Día 6
February 7 in Iceland ⋅ ☀️ -1 °C
Hoy ha sido nuestro último día completo de viaje. Nos hemos levantado a las 7:30, ducha rápida y a las 8:00 ya estábamos en el coche.
Nuestra primera parada ha sido el avión, pero no el típico que va todo el mundo. En Islandia hay dos: el famoso de la playa de arena negra (que tienes que andar una hora, está masificado y el pobre avión está casi deshecho) y otro que han traído para descongestionar un poco el turismo y que está más accesible, cerca de la carretera. Nosotros hemos ido a ese, al avión naranja.
Ha sido un acierto total porque estaba prácticamente vacío, no había nadie. A Eva le ha flipado, le ha gustado muchísimo el rollo que tiene. Nos hemos hecho un montón de fotos tranquilamente sin gente de fondo. Y bueno, aquí va una confesión: había un trocito de chapa del avión suelto y... lo hemos cogido. Está mal, lo sé, pero nos hacía ilusión tenerlo para enmarcarlo luego en casa con la foto del avión. Un souvenir prohibido.
De ahí hemos puesto rumbo a Reikiavik, que son unas dos horas. Y por el camino... ¡por fin hemos visto nieve! En todo el viaje apenas habíamos visto nada, y de repente el paisaje se ha vuelto blanco. Nos hemos mirado y hemos dicho: "¡Para el coche!". Nos hemos bajado como niños pequeños a tirarnos bolas y a hacer un ángel de nieve. Ha sido un momento súper divertido.
Al llegar cerca de la ciudad, sobre las 13:15, hemos ido directos al Zoo de Reikiavik. Estuvimos buscando granjas para ver las cabras islandesas, pero ninguna nos admitía, así que el zoo era la mejor opción. Hemos visto las cabras y eva se ha encariñado con una de ellas, ha estado al menos 30 min acariciandola, lo único malo que se le ha pegado el olor de cabra a la ropa y lleva oliendo a cabra todo el día, también hemos visto unos zorros árticos, caballos, ovejas... todos los animales típicos de aquí.
Luego nos hemos ido al centro para ver bien la Hallgrímskirkja, la catedral de reikiavik. Hemos subido a la torre para ver las vistas y hemos tenido mucha suerte porque justo estaban tocando el órgano. Sonaba increíble, le daba un ambiente brutal a la iglesia. Además, al subir también hemos tenido la suerte de que sonaran las campanas y las hemos podido escuchar.
Después tocaba comprar los souvenirs. Teníamos que encontrar sí o sí unas postales, una figura de la ciudad y una figura de una cabra. Nos ha costado un rato encontrarlas, pero misión cumplida.
A las 14:30 nos ha entrado el hambre y hemos ido a una hamburguesería típica de aquí. Las hamburguesas estaban muy buenas, pero el sitio no tenía baño. Hemos tenido que meternos disimuladamente en el hotel de al lado, primero uno y luego el otro, para poder ir al baño.
Y de ahí, corriendo al coche porque a las 16:30 teníamos reserva en el Sky Lagoon. Hemos llegado clavados. Hemos cogido el pase saman, que significa que tenemos vestuarios compartidos separados (hombres y mujeres), no el privado para parejas por qué era mucho más caro.
El sitio era espectacular. Las rocas negras parecen naturales y el contraste con el vapor y el mar de fondo es una pasada. Hemos pillado justo el atardecer. Hemos hecho el famoso Ritual de los 7 pasos: laguna, poza fría , sauna (con el ventanal gigante mirando al mar), niebla fría, exfoliante, vapor y ducha. Nos hemos quedado hasta que nos han echado casi a las 20:30, arrugados como pasas pero súper relajados, durante todo el tiempo hemos estado hablando muchísimo y teniendo conversaciones súper bonitas e interesantes, ha sido una tarde mágica y un gran recuerdo que sin duda recordaremos para siempre.
Al salir, muertos de hambre, hemos ido a cumplir una tradición de Eva y mía: comer en un KFC. Pero cuando hemos llegado y hemos visto que lo que en España vale 5 euros aquí costaba 20... hemos dicho "ni de coña".
Queríamos probar ballena y puffin, así que hemos buscado algún restaurante. Uno estaba cerrado y otro solo servía bebida... Al final la IA nos ha recomendado el Tapas Barinn. Eva me ha dicho: "¿Tapas? Eso suena raro aquí". Y tanto. Hemos llegado y había una bandera de España gigante y una vaca pintada mitad española mitad islandesa. Al entrar, el sitio era surrealista: luz tenue, rosas en las mesas, jamones colgados... una mezcla entre bar español y cueva vikinga.
Le he preguntado al camarero si tenían ballena y nos ha dicho que no quedaba. Pero sí tenían Puffin (frailecillo), así que lo hemos pedido. Ha venido presentado como una tapa sobre una pizarra, costaba 30 euros. A mí me ha gustado, me sabía a una mezcla entre anchoa y pato, un sabor fuerte. Pero a Eva no le ha gustado nada de nada, dice que tenía un sabor rarísimo indescriptible.
También hemos pedido Trucha Ártica, que estaba buenísima con sus patatas y verduras. La cena nos ha salido por 70 euros, un palo, pero bueno, era la cena de despedida.
Ya reventados, hemos ido al Bus Hostel Reykjavík. Antes de subir, hemos hecho la "Operación Camuflaje". Hemos cogido tierra del suelo y hemos ensuciado a propósito la puerta del coche donde estaba la soldadura para que parezca suciedad del viaje y no se note el arreglo mañana al devolverlo.
Ahora ya estamos en la cama, que no podemos con nuestra alma. Mañana toca vuelta a casa.Read more



















