLIDA: EL DESCENSO A LAS ENTRAÑAS DEL PACÍFICO
Comparado con la mina de Lota, lo de Verdún casi parece un parque de diversiones para niños bien educados. Porque en Lota no te subes a un carrito silencioso con visores virtuales de última generación; te metes —junto a otros insensatos y un "experto guía" que sonríe con demasiada tranquilidad— en una jaula de hierro oxidado, con el mantenimiento preventivo de una cortadora de pasto vieja, para descender a pique debajo del mismísimo Océano Pacífico. Ahí abajo, con el agua salada filtrándose a través de la roca marina por encima de tu coronilla y un temblor de tierra de esos que sacuden el cono sur cada martes como telón de fondo, la única luz del universo entero depende de la pequeña bombilla sucia pegada a tu casco de minero. ¡Eso sí es terror del bueno, no esta obra de teatro multimedia para turistas con tarjeta de crédito!
Pero aquí, en Verdún, la pesadilla tiene un barniz histórico tan pesado que te asfixia. Los cascos de realidad aumentada te restriegan en la cara la tragedia del Soldado Desconocido, ese cadáver anónimo que sacaron de estos mismos pasadizos para enterrarlo bajo el Arco del Triunfo. ¿Y yo? Yo sigo aquí, atrapado en el túnel número cuatro, sintiendo que el lodo me traga por completo, que los alemanes están a punto de reventar las compuertas y que...
EL DESPERTAR: UN RESPIRO EN LA SUPERFICIE DE LA REALIDAD
¡Mierda!
Abro los ojos de golpe. Las sábanas de la cama del Motorhome están empapadas en sudor frío. La luz del sol de septiembre de 2026 se cuela a través de la ventana, iluminando la pantalla de mi teléfono donde tengo guardadas las fotos y los pequeños videos de la visita real que hice ayer a la Citadelle Souterraine de VERDUN . No hay soldados franceses, no hay obuses cayendo sobre Fleury, ni estoy atrapado bajo el mar chileno a punto de sufrir un sismo de grado 9,5.
Solo soy yo, recuperando el aliento tras una sobredosis de historia bélica, maldiciendo el momento en que se me ocurrió mezclar el turismo de trincheras con una cena demasiado pesada. Pero, maldita sea, la experiencia de recorrer esos siete kilómetros de túneles oscuros se te mete tan adentro de la piel que, por unos momentos, la pesadilla se siente mil veces más real que la propia vida.
🇩🇪 DAS LABYRINTH DES TODES: ZEHN METER UNTER DER ERDE, WO DIE HÖLLE NOCH ATMET
18. SEPTEMBER 2026: DER ABSTIEG IN DEN ABGRUND UND DIE FEUCHTIGKEIT, DIE SICH AN DIE SEELE KLAMMERT
Die Luft riecht nach Rost, ranzigem Schießpulver und der Verzweiflung von 300 Tausend vor Kälte erstarrten Franzosen. Oder zumindest würde ich darauf schwören, wenn meine Lungen in diesem genauen Augenblick nicht kurz davor wären zu platzen. Ich stecke fest. Ich weiß nicht, wie ich hierhergekommen bin, aber meine Stiefel platsche in einen dicken Schlamm, der meine Fußknöchel zu verschlingen scheint, während eine absolute Finsternis mich von allen vier Seiten erdrückt. Zehn Meter unter dem Felsen? Was für ein unbegründeter Optimismus. Ich spüre, wie das Gewicht der gesamten europäischen Geschichte meinen Schädel zerquetscht – ein Grabstein aus sieben Kilometern endlosen Gängen, in denen die einzige Musik das blecherne Echo unsichtbarer Granaten ist, die direkt über unseren Köpfen explodieren.
Ach, natürlich! Die Genies des modernen Tourismus beschlossen, dass das größte Vergnügen für einen herbstlichen Freitagnachmittag darin bestünde, die Naiven in eine Art futuristischen, schienengebundenen Wagen zu stecken – eine "Nacelle" mit Hochtechnologie, wie sie es nennen –, um uns zu zwingen, die Leiden der Poilus vom September 1916 noch einmal zu erleben. Aber mein Gehirn, das schon immer eine natürliche Neigung zum psychologischen Masochismus hatte, beschloss, die Erfahrung noch einen Schritt weiter zu treiben und mich direkt in einen Fiebertraum zu stürzen, in dem ich Jean Rivière bin, ein unglücklicher Dreiundzwanzigjähriger, der die theologischen Bücher gegen deutsches Schrapnell eintauschte.
DIE ILLUSION DES KOMFORTS: EIN MAKABRER SCHERZ BEI ACHT GRAD CELSIUS
Man versprach uns Dampfheizung, künstliche Belüftung und elektrische Glühbirnen. Ha! Was nützt die Elektrizität eines Generators aus dem 19. Jahrhundert, wenn das Einzige, was in deine Knochen dringt, eine polare Kälte von acht Grad ist, die jeden noch so klaren Gedanken in dir einfriert? Um mich herum, in dieser Farce eines Wagens, der rumpelnd durch das Innere der unterirdischen Zitadelle fährt, frage ich von Zeit zu Zeit meine Frau, die hinten sitzt, ob es ihr gut geht, da Stille und Finsternis erdrücken. Émile, der Lehrer; Camille, der Bauer; Louis, der Kaufmann... sie alle gefangen in diesem kilometerlangen Labyrinth, in dem einst eine Industriepäckerei funktionierte, die die menschliche Fleischmühle an der Oberfläche verpflegte, während eine Telefonzentrale die letzten Koordinaten des Gemetzels übermittelte.
Und während der Wagen durch die dunklen Tunnel rattert, beschließt mein Geist – wie immer so gelegen –, abscheuliche Vergleiche anzustellen. Denn wenn es etwas gibt, das den klaustrophobischen Terror übertreffen kann, lebendig im französischen Land begraben zu sein, dann ist es die Erinnerung an den Tag, an dem mir die brillante Idee kam, in die Kohlemine von Lota hinabzusteigen, in der Nähe von Concepción, in jenem seismischen, unberechenbaren und von den Göttern der Plattentektonik verfluchten Chile.
DER EINZIGE GÜLTIGE VERGLEICH: DER ABSTIEG IN DIE TIEFEN DES PAZIFIK
Verglichen mit der Mine von Lota wirkt das in Verdun fast wie ein Vergnügungspark für gut erzogene Kinder. Denn in Lota steigt man nicht in einen leisen Wagen mit virtuellen High-Tech-Brillen; man drängt sich – zusammen mit anderen Verrückten und einem "erfahrenen Führer", der viel zu gelassen lächelt – in einen verrosteten Eisenkäfig, der die präventive Wartung eines alten Rasenmähers hat, um steil unter den Pazifischen Ozean hinabzufahren. Da unten, wo das Salzwasser durch das Meeresgestein über deinen Scheitel tropft und ein Erdbeben von jener Sorte, die jeden Dienstag den Südkegel erschüttert, als Hintergrund dient, hängt das einzige Licht des gesamten Universums von der kleinen, schmutzigen Glühbirne ab, die an deinem Bergmannshelm klebt. Das nenne ich echten Terror, nicht dieses Multimediastück für Touristen mit Kreditkarte!
Aber hier, in Verdun, hat der Albtraum eine so schwere historische Patina, dass er dich erstickt. Die Augmented-Reality-Helme reiben dir die Tragödie des Unbekannten Soldaten unter die Nase, jener anonymen Leiche, die man aus genau diesen Gängen herausholte, um sie unter dem Triumphbogen zu begraben. Und ich? Ich bin immer noch hier, gefangen im Tunnel Nummer vier, und spüre, wie der Schlamm mich vollständig verschlingt, wie die Deutschen kurz davor sind, die Schleusentore zu sprengen, und dass...
DAS ERWACHEN: EIN DURCHATMEN AN DER OBERFLÄCHE DER WIRKLICHKEIT
Verdammt!
Ich reiße die Augen auf. Die Laken des Bettes im Wohnmobil sind vor kaltem Schweiß durchnässt. Das Sonnenlicht des September 2026 dringt durch das Fenster und beleuchtet das Display meines Telefons, auf dem ich die Fotos und kleinen Videos des realen Besuchs gespeichert habe, den ich gestern in der unterirdischen Zitadelle von VERDUN gemacht habe. Keine französischen Soldaten, keine Granaten, die auf Fleury einschlagen, und ich stecke auch nicht unter dem chilenischen Meer fest, kurz davor, ein Erdbeben der Stärke 9,5 zu erleiden.
Ich bin es nur selbst, der nach einer Überdosis Kriegsgeschichte zu Atem kommt und den Moment verflucht, in dem mir einfiel, Schützengrabentourismus mit einem viel zu schweren Abendessen zu vermischen. Aber, verdammt noch mal, die Erfahrung, diese sieben Kilometer dunklen Tunnel zu durchqueren, dringt so tief unter die Haut, dass sich der Albtraum für ein paar Momente tausendmal realer anfühlt als das Leben selbst.
🇬🇧 THE LABYRINTH OF DEATH: TEN METERS UNDERGROUND, WHERE HELL STILL BREATHES
SEPTEMBER 18, 2026: THE DESCENT INTO THE ABYSS AND THE MOISTURE THAT CLINGS TO THE SOUL
The air smells of rust, stale gunpowder, and the despair of 300 thousand Frenchmen frozen to death. Or at least that is what I would swear if my lungs weren't about to burst at this very precise instant. I am trapped. I don't know how I got here, but my boots splash over thick mud that seems to devour my ankles while an absolute darkness crushes me from all four sides. Ten meters beneath the rock? What an unfounded optimism. I feel like I have the weight of the entire history of Europe crushing my skull—a tombstone of seven kilometers of endless galleries where the only music is the metallic echo of invisible shells exploding right above our heads.
Oh, of course! The geniuses of modern tourism decided that the most fun way to spend an autumn Friday afternoon was to cram the unwary into some sort of futuristic, rail-guided cart—a high-tech "nacelle," as they call it—to force us to relive the sufferings of the Poilus in September 1916. But my brain, which has always had a natural inclination toward psychological masochism, decided to take the experience one step further and plunge me straight into a feverish nightmare where I am Jean Rivière, an unhappy twenty-three-year-old who traded theology books for German shrapnel.
THE ILLUSION OF COMFORT: A MACABRE JOKE AT EIGHT DEGREES CELSIUS
We were promised steam heating, artificial ventilation, and electric lightbulbs. Ha! What good is the electricity of a nineteenth-century generating plant when the only thing that penetrates your bones is a polar cold of eight degrees that freezes every last coherent thought in your head? Around me, in this farce of a cart jolting through the bowels of the Underground Citadel, I ask my wife, who is sitting in the back, every now and then if she is all right, as the silence and darkness crush us. Émile the schoolteacher, Camille the peasant, Louis the shopkeeper... all of them trapped in this kilometer-long labyrinth where an industrial bakery once operated to feed the human meat-grinder of the surface, while a telephone switchboard transmitted the latest coordinates of the carnage.
And while the cart rattles through the dark tunnels, my mind—always so timely—decides to make odious comparisons. Because if there is anything that can surpass the claustrophobic terror of being buried alive in the French countryside, it is remembering the day I came up with the brilliant idea of descending into the Lota coal mine, near Concepción, in that seismic, unpredictable Chile cursed by the gods of plate tectonics.
THE ONLY VALID COMPARISON: THE DESCENT INTO THE BOWELS OF THE PACIFIC
Compared to the Lota mine, Verdun almost looks like an amusement park for well-behaved children. Because in Lota you don't get into a silent cart with state-of-the-art virtual visors; you squeeze yourself—along with other fools and an "expert guide" who smiles way too calmly—into a rusty iron cage with the preventive maintenance of an old lawnmower, to descend steeply beneath the Pacific Ocean itself. Down there, with saltwater filtering through the sea-rock right above your crown and an earthquake of the kind that shakes the Southern Cone every Tuesday serving as background, the whole universe's only light depends on the small, dirty bulb stuck to your miner's hard hat. Now that is good terror, not this multimedia play for tourists with credit cards!
But here, in Verdun, the nightmare has such a heavy historical varnish that it suffocates you. The augmented reality helmets rub the tragedy of the Unknown Soldier in your face—that anonymous corpse pulled from these very passageways to be buried under the Arc de Triomphe. And me? I am still here, trapped in tunnel number four, feeling the mud swallow me completely, feeling the Germans about to blow open the floodgates, and that...
THE AWAKENING: A BREATH OF FRESH AIR ON THE SURFACE OF REALITY
Shit!
I snap my eyes open. The sheets of the motorhome bed are soaked in cold sweat. The sunlight of September 2026 filters through the window, illuminating the screen of my phone where I have saved the photos and short videos of the real visit I made yesterday to the Citadelle Souterraine of VERDUN. There are no French soldiers, no shells falling on Fleury, nor am I trapped under the Chilean sea about to suffer a magnitude 9.5 earthquake.
It's just me, catching my breath after an overdose of war history, cursing the moment I thought it was a good idea to mix trench tourism with a way too heavy dinner. But, dammit, the experience of walking through those seven kilometers of dark tunnels gets so deep under your skin that, for a few moments, the nightmare feels a thousand times more real than life itself.Read more
AMIENS (Jules Verne)
September 16 in France ⋅ ⛅ 27 °C
CHANTILLY: EL MOTOR DE LA ILUSIÓN (Y EL AGRIDULCE DESENCANTO)
Arrancamos este tramo el 12 de septiembre pisando suelo en Chantilly. Para mí, lo confieso sin vergüenza, Chantilly era la Meca, el imán, la razón suprema de este viaje (o al menos la excusa perfecta para justificar los gastos ante la conciencia). Y claro, el destino quiso ponerse generoso: resulta que llegamos justo en medio de los preparativos para la gran exposición de autos del 13 de septiembre. ¿El resultado? Por la módica y casi insultante cifra de 9 euros —lo que cuesta ver tres matas y un pato en cualquier jardín europeo— nos colamos al aperitivo del evento automovilístico. Ver aquellas joyas rodantes antes de que llegara la marabunta de ricos y famosos fue un auténtico manjar que, por supuesto, celebramos como corresponde: con una sonrisa de oreja a oreja.
Pero, amigos, la dicha en casa del pobre dura poco. Tras estirar la estadía hasta el 15 de septiembre, el balance final nos dejó un no muy buen sabor de boca. Por un lado, el dolor de ver un paisaje y una topografía que suplicaban ser devorados en bicicleta, pero con unas infraestructuras y políticas pro-ciclistas que parecían diseñadas por un enemigo del pedal. Y por el otro, el pueblo de Chantilly en sí: arquitectónicamente hablando, un espejismo. Prometía castillos de cuento y nos dejó con la sensación de que los arquitectos locales se habían tomado unas vacaciones permanentes. Menos mal que las pompas de jabón del glamour equino y automovilístico salvan el orgullo local, porque de lo contrario nos vamos llorando.
AMIENS: LADRILLO NORTEÑO Y REDENCIÓN SOBRE DOS RUEDAS
Por suerte, la providencia (o el GPS que ya empieza a alucinar) nos desvió hacia Amiens. Y ahí la cosa cambió de tercio de golpe. ¡Bendita Amiens! Con apenas movernos unos 100 kilómetros hacia el norte, parecía que habíamos cruzado un portal dimensional: los materiales de construcción dieron un giro copernicano y el ladrillo rojo se apoderó de todo en su esplendor obrero y señorial, dándole un toque norteño indiscutible, flanqueado además por canales que ya quisieran los de Ámsterdam para sus postales de turistas perdidos. Aquí, amigos, la bicicleta volvió a ser reina y señora, permitiéndonos rodar sin miedo a morir en el intento.
LA CASA DE JULES VERNE: UN VIAJE AL CENTRO DE LA IMAGINACIÓN
Pero si Amiens tiene un dueño indiscutible, ese no es el alcalde ni el obispo de su catedral gótica: es JULES VERNE . Este personaje es el dueño y señor de cada metro cuadrado de la ciudad. Hay museo de Jules Verne, calle Jules Verne, universidad Jules Verne, panadería Jules Verne (bueno, casi) y probablemente hasta los perros callejeros ladran en código morse imaginando viajes a la luna. Por supuesto, caímos rendidos ante la evidencia y fuimos a visitar la famosa casa donde este genio pasó la mitad de su vida más prolífica.
La mansión en cuestión es una coqueta y muy peculiar casa de esquina que ya desde la entrada te impone respeto. Arrancamos el recorrido pisando lo que en su día debió ser un patio de invierno, presidido por un techo de vidrio amplio y luminoso que te hace sentir en un invernadero burgués del siglo XIX. De ahí desfilamos hacia el comedor y la sala de estar, donde uno casi espera ver al mismísimo Phileas Fogg tomándose el té con la pipa humeante.
Y entonces empezó la verdadera prueba de cardio: trepar por una escalera de caracol que desafía las leyes de la física y de las rodillas humanas. Arriba te esperan estancias impregnadas de mobiliario de época y recuerdos tan fascinantes que despiertan la imaginación al grado máximo, recordándote por qué sus novelas nos volaron la cabeza de niños (y nos la siguen volando). Seguimos subiendo —perdí la cuenta exacta de los escalones, creo que pasé por tres dimensiones distintas— hasta llegar a su sanctasanctórum (Artilugios utópicos): su estudio de trabajo y su dormitorio. Ahí, entre maquetas y artilugios que parecen sacados de una mente febril, pude ver representadas en un 3D muy particular esas máquinas imposibles para la época que anticiparon submarinos, naves espaciales y cohetes a la luna. Una auténtica genialidad de un hombre que viajó por todo el universo conocido sin moverse de su escritorio.
Para rematar la faena y no colapsar en el intento de bajar por el mismo sitio, la salida se hace descendiendo por otra escalera de caracol, esta vez perfectamente integrada en la torre que domina la imponente estructura de la casa. Salimos de allí mareados, con las retinas llenas de literatura y con la firme sospecha de que, si Jules Verne viviera hoy, ya nos habría inventado una bicicleta con propulsión a chorro para no sufrir la no existencia de rutas de bicicleta de Chantilly.
¡Continuará... si las piernas y la cordura aguardan!
🇩🇪Deutsch
**CHANTILLY: DER MOTOR DER ILLUSION (UND DIE BITTERSÜSSE DESILLUSION)**
Wir starteten diesen Abschnitt am 12. September auf dem Boden von Chantilly. Ich gestehe es ohne Scham: Für mich war Chantilly das Mekka, der Magnet, der ultimative Grund für diese Reise (oder zumindest die perfekte Ausrede, um die Ausgaben vor meinem Gewissen zu rechtfertigen). Und das Schicksal zeigte sich großzügig: Wir kamen genau mitten in die Vorbereitungen für die große Autoausstellung am 13. September. Das Ergebnis? Für den lächerlichen und fast schon beleidigenden Preis von 6 Euro – was in jedem europäischen Garten drei Pflanzen und eine Ente zu sehen kostet –erschlichen wir uns den Aperitif des Autoevents. Diese rollenden Juwelen zu sehen, bevor die Horde der Reichen und Berühmten eintraf, war ein wahres Festmahl, das wir natürlich gebührend feierten: mit einem breiten Grinsen von Ohr zu Ohr.
Doch, Freunde, das Glück im Haus des Armen währt nicht lange. Nachdem wir den Aufenthalt bis zum 15. September ausgedehnt hatten, hinterließ die Bilanz keinen besonders guten Nachgeschmack. Einerseits der Schmerz, eine Landschaft und Topografie zu sehen, die danach schrien, mit dem Fahrrad verschlungen zu werden – aber mit Radinfrastrukturen und -politiken, die von einem Feind des Pedals entworfen zu sein schienen. Andererseits das Dorf Chantilly selbst: architektonisch gesprochen eine Fata Morgana. Es versprach Märchenschlösser und ließ uns mit dem Gefühl zurück, die lokalen Architekten hätten sich in den dauerhaften Urlaub verabschiedet. Zum Glück retten das Pferde- und Autoglamour den lokalen Stolz, sonst wären wir heulend abgereist.
**AMIENS: NÖRDLICHER ZIEGEL UND ERLÖSUNG AUF ZWEI RÄDERN**
Zum Glück leitete uns die Vorsehung (oder das GPS, das schon halluziniert) nach Amiens um. Und dort änderte sich alles schlagartig. Gesegnetes Amiens! Kaum 100 Kilometer nördlich gefahren, schien es, als wären wir durch ein dimensionales Portal gereist: Die Baumaterialien vollzogen eine kopernikanische Wende, und der rote Ziegel eroberte alles in seiner proletarischen und herrschaftlichen Pracht, verlieh dem Ort einen unbestreitbar nordischen Touch – flankiert zudem von Kanälen, die sich Amsterdam für seine Touristenpostkarten nur wünschen könnte. Hier, Freunde, war das Fahrrad wieder König und Herrin und erlaubte uns, ohne Todesangst zu radeln.
**DAS HAUS VON JULES VERNE: EINE REISE ZUM ZENTRUM DER PHANTASIE**
Doch wenn Amiens einen unbestrittenen Herrscher hat, dann ist das weder der Bürgermeister noch der Bischof seiner gotischen Kathedrale: Es ist JULES VERNE. Der Typ ist Eigentümer und Gebieter jedes Quadratzentimeters der Stadt. Es gibt ein Jules-Verne-Museum, eine Jules-Verne-Straße, eine Jules-Verne-Universität, eine Jules-Verne-Bäckerei (na ja, fast) und wahrscheinlich bellen sogar die Straßenhunde im Morsecode und träumen von Reisen zum Mond. Natürlich ergaben wir uns der Evidenz und besuchten das berühmte Haus, in dem dieses Genie die Hälfte seines produktivsten Lebens verbrachte.
Die besagte Villa ist ein charmantes und sehr eigentümliches Eckhaus, das schon am Eingang Respekt einflößt. Wir begannen die Tour auf dem, was einst ein Wintergarten gewesen sein muss, gekrönt von einem großen, lichtdurchfluteten Glasdach, das sich wie ein bürgerliches Gewächshaus des 19. Jahrhunderts anfühlt. Von dort schlenderten wir ins Esszimmer und Wohnzimmer, wo man fast erwartet, Phileas Fogg persönlich beim Tee mit rauchender Pfeife anzutreffen.
Dann begann die wahre Cardio-Prüfung: das Erklimmen einer Wendeltreppe, die die Gesetze der Physik und der menschlichen Knie herausfordert. Oben erwarten dich Räume, durchdrungen von zeitgenössischem Mobiliar und so faszinierenden Erinnerungsstücken, dass sie die Vorstellungskraft aufs Maximum beflügeln und dich daran erinnern, warum seine Romane uns als Kinder (und bis heute) den Kopf verdreht haben. Wir stiegen weiter – ich verlor die genaue Stufenzahl, glaube, ich durchquerte drei verschiedene Dimensionen – bis zu seinem Sanctasanctórum (Utopische Geräte): seinem Arbeitszimmer und Schlafzimmer. Dort, zwischen Modellen und Apparaten, die einer fiebernden Fantasie entsprungen scheinen, sah ich in einem besonderen 3D jene für die Zeit unmöglichen Maschinen, die U-Boote, Raumschiffe und Mondraketen vorwegnahmen. Eine wahre Genialität eines Mannes, der das gesamte bekannte Universum bereiste, ohne seinen Schreibtisch zu verlassen.
Um das Werk zu vollenden und nicht beim Abstieg über dieselbe Stelle zu kollabieren, verlässt man das Haus über eine weitere Wendeltreppe, diesmal perfekt integriert in den Turm, der die imposante Struktur des Hauses überragt. Wir verließen es schwindelig, die Netzhaut voll Literatur und mit dem festen Verdacht: Hätte Jules Verne heute gelebt, hätte er uns längst ein Fahrrad mit Jetantrieb erfunden, um das Fehlen von Radwegen in Chantilly nicht ertragen zu müssen.
**Fortsetzung folgt… sofern Beine und Verstand durchhalten!
🇬🇧 English
**CHANTILLY: THE ENGINE OF ILLUSION (AND THE BITTERSWEET DISILLUSION)**
We kicked off this leg on September 12, setting foot in Chantilly. I’ll confess without shame: for me, Chantilly was the Mecca, the magnet, the supreme reason for this trip (or at least the perfect excuse to justify the expenses to my conscience). And fate decided to be generous: we arrived right in the middle of preparations for the big car exhibition on September 13. The result? For the modest and almost insulting sum of 6 euros —what it costs to see three plants and a duck in any European garden— we snuck into the event’s aperitif. Seeing those rolling jewels before the horde of the rich and famous arrived was a true delicacy, which of course we celebrated properly: with a grin from ear to ear.
But, friends, happiness in a poor man’s house doesn’t last long. After stretching our stay until September 15, the final balance left a rather bad taste in our mouths. On one hand, the pain of seeing a landscape and topography begging to be devoured by bicycle, yet with cycling infrastructures and policies that seemed designed by an enemy of the pedal. On the other, the village of Chantilly itself: architecturally speaking, a mirage. It promised fairy-tale castles and left us with the feeling that local architects had taken permanent vacation. Thankfully, the soap bubbles of equestrian and automotive glamour save local pride; otherwise, we would have left in tears.
**AMIENS: NORTHERN BRICK AND REDEMPTION ON TWO WHEELS**
Luckily, providence (or the GPS, which is starting to hallucinate) diverted us toward Amiens. And there, things changed in an instant. Blessed Amiens! After moving barely 100 kilometers north, it felt like we had crossed a dimensional portal: construction materials took a Copernican turn, and red brick took over everything in its working-class and stately splendor, giving it an unmistakably northern touch, flanked moreover by canals that Amsterdam would envy for its tourist postcards. Here, friends, the bicycle was once again king and queen, allowing us to ride without fear of dying in the attempt.
**THE HOUSE OF JULES VERNE: A JOURNEY TO THE CENTER OF IMAGINATION**
But if Amiens has an undisputed owner, it’s neither the mayor nor the bishop of its Gothic cathedral: it’s JULES VERNE. The guy owns and rules every square meter of the city. There’s a Jules Verne museum, Jules Verne street, Jules Verne university, Jules Verne bakery (well, almost), and probably even stray dogs bark in Morse code imagining trips to the moon. Of course, we surrendered to the evidence and visited the famous house where this genius spent half of his most prolific life.
The mansion in question is a charming and very peculiar corner house that commands respect from the very entrance. We began the tour stepping onto what must once have been a winter courtyard, presided over by a large, luminous glass ceiling that makes you feel like you’re in a 19th-century bourgeois greenhouse. From there, we paraded into the dining room and living room, where one almost expects to see Phileas Fogg himself having tea with a smoking pipe.
Then came the real cardio test: climbing a spiral staircase that defies the laws of physics and human knees. Upstairs, rooms await you, steeped in period furniture and fascinating memorabilia that spark the imagination to the maximum, reminding you why his novels blew our minds as children (and still do). We kept climbing —I lost the exact count of steps, I think I passed through three different dimensions— until reaching his sanctasanctórum (Utopian Gadgets): his study and bedroom. There, among models and contraptions that seem to come from a feverish mind, I could see represented in a very particular 3D those machines impossible for the time, which anticipated submarines, spaceships, and moon rockets. A true genius of a man who traveled the entire known universe without moving from his desk.
To cap it off and avoid collapsing on the way down the same route, the exit is made by descending another spiral staircase, this time perfectly integrated into the tower that dominates the imposing structure of the house. We left dizzy, retinas full of literature, and with the firm suspicion that, if Jules Verne were alive today, he would have already invented a jet-propelled bicycle so we wouldn’t have to suffer the non-existence of bike routes in Chantilly.
To be continued… if legs and sanity hold out!Read more

Was für eine tolle Reise und welch wunder(!)bare Eindrücke! Danke, dass ihr sie mit mir teilt! [Martina]
CHANTILLY
September 13 in France ⋅ ⛅ 24 °C
EL ARTE DE GASTAR UNA FORTUNA EN RUEDAS DESDE CHANTILLY
Diario de viajes de DerBlaueBussle………
Bienvenidos a Chantilly, ese rincón de la Francia profunda donde la burguesía decidió que el césped no pisado vale más que tu casa, tu coche y tus deudas estudiantiles juntas. Ubicada en el departamento de Oise, a apenas 50 kilómetros de París, esta pintoresca localidad presume de canales, bosques y una atmósfera muy aristocrática. Aquí vine a pasar el domingo 13 de septiembre de 2026, con la firme intención de entender por qué la gente prefiere contemplar tuercas relucientes, y de paso, cuestionar mis propias decisiones financieras.
UN CONCURSO DE ELEGANCIA QUE DEJA A LAS PASARELAS DE MILÁN EN PAÑALES
Definir el "Chantilly Arts & Elegance - Richard Mille" sin caer en la Exageración es imposible. Se trata básicamente de un pretexto excéntrico y de alta gama donde la industria automotriz más rica del planeta se da cita con la alta costura para demostrarle al mundo que el dinero, cuando abunda de verdad, se gasta en cosas tan absurdamente bellas como inútiles. Aquí los prototipos del futuro y los clásicos de museo desfilan al unísono mientras los asistentes intentan sostener una copa de champaña sin desmayarse
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UN CASTILLO DE CUENTO DE HADAS PARA MILLONARIOS CON MUY BUEN GUSTO
El escenario de semejante despliegue de vanidad es el imponente Château de Chantilly, una joya arquitectónica renacentista rodeada de fosos de agua, torres de postal y unos jardines kilométricos diseñados por el mismísimo Le Nôtre. El castillo no es solo un telón de fondo bonito para sacarse fotos de perfil; es el protagonista pasivo que le otorga al evento esa pátina de nobleza feudal. Básicamente, sirve para recordarte que, aunque te compres un coche idéntico al que está expuesto, jamás vas a poseer la elegancia histórica de desayunar rodeado de obras de arte invaluables mientras ves desfilar hiperautos sobre un césped inmaculado, menos el día del evento
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EL TAMAÑO SÍ IMPORTA CUANDO SE TRATA DE PRESUPUESTOS MILLONARIOS
Para que dimensionemos el nivel de delirio en el que me metí este domingo, hablemos de cifras, porque el tamaño de este evento es tan obsceno como fascinante. Estamos hablando de una reunión masiva que congregó a unos 28,000 visitantes dispuestos a pagar por ver una concentración de más de 1,000 vehículos de excepción dispersos por los dominios del palacio. Entre ellos, destacan 900 autos clásicos aportados por unos 40 clubes automovilísticos europeos que vinieron a presumir sus reliquias, y una selección quirúrgica de 17 clases de concurso ( categorías) donde compiten los "coches más bellos del mundo".
Con semejante despliegue de chequeras y cromo, el “Chantilly Arts & Elegance” no compite en cualquier liga: se aferra firmemente al top 3 del ranking mundial de los concursos de elegancia más exclusivos del planeta, codeándose sin complejos con el legendario “Pebble Beach” en Estados Unidos y el “Concorso d’Eleganza Villa d’Este” en Italia ( Lago di Como). En pocas palabras, un museo viviente al aire libre donde los comuns mortales ven pasar los millones sobre cuatro ruedas, mientras los dueños intentan calcular si deducen fiscalmente el mantenimiento de un motor V12.
PICNIC DE LUJO: LUJO Y MIMBRE ( PANIER) A PRECIO DE HIPOTECA
Esta cesta combinó gastronomía gourmet francesa de alta gama para llevar —incluyendo manjares selectos y vino fino— con tarifas que parten de los 350 euros. El resultado es un menú campestre donde cada bocado cuesta tanto como el propio prado donde te sientas.
EL JUGUETE DE 20 MILLONES: UN PONI CON 1.600 CABALLOS
Un Bugatti Brouillard. Esta pieza única, valorada en 20 millones, rinde tributo al caballo favorito de Ettore Bugatti. Lo mejor: es el apoteósico adiós al motor de 1.600 caballos, con fibra de carbono verde y detalles de crin real. Un capricho millonario tan absurdo que eclipsa cualquier castillo.
🇩🇪 Deutsch
DIE KUNST, EIN VERMÖGEN AUF RÄDERN IN CHANTILLY AUSZUGEBEN
Reisetagebuch von DerBlaueBussle………
Willkommen in Chantilly, diesem Fleckchen im tiefen Frankreich, wo das Bürgertum beschlossen hat, dass unbetretener Rasen mehr wert ist als dein Haus, dein Auto und deine Studienkredite zusammen. Der Ort liegt im Département Oise, nur etwa 50 Kilometer von Paris entfernt, und rühmt sich mit Kanälen, Wäldern und einer sehr aristokratischen Atmosphäre. Hierher bin ich am Sonntag, dem 13. September 2026, gekommen, mit dem festen Vorsatz zu verstehen, warum Menschen lieber glänzende Schrauben bewundern, und nebenbei meine eigenen finanziellen Entscheidungen zu hinterfragen.
EIN ELEGANZWETTBEWERB, DER DIE LAUFSTEGE VON MILAN IN DIE SCHATTEN STELLT
Den „Chantilly Arts & Elegance – Richard Mille“ zu beschreiben, ohne ins Übertriebene zu verfallen, ist unmöglich. Es handelt sich im Grunde um eine exzentrische, hochkarätige Ausrede, bei der die reichste Automobilindustrie der Welt mit der Haute Couture zusammenkommt, um der Welt zu beweisen: Wenn Geld wirklich im Überfluss da ist, gibt man es für Dinge aus, die absurd schön und gleichzeitig nutzlos sind. Hier paradieren Zukunftsprototypen und Museums-Klassiker im Gleichklang, während die Besucher versuchen, ein Glas Champagner zu halten, ohne umzufallen.
EIN MÄRCHENSCHLOSS FÜR MILLIONÄRE MIT AUSGEZEICHNETEM GESCHMACK
Die Bühne für diese Schaustellung von Eitelkeit ist das imposante Château de Chantilly, ein architektonisches Renaissance-Juwel, umgeben von Wassergräben, postkartenreifen Türmen und kilometerlangen Gärten, die vom großen Le Nôtre persönlich gestaltet wurden. Das Schloss ist nicht nur eine hübsche Kulisse für Profilfotos; es ist der passive Hauptdarsteller, der dem Event diese Patina feudalen Adels verleiht. Im Kern erinnert es dich daran: Auch wenn du dir ein Auto kaufst, das genau so aussieht wie das ausgestellte, wirst du nie die historische Eleganz besitzen, umgeben von unbezahlbaren Kunstwerken zu frühstücken, während Hyperautos über makellosen Rasen rollen – außer am Tag der Veranstaltung.
DIE GRÖSSE ZÄHLT, WENN ES UM MILLIONENBUDGETS GEHT
Um das Ausmaß des Wahnsinns einzuordnen, in den ich mich an diesem Sonntag gestürzt habe, sprechen wir über Zahlen, denn die Größe dieses Events ist ebenso obszön wie faszinierend. Wir reden hier von einer Massenveranstaltung, die rund 28.000 Besucher anzog, die bereit waren, zu zahlen, um mehr als 1.000 Ausnahme-Fahrzeuge zu sehen, verteilt über die Ländereien des Schlosses. Darunter stechen 900 Oldtimer hervor, gestellt von etwa 40 europäischen Automobilclubs, die ihre Reliquien zur Schau stellten, sowie eine chirurgisch präzise Auswahl von 17 Wettbewerbsklassen (Kategorien), in denen die „schönsten Autos der Welt“ gegeneinander antreten.
Mit einer solchen Entfaltung von Scheckbüchern und Chrom spielt der „Chantilly Arts & Elegance“ in keiner beliebigen Liga: Er klammert sich fest an die Top 3 des weltweiten Rankings der exklusivsten Eleganzwettbewerbe und mischt sich selbstbewusst mit dem legendären „Pebble Beach“ in den USA und dem „Concorso d’Eleganza Villa d’Este“ in Italien (Comer See). Kurz gesagt: ein lebendiges Freilichtmuseum, in dem gewöhnliche Sterbliche Millionen auf vier Rädern vorbeiziehen sehen, während die Besitzer überlegen, ob sie die Wartung eines V12-Motors steuerlich absetzen können.
LUXUS-PICKNICK: LUXUS UND KORBWEIDE (PANIER) ZUM PREIS EINER HYPOTHEK
Dieser Korb kombinierte französische Gourmet-Gastronomie zum Mitnehmen – inklusive ausgewählter Köstlichkeiten und feiner Weine – mit Preisen ab 350 Euro. Das Ergebnis ist ein ländliches Menü, bei dem jeder Bissen so viel kostet wie die Wiese, auf der du sitzt.
DAS 20-MILLIONEN-SPIELZEUG: EIN PONY MIT 1.600 PFERDESTÄRKEN
Ein Bugatti Brouillard. Dieses Einzelstück, auf 20 Millionen geschätzt, huldigt dem Lieblingspferd von Ettore Bugatti. Das Beste: Es ist der apotheotische Abschied vom 1.600-PS-Motor, mit grüner Carbonfaser und Details aus echter Mähne. Eine millionenschwere Laune, so absurd, dass sie jedes Schloss in den Schatten stellt.
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🇬🇧 English
THE ART OF SPENDING A FORTUNE ON WHEELS FROM CHANTILLY
Travel diary by DerBlaueBussle………
Welcome to Chantilly, that corner of deepest France where the bourgeoisie decided that untouched lawn is worth more than your house, your car and your student debts put together. Located in the Oise department, just 50 kilometres from Paris, this picturesque town boasts canals, forests and a very aristocratic atmosphere. I came here on Sunday, 13 September 2026, with the firm intention of understanding why people prefer to admire gleaming nuts and bolts – and, along the way, to question my own financial decisions.
AN ELEGANCE CONTEST THAT LEAVES MILAN’S RUNWAYS IN THE DUST
Describing the “Chantilly Arts & Elegance – Richard Mille” without exaggeration is impossible. It is basically an eccentric, high-end excuse for the planet’s richest automotive industry to meet haute couture and prove to the world that when money is truly abundant, you spend it on things that are absurdly beautiful and utterly useless. Here, future prototypes and museum classics parade in unison while attendees try to hold a glass of champagne without fainting.
A FAIRY-TALE CASTLE FOR MILLIONAIRES WITH EXCELLENT TASTE
The stage for this display of vanity is the imposing Château de Chantilly, a Renaissance architectural jewel surrounded by moats, postcard-perfect towers and kilometre-long gardens designed by Le Nôtre himself. The castle is not just a pretty backdrop for profile pictures; it is the passive protagonist that gives the event its patina of feudal nobility. Basically, it serves as a reminder that even if you buy a car identical to the one on display, you will never possess the historical elegance of breakfasting surrounded by priceless artworks while hypercars roll across immaculate lawns – except on the day of the event.
SIZE DOES MATTER WHEN IT COMES TO MULTI-MILLION BUDGETS
To grasp the level of delirium I signed up for that Sunday, let’s talk numbers, because the scale of this event is as obscene as it is fascinating. We’re talking about a massive gathering that drew around 28,000 visitors willing to pay to see a concentration of more than 1,000 exceptional vehicles scattered across the palace grounds. Among them stand out 900 classic cars contributed by some 40 European car clubs come to show off their relics, plus a surgically precise selection of 17 contest classes (categories) where the “most beautiful cars in the world” compete.
With such a display of cheque books and chrome, the “Chantilly Arts & Elegance” does not compete in just any league: it clings firmly to the global top 3 of the most exclusive elegance contests on the planet, rubbing shoulders without inhibition with the legendary “Pebble Beach” in the United States and the “Concorso d’Eleganza Villa d’Este” in Italy (Lake Como). In short, a living open-air museum where mere mortals watch millions roll by on four wheels, while owners calculate whether they can write off the maintenance of a V12 engine as a tax deduction.
LUXURY PICNIC: LUXURY AND WICKER (PANIER) AT MORTGAGE PRICES
This basket combined high-end French gourmet takeaway cuisine – including select delicacies and fine wines – with prices starting at 350 euros. The result is a countryside menu where every bite costs as much as the very meadow you’re sitting on.
THE €20 MILLION TOY: A PONY WITH 1,600 HORSEPOWER
A Bugatti Brouillard. This one-off piece, valued at 20 million, pays tribute to Ettore Bugatti’s favourite horse. The best part: it is the apotheotic farewell to the 1,600-horsepower engine, with green carbon fibre and details made from real mane. A millionaire whim so absurd that it outshines any castle.Read more
JOIGNY
September 10 in France ⋅ ☀️ 22 °C
UN FASCINANTE CATACLISMO MEDIEVAL: CRÓNICAS DE UN VIAJE A JOIGNY
EL ENGAÑO DE LAS POSTALES Y LA REALIDAD DE LA CALLE
Llegué a Joigny esperando el típico cuento de hadas medieval con príncipes, doncellas y música de laúd, y lo que encontré fue un museo al aire libre con una tremenda crisis existencial.
La Ciudad Alta es preciosa, no lo niego. Sus casas de entramado de madera sobrevivieron al fuego de 1530 y a los siglos, lo cual tiene mérito, porque vi algunas vigas torcidas que parecen aguantar la gravedad por pura fe y tradición borgoñona. Es el clásico decorado de postal donde te dan ganas de sacar la cámara, hasta que te das cuenta de que la mitad de las tiendas del centro histórico tienen las persianas bajadas y la única respiración que se escucha es la tuya propia o la de algún gato despistado. Fuera del circuito turístico, la ciudad baja te recibe con ese toque de decadencia rural francesa: asfalto cansado, locales vacíos y una atmósfera de "aquí no pasa nada desde la Revolución Francesa".
LOS DOS EXTREMOS DE UN MISMO ABISMO
Lo divertido es el contraste. Por un lado, tienes edificios históricos que se caen a pedazos entre herencias bloqueadas y vecinos que probablemente ya olvidaron qué hay detrás de sus muros tapiados; por el otro, te enteras de que aquí vive La Côte Saint-Jacques, un templo de la alta cocina con estrellas Michelin donde un menú te cuesta lo que vale el alquiler de medio mes. Me parece fascinante estar en un sitio donde puedes morir de hambre en una callejuela desierta o gastarte el sueldo de un año en comer una ostra con escenificación de viñedo local a cincuenta metros de distancia.
UN REFUGIO PERFECTO PARA HUIR... O PARA ABURRIRSE
Al final, Joigny es una obra de teatro con un primer acto brillante y un tras bambalinas bastante gris. ¿Vivir aquí? Si te gusta la paz absoluta, el olor a piedra milenaria y tienes auto para huir a Sens o París cuando el silencio te aplaste, es un refugio perfecto. Para el resto de los mortales, es una parada magnífica para estirar las piernas, comer como un rey con complejo de conde y agradecer en silencio que tu casa no dependa de una viga renacentista del siglo XVI.
LAS LIMITACIONES DE LA PANTALLA
Sé que lo que estás viendo en estas fotos y vídeos no es capaz ni de cerca de transmitir lo especial que es esta ciudad. Lo siento por ti, querido lector, pero es lo máximo que puedo hacer para intentar trasladarte, aunque sea en un pequeñísimo porcentaje, la experiencia real de habitar este rincón extraño del mundo.
🇩🇪 Deutsch
EINE FASZINIERENDE MITTELALTERLICHE KATASTROPHE: CHRONIKEN EINER REISE NACH JOIGNY
**DIE TÄUSCHUNG DER POSTKARTEN UND DIE REALITÄT DER STRASSE**
Ich kam in Joigny an und erwartete das typische mittelalterliche Märchen mit Prinzen, Jungfrauen und Lautenmusik. Was ich fand, war ein Freilichtmuseum mit einer gewaltigen existenziellen Krise.
Die Oberstadt ist wunderschön, das leugne ich nicht. Ihre Fachwerkhäuser überstanden das Feuer von 1530 und die Jahrhunderte – was beachtlich ist, denn ich sah einige schiefen Balken, die die Schwerkraft offenbar nur aus reinem burgundischem Glauben und Tradition trotzen. Es ist die klassische Postkartenkulisse, in der man sofort zur Kamera greifen möchte, bis einem auffällt, dass die Hälfte der Geschäfte in der Altstadt die Rollläden heruntergelassen hat und das einzige Atemgeräusch, das man hört, das eigene ist – oder das einer verwirrten Katze. Außerhalb der Touristenroute empfängt dich die Unterstadt mit diesem Hauch französischer ländlicher Dekadenz: müder Asphalt, leere Lokale und eine Atmosphäre, als wäre hier seit der Französischen Revolution nichts mehr passiert.
**DIE BEIDEN EXTREME EINERSELBEN ABGRUNDS**
Das Komische ist der Kontrast. Auf der einen Seite hast du historische Gebäude, die zwischen blockierten Erbschaften und Nachbarn, die wahrscheinlich längst vergessen haben, was hinter ihren zugemauerten Wänden liegt, langsam zerfallen. Auf der anderen Seite erfährst du, dass hier La Côte Saint-Jacques residiert – ein Tempel der Haute Cuisine mit Michelin-Sternen, wo ein Menü so viel kostet wie eine halbe Monatsmiete. Ich finde es faszinierend, an einem Ort zu sein, an dem man in einer verlassenen Gasse vor Hunger sterben oder das Gehalt eines Jahres für eine Auster mit inszenierter lokaler Weinbergshow in fünfzig Metern Entfernung ausgeben kann.
**EIN PERFEKTER RÜCKZUGSORT, UM ZU FLIEHEN … ODER SICH ZU LANGWEILEN**
Am Ende ist Joigny ein Theaterstück mit einem brillanten ersten Akt und einem ziemlich grauen Hinterbühnenbereich. Hier leben? Wenn du absolute Ruhe, den Duft uralter Steine magst und ein Auto hast, um nach Sens oder Paris zu fliehen, wenn dich die Stille erdrückt, dann ist es ein perfekter Zufluchtsort. Für den Rest der Sterblichen ist es ein großartiger Zwischenstopp, um die Beine zu vertreten, wie ein König mit Grafenkomplex zu essen und im Stillen dankbar zu sein, dass dein Zuhause nicht von einem Renaissancebalken aus dem 16. Jahrhundert abhängt.
**DIE GRENZEN DES BILDSCHIRMS**
Ich weiß, dass das, was du auf diesen Fotos und Videos siehst, nicht annähernd vermitteln kann, wie besonders diese Stadt ist. Es tut mir leid für dich, lieber Leser, aber mehr kann ich nicht tun, um dir – wenn auch nur zu einem winzigen Prozentsatz – die reale Erfahrung des Lebens in dieser seltsamen Ecke der Welt nahezubringen.
🇬🇧 English
A FASCINATING MEDIEVAL CATACLYSM: CHRONICLES OF A JOURNEY TO JOIGNY
**THE ILLUSION OF POSTCARDS AND THE REALITY OF THE STREET**
I arrived in Joigny expecting the typical medieval fairy tale with princes, maidens, and lute music. What I found was an open-air museum having a massive existential crisis.
The Upper Town is beautiful, I won't deny it. Its timber-framed houses survived the fire of 1530 and the centuries—which is quite an achievement, because I saw some crooked beams that seem to defy gravity through pure Burgundian faith and tradition. It's the classic postcard setting that makes you want to grab your camera, until you realize that half the shops in the historic center have their shutters down and the only breathing you can hear is your own—or that of a confused cat. Outside the tourist circuit, the Lower Town greets you with that touch of French rural decadence: tired asphalt, empty premises, and an atmosphere of "nothing has happened here since the French Revolution."
**THE TWO EXTREMES OF THE SAME ABYSS**
The funny part is the contrast. On one hand, you have historic buildings falling apart between blocked inheritances and neighbors who probably long forgot what lies behind their walled-up walls; on the other, you learn that La Côte Saint-Jacques lives here—a temple of haute cuisine with Michelin stars where a menu costs as much as half a month's rent. I find it fascinating to be in a place where you can starve to death in a deserted alley or spend a year's salary on an oyster with a local vineyard staging just fifty meters away.
**A PERFECT REFUGE TO ESCAPE… OR TO GET BORED**
In the end, Joigny is a play with a brilliant first act and a rather gray backstage. Living here? If you like absolute peace, the smell of ancient stone, and have a car to escape to Sens or Paris when the silence crushes you, it's a perfect refuge. For the rest of us mortals, it's a magnificent stop to stretch your legs, eat like a king with a count complex, and silently thank your lucky stars that your home doesn't depend on a 16th-century Renaissance beam.
**THE LIMITATIONS OF THE SCREEN**
I know that what you're seeing in these photos and videos cannot even come close to conveying how special this city is. I'm sorry for you, dear reader, but it's the most I can do to try to bring you—even if only in the tiniest percentage—the real experience of inhabiting this strange corner of the world.Read more
BEAUNE
September 9 in France ⋅ ⛅ 19 °C
BEAUNE: ENTRE UN CAMPING Y EL GRAND CRU
Ubicada en el corazón de la región de Borgoña (Bourgogne), en el departamento de Côte-d’Or, Beaune es ese punto en el mapa que eliges únicamente porque tu espalda exige clemencia después de horas de autopista y porque Chantilly, nuestro verdadero Santo Grial en este viaje, quedaba demasiado lejos para una sola sentada al volante. Lo gracioso, o más bien patético de mi memoria geográfica, es que descubrí al llegar que ya había estado aquí hace unos veinte años. Veinte años. Un lapso suficiente para olvidar cada adoquín, cada fachada y la existencia misma de la ciudad, tratándola ahora como una simple sala de espera con viñedos.
EL MAPA Y LAS EXCUSAS GEOGRÁFICAS
Para poner las cosas en perspectiva, estamos en plena Borgoña. Esto significa que el aire no huele solo a humedad y panadería francesa, sino a euros evaporándose en botellas de Borgoña que cuestan más que el depósito entero de combustible. Paramos en un camping de la zona con la única misión biológica de dormir una noche, estirar las piernas y huir hacia el norte tan pronto como el sol amenazara con salir. Pero claro, la Borgoña no te deja escapar así como así; te envuelve en su estética vinícola como una trampa para turistas con buen gusto.
LA RUTA DE LA DECADENCIA PERIFÉRICA
Si se te ocurre entrar a Beaune por la periferia —como hicimos nosotros, guiados por el genio maligno de un GPS que disfruta del morbo urbano—, te vas a encontrar con un desfile de arquitectura suburbana bastante venida a menos. Casas modestas, tejidos urbanos cansados y una estética de extrarradio que te hace dudar si no te equivocaste de país y terminaste en un suburbio de cualquier provincia gris.
Pero no desesperes. Es una trampa visual muy bien administrada. A medida que te arrastras hacia el "centre-ville", el panorama sufre una metamorfosis digna de reality show inmobiliario: los muros de piedra, los tejidos medievales se ordenan y la ciudad saca a relucir esa elegancia francesa que te grita en la cara que sin ser París, representa con soberbia lo que significa una auténtica ciudad de provincias. Es irónico cómo una urbe que mi cerebro había borrado por completo del disco duro decide recibirme con semejante despliegue de orgullo estético.
EL HÔTEL-DIEU: ARQUITECTURA PARA MORIR CON ESTILO
El plato fuerte de este devaneo arquitectónico es, sin duda, el Hôtel-Dieu de Beaune, también conocido como los Hospices de Beaune. Si pensabas que los hospitales medievales eran antros de sufrimiento estéticamente deprimentes, los creadores de esta joya gótica del siglo XV vinieron a demostrarte que los ricos y piadosos del pasado sabían enfermarse (o expiar sus pecados) con mucho estilo.
Fundado en 1443 por Nicolas Rolin, canciller del Duque de Borgoña, y su esposa Guigone de Salins, este lugar es una auténtica locura visual.
* Los famosos tejados: Esa postal mítica de tejas vidriadas de colores geométricos (rojo, amarillo, marrón y verde) formando laberintos y rombos bajo el cielo borgoñón. Una obra de arte que grita "mira cuánto dinero tengo" incluso desde el más allá.
* La Sala de los Pobres (Grande Salle des Pauvres): Un salón gigantesco con un techo abovedado de madera que parece la quilla invertida de un barco medieval, donde las camas con cortinajes rojos esperaban a los enfermos no para curarlos del todo —que con la medicina de la época lo raro era salir vivo—, sino para que al menos expiraran bajo una carpintería de primer nivel.
* El Políptico (Retablo) del Juicio Final: Una obra maestra de Rogier van der Weyden escondida en el complejo que te recuerda que, aunque el edificio sea precioso, el destino final de tu alma probablemente no incluya techos de tejas vidriadas.
DATO CURIOSO: Los Hospices de Beaune no se financian con caridad moderna ni recortes estatales; se mantienen vivos gracias a su propio viñedo histórico y a la subasta de vinos benéfica más famosa del mundo, celebrada aquí cada mes de noviembre. Porque en Borgoña, hasta la medicina y la muerte se pagan con uva fermentada.
Al final, este desvío no planeado se convirtió en una bofetada arquitectónica que me hizo perdonar a mi memoria por haber mandado a Beaune al fondo de la papelera de reciclaje durante dos décadas. Chantilly puede esperar; aquí la piedra y el vino juegan en otra liga.Read more
AJACCIO
September 5 in France ⋅ ☀️ 30 °C
LLEGADA A AJACCIO: DÓNDE EL EMPERADOR SIGUE MANDANDO (PERO NO COBRA EL TRANSPORTE PÚBLICO )
Ubicada en la costa oeste de la isla de Córcega, bañada por el golfo homónimo en el mar Mediterráneo, Ajaccio me recibió con esa mezcla tan francesa de elegancia casual y orgullo corso que raya en lo fanático. Después de tropezar con pueblos insulares anclados en el siglo XIX —o en el medievo, según el nivel de hostilidad del lugareño hacia el continente—, pisar Ajaccio fue como despertar en este milenio. O al menos en los noventa.
UN NAPOLEÓN HASTA EN LA Sopa
Intentar ignorar a Napoleón Bonaparte en esta ciudad es un ejercicio de negación digno de terapia intensiva. El tipo nació aquí en 1769, y los ajacenses se aseguran de que no lo olvides ni por un segundo. Hay estatuas suyas a pie, a caballo, de perfil, de frente, probablemente en versión holográfica bajo las alcantarillas.
Cumplí con el peregrinaje obligatorio y visité su casa natal (Maison Bonaparte), convertida en museo nacional. Es una casona respetable en el corazón del casco antiguo donde el futuro emperador pasó sus primeros años antes de ir a Francia a conquistar Europa y, de paso, inventarse una altura respetable. Recorrer las habitaciones te hace pensar que, con un par de buenas clases de marketing y un cañón bien ubicado, cualquiera de nosotros podría terminar dominando medio continente.
LA MODERNIDAD Y EL MILAGRO DEL TRANSPORTE GRATUITO
A diferencia de los rincones anteriores de la isla, que parecían competir por ver cuál conservaba mejor el encanto rústico a base de desconectar el asfalto y la cobertura móvil, esta ciudad me pareció mucho más moderna y desarrollada. Calles anchas, palmeras bien peinadas, tiendas de marcas que no venden navajas corsas ( por ser estas navajas demasiado económicas) y una infraestructura que casi te hace olvidar que estás en una isla donde las cabras tienen preferencia de paso.
Lo que rozó la ciencia ficción fue el transporte gratis desde el estacionamiento hasta la ciudad. Sí, leyó bien: un servicio público que no te cobra el alma en impuestos municipales ni requiere un riñón como fianza. Dejé el motorhome en el parking habilitado y un autobús impecable me trajo al centro sin vaciarme los bolsillos. En Francia, que te regalen algo sin intentar guillotinarte después es una señal de que el fin del mundo está cerca o de que los políticos locales se confundieron de presupuesto.
UN PUERTO PARA OLVIDAR LAS PENAS (Y LAS CURVAS)
Entre tanto busto imperial y callejuela adoquinada, el puerto me pareció muy bonito. Los veleros amarrados, el agua brillante y las terrazas llenas de turistas componen una postal perfecta. Me senté a mirar el ir y venir de los barcos con la secreta esperanza de no tener que volver a subirme a un Womo en lo que quedaba de viaje.
Poco sabía yo que esa misma tarde se materializaría la gran prueba de fuego de nuestra resistencia marítima.
RUMBO A TOULON Y ADIÓS A LA ISLA
Este fue el día que tomamos el ferry para volver a Toulon y continuar nuestro viaje hasta Chantilly. Dejar Córcega en barco siempre tiene ese toque épico de expedición transoceánica, aunque el trayecto consista básicamente en encomendarse a todos los santos mientras el ferry se menea.
Despedirse de la Córcega salvaje para enfilar hacia el norte continental, pasando por Toulon y con la vista puesta en los castillos y la crema chantilly de Chantilly, supuso el cierre perfecto para esta etapa insular. Ajaccio cumplió: me dio historia imperial, un puerto instagrameable, asfalto moderno y la bendición de un bus gratuito. Napoleón estaría orgulloso, o al menos habría cobrado peaje por el viaje.
EL ARTE DE EMBARCAR MARCHA ATRÁS Y OTRAS EXPERIENCIAS GOURMET EN EL FERRY
Para rematar el día, el embarque al ferry rumbo a Toulon nos regaló subir de últimos y completamente marcha atrás, a ciegas y esquivando la furia de conductores corsos disputándose la entrada como si fuera el último bote del Titanic. Logramos encajar el coche entre gritos, bocinazos y maldiciones en francés antiguo.
EL FANTASMA DE LA BUTACA AJENA
A bordo, descubrimos que nuestros asientos reclinables estaban ocupados por un durmiente furtivo que los había colonizado con su saco de dormir. Ante la falta de fuerzas para el combate, nos tocó tomar una decisión ejecutiva: dormir en el suelo, convertidos en bultos tristes sobre la moqueta sintética mientras el barco se mecía como una coctelera.Read more
BONIFACIO
September 3 in France ⋅ ☀️ 29 °C
BONIFACIO: YATES, ACANTILADOS Y DIGNIDAD AHOGADA EN SALITRE
Bonifacio se encuentra en el extremo sur de Córcega, Francia, ese pedazo de roca flotante que algunos insisten en llamar "el rincón más hermoso del Mediterráneo".
LOS ORÍGENES Y EL FAN CLUB DE NAPOLEÓN
Esto lo fundó allá por el año 828 un tal Bonifacio II de Toscana, probablemente porque le pareció una excelente idea construir un asentamiento en un sitio donde el acceso fuera tan complicado que ni sus propios acreedores pudieran encontrarlo. Por supuesto, la historia local no estaría completa sin meter con calzador al orgullo patrio: a Napoleón Bonaparte. Antes de convertirse en emperador y autoproclamarse dueño de media Europa, el pequeño corso pasó por aquí en 1793 para liderar una brillante y rotunda derrota contra la isla de La Maddalena. Porque claro, incluso los genios militares necesitan practicar cómo hacer el ridículo antes de conquistar el continente.
EL CRUCERO ACUÁTICO O CÓMO PAGAR PARA SUFRIR
Decidimos que la mejor forma de apreciar la "majestuosidad" del lugar era meterme en un bote de excursión. Los acantilados de piedra caliza blanca se levantan unos 70 metros, esculpidos por siglos de viento y olas, luciendo muy pintorescos al borde del abismo mientras te preguntas en qué momento exacto una de esas casas va a decidir unirse a los peces. Lo fascinante de estos arrecifes no es su erosión milenaria, sino la fe ciega de los arquitectos medievales que pensaron: "Oye, construir un castillo ( Fuerte o ciudadela) al borde de un precipicio que se desmorona con la brisa suena a plan sin fisuras".
BRINCOS, SALPICONES Y DIGNIDAD PERDIDA EN EL ESTRECHO
El paseo marítimo superó con creces cualquier expectativa. Apenas nos adentramos en el estrecho, el mar decidió que nuestra presencia le ofendía profundamente. El bote se convirtió en una especie de montaña rusa defectuosa, regalándonos saltos y brincos olímpicos que habrían hecho vomitar a un marinero veterano. Entre cada impacto contra las olas, la embarcación cumplía fielmente con su cometido principal: bautizarnos con agua de mar a presión. Salimos del recorrido luciendo no como viajeros sofisticado en su diario de bitácora, sino como una croquetas humanas recién sacada de una freidora marina.
EL REGALO MEDIEVAL: LA ESCALERA AL VACÍO
Y por si el día necesitaba un toque extra de turísmo, nos topamos con la famosa Escalera del Rey de Aragón. Según la leyenda, los soldados de Alfonso V la excavaron en la roca vertical en una sola noche de 1420. Son 187 escalones inclinados a 45 grados sobre el abismo, diseñados con el único propósito de recordarte que tus rodillas ya no tienen veinte años. Bajar por ahí pegado a la pared, viendo las olas espumosas golpear justo al arrecife debe de ser una experiencia única .
LA TORTURA VIAL: CONDUCIR EN CÓRCEGA
el trayecto propriano-bonifacio: o cómo hacer 60 kilómetros de pura tortura curvada que tu estómago recordará con terror durante el resto de tus días, convirtiendo un paseo de nada, en hora y media de cuasi vómitos cruzados. conducir en general por esta isla es un recordatorio constante de que los ingenieros viales corsos tienen un pacto secreto con los quiroprácticos y los fabricantes de embragues; un país montañoso donde cada carretera parece diseñada por un sádico que odia las líneas rectas, obligándote a negociar curvas cerradas al borde del abismo mientras rezas para no cruzarte con un autobús kamikaze que invade tu carril.Read more
Ferry TOULON - CÓRCEGA
August 31 in France ⋅ ☀️ 29 °C
EL CALVARIO DIGITAL: SOBREVIVIR NUEVE HORAS SIN INTERNET EN MEDIO DEL MEDITERRÁNEO
Queridos lectores y seguidores, hoy vengo a confesarles una verdad incómoda, un abismo existencial del que pocos se atreven a hablar: el Síndrome de Abstinencia de Internet. Romper tu propio récord histórico y pasar más de nueve horas desconectado del verdadero vicio que nos alimenta las veinticuatro horas del día es una experiencia chamánica, pero con más temblores y sudor frío.
Un viaje en ferry entre la maravillosa ciudad francesa de Toulon y la isla de Córcega. La compañía de navegación te lanza advertencias apocalípticas sobre el roaming marítimo, asegurando que si se te ocurre conectar los datos móviles, terminarás hipotecando la casa para pagarle la factura a la operadora. Te explican amablemente que usan conexiones satelitales y que la solución es tan fácil como pagar cinco tristes euros a bordo. Pero uno, que de vez en cuando le da por jugar al estoico inquebrantable, pensó: "¿Cinco euros por nueve horas? ¡Qué robaporsiacaso! Al fin y al cabo, son solo unas horitas sin internet, ¿qué es lo peor que puede pasar?"
Spoiler: pasó lo peor. Pasó la realidad.
CRÓNICA DE UNA PAREJA QUE CREÍA CONOCERSE (Y ERROR)
Al cabo de las primeras dos horas, mi cerebro comenzó a emitir pitidos de error por falta de estímulos digitales. Fue ahí cuando sufrí una revelación antropológica espeluznante: yo creía firmemente que tenía una relación de pareja moderna y equilibrada, pero la verdad cruda era que tenía una esposa.
Sí, una esposa con la que llevo veinticinco años casado y de cuya vida, gracias a la bendita fluidez del internet diario, apenas conocía los titulares superficiales. Al haberme quedado sin suministro vital, el exceso de tiempo libre me sumergió en una investigación de campo involuntaria. Empecé a enterarme de detalles insospechados de su existencia que un ciudadano normal —es decir, alguien con acceso ilimitado a redes sociales y memes— jamás descubre. Descubrí cosas que probablemente ni los servicios de inteligencia franceses tienen archivadas.
A medida que las agujas del reloj se congelaban, la desesperación mutaba. Ya me había tomado hasta el agua de los floreros, me había bebido todo el café disponible en el barco, había intentado dormir en el asiento especial que contraté para la ocasión (que resultó ser más incómodo que un colchón de clavos) y, por si fuera poco, ya había vuelto a conversar de cosas insólitas con mi esposa como si fuéramos dos extraños en una sala de espera del dentista.
EL PACTO DE SILENCIO Y LA TORTURA MUTUA
Cada tanto, mi mujer me miraba con una cara de profunda atribulación. Me preguntaba con una sonrisa sospechosa si no quería, por favor, contratar de una vez el internet del barco.
Ahora lo sé: a ella también le estaba devorando el síndrome de abstinencia, pero usaba mi orgullo de macho alfa como escudo protector. Confiaba ciegamente en que yo caería primero para pedir el servicio y así, mediante el milagro del tethering, colgarse de mis datos como una garrapata digital. Estábamos los dos atrapados en un pacto tácito de miseria tecnológica, mirándonos con ojeras de zombi y oliendo el miedo ajeno.
EL CLÍMAX DEL CAFÉ Y LA CATÁSTROFE GRAVITACIONAL
La situación de abstinencia mutua ya había escalado a niveles dignos de una película de terror psicológico cuando decidimos ir por el tercer café en el bar del ferry, que por supuesto era de autoservicio.
Era el momento cumbre de la tensión. Ella caminaba delante custodiando el perímetro. Y entonces ocurrió la obra maestra del caos: en plena escalera, las leyes de la física decidieron aliarse con la abstinencia. Mi esposa tropezó con el escalón invisible y las tazas, rebosantes de un líquido negro y humeante, salieron disparadas en una parábola perfecta para ir a estrellarse contra el suelo inmaculado del ferry.
Fue el golpe final. No había internet, no había cafeína para calmar los nervios, y ahora tampoco había dignidad. Solo quedábamos nosotros dos, rodeados de charcos de café marrón, riéndonos de nuestra propia desgracia en medio del mar Tirreno, comprendiendo que el verdadero vicio no era el teléfono, sino la desafortunada costumbre de creer que podemos sobrevivir al mundo real sin una pantalla de por medio.
LA TÉCNICA MODERNA DE SUPERVIVENCIA: EL COMA DIGITAL EN CAMPING
Instalados en Propriano y con el estómago lleno tras la cena, nos quedamos dos horas pegados a las sillas como estatuas de sal, recuperándonos del famoso SÍNDROME mientras nos inyectábamos nuestra dosis diaria de pantalla digital; porque claro, ¿para qué disfrutar de Córcega si puedes iluminarte la cara con un rectángulo de vidrio en medio de la naturaleza?Read more
SISTERON
August 29 in France ⋅ ☀️ 26 °C
LA VENGANZA DE SISTERON: SUDOR, PIEDRAS Y NAPOLEÓN
La temida Ciudadela de Sisteron se alza en los Alpes de Alta Provenza, al sureste de Francia, dominando el río Durance. Es el paso estratégico perfecto para preguntarse por qué alguien construiría un fuerte sobre una roca gigante en lugar de un spa.
EL CASTILLO O TURISMO EXTREMO SIN QUERERLO
Mirar hacia arriba ya fatiga. Este coloso comenzó en el siglo XI como un castrum de los condes de Forcalquier y Provenza. Subir por sus estructuras talladas en la roca viva a pleno sol convierte cualquier paseo vacacional en un test de supervivencia digno de horno de convección.
ARQUITECTURA DEFENSIVA DE OTRO NIVEL
En el siglo XIV, con la guerra de los Cien Años, se ampliaron las defensas a 12 hectáreas con murallas de diez metros. Sus torres monumentales semicirculares superaban los veinte metros —las más altas de Europa entonces—, diseñadas abiertas por detrás para evitar que el enemigo las usara de refugio y preparadas para ballestas a doscientos metros,
Datos Técnicos Clave:
* El Castrum (Siglo XI): Núcleo feudal inicial sobre la cresta rocosa.
* Murallas del Siglo XIV: 12 hectáreas protegidas con bancales tallados en la roca viva.
* Torres Monumentales: Estructuras semicirculares de más de 20 metros para fuego lejano y cercano.
SIGUIENDO LOS PASOS DE NAPOLEÓN
Tras su exilio en Elba desde el 6 de abril de 1814, Napoleón Bonaparte se embarcó el 26 de febrero de 1815 con mil hombres hacia Golfe-Juan. Para despistar a los ejércitos reales del valle del Ródano, eligió la dura ruta de los Alpes.
Mientras el emperador cruzaba buscando gloria, yo solo buscaba una sombra y un analgésico.
ANÉCDOTA EXTRA: TAXI TELEFÓNICO Y HELADO DE LAVANDA
En Sisteron los taxis no se ven; hay que llamarlos por teléfono tras peregrinar hasta la estación de ferrocarriles . Para rematar la hazaña y "recuperar electrolitos" tras escalar el castrum, comí helado de lavanda, cosas que al parecer solo se pueden hacer en Francia . Hidratación alpina a base de jabón de abuela pero sorprendente.Read more
CHANAZ
August 27 in France ⋅ ☁️ 28 °C
CHANAZ: PEDALEANDO HACIA EL COLAPSO TÉRMICO
El Excel (Plan de viaje) nos había prometido una escapada idílica, pero omitió mencionar que pedalear hasta Chanaz bajo un sol implacable de 32 grados convertiría nuestras piernas en una causa perdida y nuestro humor en una crisis existencial rodante.
UBICACIÓN GEOGRÁFICA Y OTRAS TRAMPAS DEL MAPA
Situado en la región de Auvernia-Rhône-Alpes, en el departamento de Saboya, este pequeño y pintoresco pueblo de postal se esconde estratégicamente entre los prealpes y el impresionante lago du Bourget. Lo cruza el apacible canal de Savières —que conecta el lago con el Ródano—, regalándonos una estampa acuática que en teoría debería inspirar paz espiritual, pero que en la práctica solo nos pedía un grito de auxilio y aire acondicionado.
EL DRAMA CICLISTA Y EL ENCANTO MEDIEVAL
Llegar en bicicleta desde el camping sonó en su momento como una brillante idea de entusiastas ecologistas; a los diez minutos sobre el sillín, parecía una prueba piloto de resistencia para la Legión Extranjera.
Sin embargo, hay que admitir que el pueblito tiene su encanto medieval: callejuelas empedradas donde los adoquines parecen ensañarse con los glúteos, casas de piedra restauradas con flores colgantes. Entre sus joyas destaca un antiguo molino de aceite de nuez todavía en funcionamiento y una tiendecita de artesanos donde las esculturas a base de clavos compite con los souvenirs que jamás comprarás.Read more
Aigle
August 25 in Switzerland ⋅ ☀️ 26 °C
RUEDAS, VINO Y OTROS SUFRIMIENTOS VACACIONALES
Diario de Viajes: Crónicas de un rutero sufridor.
El Gran Plan: Kilómetros, Motorhome y masoquismo geográfico
Según la impecable hoja de ruta de nuestro Excel —ese fiel reflejo de nuestras ansias de control que luego la realidad se encargará de destrozar—, esta epopeya comenzó oficialmente el 25 de agosto saliendo desde (Suiza) con destino a Aigle, recorriendo unos modestos 288 km.
Pero esto no es un viajecito de domingueros; el plan contempla un trayecto de casi 4 semanas que incluye cruzar Francia entera, meterse en los ferries rumbo a la montañosa Córcega (esa isla francesa en el Mediterráneo donde las curvas de las carreteras compiten por ver cuántas veces te revuelven el estómago) para pasar unos días de camping en Propiano. Y, por si fuera poco refinamiento, el gran cierre del tour se nos proyecta en el exclusivo evento “ CHANTILLY ARTS & ELEGANCE RICHARD MILLE” en los dominios del majestuoso Château de Chantilly, al norte de París, donde los autos de colección y la alta sociedad nos harán sentir extremadamente pobres pero con mucho estilo. ¡Una bicoca de 2400 km acumulados solo para valientes (o insensatos)!
Aigle y su Castillo: Entre viñedos, adoquines.
Tras dejar atrás nuestra ciudad, nuestra primera parada oficial nos ancló en Aigle. Para ubicar a los despistados en el mapa, Aigle es una pintoresca localidad situada en el cantón de Vaud, en la Suiza francófona, enmarcada de forma casi insolente por los Alpes y los valles del Ródano.
A nuestra llegada, el GPS dictaminó que habíamos aparcado junto al Camping de la Piscine, un lugar idílico donde uno jura que descansará, hasta que recuerda que dormir en la camper tiene el mismo glamour que acampar en una autopista en hora punta. Nos adentramos en sus callejuelas empedradas.
> Nota mental: Si algún antepasado tuyo sufrió torturas en la Edad Media, probablemente fue porque no caminó con calzado adecuado sobre los adoquines de Aigle.
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El plato fuerte de la zona fue, por supuesto, la visita al imponente Château d’Aigle. Este castillo del siglo XII, que se alza orgulloso entre un mar de viñedos, alberga hoy en día el Museo de la Viña, el Vino y la Etiqueta.
* El castillo: Una joya arquitectónica de cuento de hadas con sus torres cónicas y tejados rojizos que te hace dudar si estás en una postal suiza o si Disney te va a cobrar derechos de autor por respirar cerca.
* El vino: Por supuesto, los Grands Crus d’Aigle y los dominios locales como La Baudelière o el mismísimo Clos du Paradis te tientan a convertirte en un catador alcohólico funcional.
La siguiente parada en el Excel nos llama: Francia nos espera con sus peajes y sus baguettes.
¿Qué tramo de esta ruta kilométrica crees que pondrá a prueba nuestra paciencia de forma más épica: las curvas cerradas de Córcega o el tráfico parisino rumbo a Chantilly?Read more
















































































































































































































































































































































































TravelerWoww en serio? O soñaste? No lo puedo creer...
Traveler
🫣en qué iban? Bicicleta?
DerBlaueBussleNo, ese recorrido se hace un carro especial que se desplaza dentro de los túneles