• Guilherme Minhota
  • Irene Perez
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The Year We Said Fuck It

We're a Portuguese/Spanish couple who decided to take a rest from our jobs and said "fuck It". This is a journey inside and outside our world to rediscover what does It mean to be alive and the whole purpose of this short maybe meaningless life. Leggi altro
  • Tokio

    2 giugno 2023, Giappone ⋅ 🌧 23 °C

    Dejar Bali para aterrizar en la ciudad más poblada del mundo parecía un shock premeditado, pero wow, se trata de Tokio. La mayor parte del tiempo que estuvimos allí ni me creía que fuese verdad, y si alguien puede crear una ciudad de 37 millones de habitantes y hacerla maravillosamente acogedora, esos son los japoneses.

    Nuestro primer día en Tokio estuvo marcado por el cansancio de haber tenido que dormir en el aeropuerto y no haber podido pasar por el hotel más que para dejar las mochilas, pero era sábado y cuando llegó la noche decidimos no pensarlo mucho y salir a conocer el ambiente nocturno tokiota. A las 5 de la mañana (no sé ni cómo seguía en pie) vimos amanecer sobre el cruce de Shibuya, famoso por ser el cruce más transitado del mundo. Cuando vi las fotos no me creía el aspecto tan fresco que tenía, supongo que era el efecto que tenía sobre mí una cultura tan ansiada y tan impenetrable desde Europa, todo era nuevo por descubrir.
    Pasear por Tokio era un sueño, las calles están tan absolutamente limpias (y eso que no hay basuras, la gente solo tira los residuos en sus casas) y son tan cuquis que casi parece una ciudad de juguete. Había barrios en los que no se veía ni personas, la ciudad más poblada del mundo era la ciudad más calmada de las que hemos estado en Asia.
    En un momento dado fuimos a un templo en el que había palitos y cajitas y papeles para sacar tu fortuna, a mi me salió fatal y me quedé muy triste. Al día siguiente lo volví a intentar y me salió igual (obvio, no se puede engañar al destino), pero vi que había unas barras para atar la mala fortuna y entendí que es para plantarle cara, no aceptarla y actuar en consecuencia para cambiarla conscientemente.

    Planificamos nuestra ida al monte Fuji la noche anterior, muy tarde y muy cansados, y Gui verbalizó lo que ambos estábamos pensando: la gente planifica esto con semanas de antelación, tal vez deberíamos no ir y evitar que salga un desastre. Aun así, como no nos guiamos por la ortodoxia viajera, obviamente nos fuimos. El día salió del revés y todo nos indicaba a gritos que nos deberíamos haber quedado en Tokio, pero nada más bajar de la estación y ver el volcán, todo había valido ya la pena. El monte Fuji es elegante y magnetizante como poco.

    El tiempo en Tokio pareció irreal, casi como si hubiese sido grabada por Gaspar Noé y hubiese recorrido la ciudad levitando a varios metros desde el suelo, colándome en espacios y queriéndome quedar a vivir en cada baño público de la ciudad, solo que en vez de borrosas, veía las luces de neón con total claridad, y el sake se sentía muy real en la garganta.
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  • Los Angeles

    9 giugno 2023, Stati Uniti ⋅ ☁️ 16 °C

    El 9 de junio quedará marcado como el día que vivimos dos veces. El primer 9 de junio despertamos en nuestro apartamento en Tokio, nos fuimos al aeropuerto para volar a Los Angeles con 3 horas de antelación, porque somos viajeros serios que no pierden vuelos transpacíficos, y nos dimos cuenta nada más llegar de que estábamos en el aeropuerto equivocado. El aeropuerto al que teníamos que ir estaba a 60 kms de Tokio. Corremos a la oficina del tren. Lo sentimos, no hay trenes debido al mal tiempo (¿qué mal tiempo?). Corremos a la oficina de autobuses. Hay un bus que nos dejaría en la terminal exactamente 5 minutos antes de que cierre el mostrador del check in. Nos vale.
    Una angustiosa hora después llegamos al mostrador con 2 minutos de sobra y todo. Nuestras mochilas pesaban demasiado y tenemos que pagar 600 yenes, solo con tarjeta. Buscamos la cartera, ¿dónde está la cartera? Se ha debido de quedar en el bus. Intentamos explicar que llevamos euros en metálico, pero no quieren saber nada de efectivo, Japón es un país serio. Entramos en un loop desesperado sacando cosas de la mochila y cambiándolas de sitio, pero no llevamos realmente nada de lo que nos podamos desprender. Las azafatas empiezan a comprender la situación (que casi perdemos el avión y que nos vamos a Estados Unidos sin dinero, living the american dream), y se acaban estresando más que nosotros, dejándonos pasar.
    La historia acaba bien y la cartera estaba en el lugar más obvio de la mochila, pero esto solo lo sabríamos recién aterrizados en LA (de todas formas el banco nos congeló la tarjeta por "cambios de divisas demasiado frecuentes" y tuvimos que sobrevivir toda nuestra estancia allí gracias a los euros de emergencia que llevábamos).
    Como el primer 9 de junio empezó mal, el universo nos dio una segunda oportundiad.
    Aterrizamos y vuelven a ser las 8 de la mañana del día 9.

    Los Angeles me traumatizó profundamente. El colmo de viajar por todo el mundo y haber visto más miseria de la que el alma humana es capaz de soportar, es que sea precisamente en Estados Unidos aka "líder mundial" donde más me hayan horrorizado las diferencias sociales y las circunstancias en la calle. Los drogadictos mueren de sobredosis, literalmente, sobre las estrellas de los famosos en el paseo de la fama. Me horrorizó porque no es una miseria fruto de la falta de oportunidades o debido a un pasado colonialista cruel, sino que es un infierno creado por voluntad propia, debido a un neoliberalismo salvaje y sin escrúpulos, y a las drogas, porque cuando el ser humano lo tiene todo, no le queda más que perderse a sí mismo.
    Aún así, quiero quedarme con la visión de la América progresista, la que una vez fue la luz que alumbraba desde la estatua de la libertad a una Europa dominada por los totalitarismos.
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  • Costa Rica - La Fortuna

    13 giugno 2023 ⋅ ☁️ 31 °C

    En nuestro camino hasta Costa Rica, aterrizando en Mexico DF para una escala de una noche, viendo todas las luces de ciudad que se extienden hasta el infinito, pienso en Tokio, y en Delhi, y en Los Angeles. Hemos pasado por las ciudades más grandes del mundo en solo unas semanas, y eran tan diferentes... El mundo en este momento, sin embargo, me parece tan pequeño. Todo está a unos clicks de distancia. Literalmente, unos clicks después y puedes acabar en cualquier parte del mundo, en sociedades y estilos de vida y desarrollos y creencias tan diferentes entre si. Pero todos humanos al fin y al cabo, todas las personas de todos estos lugares tan distantes y a la vez tan próximos anhelan lo mismo.
    Bueno, puede que todos excepto los humanos de Los Angeles. O incluso también en Los Angeles, tal vez las almas perdidas solo anhelan perderse en paz.

    Costa Rica olía a azufre estancado en las maravillosas lagunas sobre los cerros selváticos, misteriosos siempre bajo un sombrero de vapor de agua, mientras recorremos sus laderas y sus termas en nuestro coche de alquiler, que nos hace sentir muy civilizados por cierto.

    Al mismo nivel que la experiencia de los volcanes revestidos de verde esponjoso tuvimos nuestra experiencia más centroamericana del viaje, en la que estuvimos toda la noche entre cervezas, comida y conversaciones con mochileros de Puerto Rico, Mexico, Argentina...aprendiendo sobre sus vidas y sus países de la mejor forma posible y haciendo de estos momentos aparentemente inofensivos, los más preciados del viaje.
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  • Costa Rica Pacífica

    19 giugno 2023, Costa Rica ⋅ ⛅ 31 °C

    En la costa pacífica de Costa Rica he entendido mejor que nunca el significado de la palabra "remoto" . Estábamos en la península de Nicoya y las pequeñas aldeas costeras se formaban por casas y carreteras de tierra y ríos, escondidas entre la selva remota y salada. A veces no había puentes y el único camino para llegar a un sitio era pasando por el mismo río y rezar para que el coche no se hundiera. Las playas eran quilométricas y de una belleza arrobadora y además eran todas para nosotros. El planeta azul parece no acabarse nunca en Costa Rica, porque las playas siguen y siguen hasta el infinito y por lo tanto el mundo también. Las únicas acciones que parecían existir en estos parajes eran surfear, dormir siestas donde la selva y la playa se diluyen y comer casados.
    Encontrándome en este paraíso me sorprendió la vida convirtiéndome en tía por primera vez de un bebé precioso llamado Marcos. Me sentí profundamente feliz porque todo hubiese salido bien y lloré durante todo el día por encontrarme tan remotamente perdida de mi casa en un momento tan importante para mi familia.
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  • Costa Rica Caribeña

    26 giugno 2023, Costa Rica ⋅ 🌧 28 °C

    El Caribe olía a árboles carcomidos, a arroz con habichuelas y a selva caliente. Allí decidimos quedarnos parados en el mismo lugar, en Puertoviejo y en Manzanillo, y por primera vez nos sentíamos lo más parecido posible a estar en casa, cocinando lo que nos apetecía (o más bien lo que nos podíamos permitir en el supermercado sin gastar el presupuesto de todo el mes) y bebiendo cerveza Turia. Inexplicablemente la cerveza proveniente de mi querida Terreta era la más barata del mercado.
    La poesía de Bukowski acompañaba las noches cálidas y en nuestro cuartucho sin lujos frente al mar nos sentíamos como verdaderos escritores perdidos, en busca de la inspiración entre la brisa verdosa del Caribe y el croar de las ranas.
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  • Amazonas/Iquitos

    7 luglio 2023, Perù ⋅ 🌧 30 °C

    Ir al Amazonas era un sueño por cumplir desde hace mucho tiempo. Me fascina, siempre me ha fascinado. Y al llegar allí la sorpresa que más me impacta es cuánto se parece a sitios en los que ya hemos estado, especialmente a São Tomé (pero no por eso me enamoro menos de la gran selva del mundo). Como nos dice mi madre en ese momento, mientras no cambiemos de planeta todo se va a parecer a todo, y eso es precioso y verdad a partes iguales. Las mismas casas de tablas de madera elevadas, los mismos quehaceres, la misma comida, hasta las mismas supersticiones sobre hipotéticas curas para el SIDA que el gobierno ha obligado a ocultar (esto me inquieta sobremanera). Pero el Amazonas peruano sí tiene algo de especial que no se puede encotrar en ningún otro lugar, y es su sabiduría ancestral. La experiencia completa de la selva conllevó mucha lucha física y mental, pero salimos victoriosos y reforzados para siempre, marcados para sienpre con los trés puntos para que nunca olvidemos las enseñanzas de la Pachamama. En el Amazonas la comunión con la naturaleza es bella y cruel al mismo tiempo. Los gatitos maman de las perritas mamás, los humanos nos bañamos con las pirañas para luego engañarlas y comerlas en la cena, la selva te proporciona agua si estás perdido y tienes sed, pero te mata si no sabes escoger la liana adecuada, la tortuga Motelo, de 20 soles, desaparece y no sabemos si la han soltado o se la llevaron al mercado para ser comida.
    A estas alturas del viaje conecto con la máxima universal, 'nadie necesita ir a ninguna otra parte, todos estamos ya allí, lo sepamos o no'.
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  • Cusco - Valle Sagrado - Machu Picchu

    17 luglio 2023, Perù ⋅ ☀️ 19 °C

    Perú está siendo tan diverso...Directos desde las profundidades del Amazonas cogimos un vuelo que nos lanzaría directamente al aire helado de los Andes, donde nos costaba respirar y donde teníamos que vestir toda nuestra ropa al mismo tiempo para no pasar frío. La cordillera está llena de recuerdos del pasado glorioso de los incas, de sabiduría andina, de sangre derramada, de huertos futuristas. Los peruanos han sabido mantener el enorme respeto hacia sus antepasados a pesar de siglos de ocupación. En Nepal sentía que cada montaña que nos rodeaba era un enorme Buda silencioso, aquí las montañas son mujeres que ríen y dan vida y despliegan su conocimiento a través de las hojas de los árboles que crecen en su seno. Todo el mundo en los Andes respeta la Pachamama, la venera y le hace ofrendas, y los niños aprenden en la escuela a cuidarla y preservarla (a diferencia de Asia, donde no parece existir ninguna conciencia ecológica, al fin y al cabo Buda nunca habló sobre el cambio climático). Sin darnos cuenta, el pulmón del mundo volvería a nuestro encuentro, ya que mientras caminábamos por la cordillera, nuestros pasos nos fueron bajando por laderas cada vez más frondosas y más llenas de los mosquitos más endemoniados. Aquí empieza la selva, nos dijeron los locales. Nuestros pasos nos habían traído hasta aquí. Después de 4 días y muchos quilómetros, en compañia de Sebas, un carismático y aventurero argentino y de subir y bajar montañas, llegamos al Machu Picchu, que nos impresionó más por las cumbres revestidas de verde esponjoso que lo rodean, haciendo parecer que estamos en un mundo de otro tiempo.Leggi altro

  • Bolivia: Isla del Sol, lago Titikaka

    30 luglio 2023, Bolivia ⋅ ☁️ 8 °C

    En la Isla del Sol no existe el tiempo.
    Las personas que llegamos allí experimentamos la arrobadora sensación de estar tan lejos de todo, flotando a 3.958 metros de altitud, en mitad de los Andes mágicos y gigantes, que ni siquiera el tiempo sabe cómo llegar hasta allí. Es el hogar de los viajeros que huyen de su pasado y de su presente y de su futuro, porque allí solo existe agua, sabor a cactus; que sabe a verde y a tierra, y el momento presente atemporal y silencioso.
    Preparados para ir a dormir en medio de las aguas diáfanas pero oscuras en la noche, observamos por la ventana de nuestra habitación, con vistas al lago, una procesión de personas silenciosas que desfilan por la playa con la bandera de los pueblos originarios iluminada, los tambores tímidos invitándonos a que vayamos tras ellos. Nos abrigamos todo lo que podemos y les seguimos, sin saber a dónde nos conducen, sacudiéndonos el sueño que empezaba a apoderarse de nuestros cuerpos en la calidez de la cama. Subimos una colina hasta llegar a la escuela, donde toda la gente del pueblo se ha reunido para ver las actuaciones que han preparado los alumnos. Bailes, lectura de versos dedicados a la Pachamama, actuaciones de humor...todo inmerso en una atmósfera de ingenuidad que desborda ternura por todas las aguas del lago. El frío entra por los recovecos de la piel, la luna se refleja en el agua y parece imposible de imaginar que no se trata del océano, de tan infinita que es. Las mujeres se sientan a un lado del patio, cuidando de los niños, muchas amamantando a sus bebés, arrebujados en mantas para que no se congelen. En el otro lado de sientan los hombres, se pasan cigarros y hojas de coca para mascar. Nosotros somos los únicos blancos del evento, parece que somos mejor recibidos en el lado de los hombres, que nos pasan la bolsa de hojas de coca como aceptándonos en su rincón.
    Estar presenciando una escena tan íntima de la población local de la isla del Sol se sentiría más adelante como un sueño, como si hubiese sido la mente la que hubiese ideado esa procesión solemne y nosotros la hubiéramos seguido, igual que se sigue a un conejo blanco que se mete en su madriguera.
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  • La Paz

    3 agosto 2023, Bolivia ⋅ ☁️ 16 °C

    A La Paz fuimos para ver la película de Barbie y Oppenheimer en versión original. Poder hacer un plan de cine y palomitas nos hizo ver cuán alejados habíamos estado de la vida cotidiana en los últimos meses -y qué maravilloso estaba siendo-. También pudimos decir que estábamos en la capital -no capital- más alta del mundo, y los pulmones se fatigaban con frecuencia, aunque por suerte llevábamos varias semanas habituados a la altura. La Paz parecía una cacerolita, una hendidura redonda en la tierra elevada de la montaña, repleta de ladrillos y asfalto que crecían sobre antiguas ofrendas hasta que la tierra desapareció por completo y se había convertido en otra cosa, en morada de hombres y mujeres, en urbe, y de noche parecía que el cielo se hubiese volcado y que estuviéramos viendo las estrellas brillar contra la noche negra en el lado equivocado, pero en realidad eran las luces de la vida aconteciendo entre ese asfalto y esos ladrillos, brillando en ese universo pararelo en el que se había convertido la cordillera para los humanos.Leggi altro

  • Salar de Uyuni - Eduardo Avaroa

    5 agosto 2023, Bolivia ⋅ ⛅ 12 °C

    Este rinconcito recóndito de Bolivia necesita menos presentación pero no por eso es menos arrobador. A veces la sal lo cubría todo -hasta las camas- , otras veces era solo la arena la encargada de crear paisajes tan surrealistas que hasta el propio Dalí los tuvo que imitar, demasiado fantásticos como para ser imaginados. La vida explotaba en las lagunas de azufre para compensar la aridez que las envolvía, y fue junto a uno de esos lagos donde vimos el espectáculo de la muerte aconteciendo en el cuerpo de una vieja llama, tirada en medio del camino mientras los espasmos finales le recorrían de la cabeza a los pies. Por lo menos no moría sola, los humanos que pasábamos nos quedamos a su alrdedor, atraidos por el magnetismo de tal acontecimiento que, a pesar de ser lo más propio de nuestra naturaleza, se nos antoja como de ciencia ficción - esa muerte que solo vemos en las películas y que nunca creemos que nos vaya a pasar a nosotros, por lo menos no hoy -. Al caer la noche, el frío no encontraba lugares para cobijarse, por lo que envolvía todos los cuerpos y lugares y nada de lo que pudiéramos hacer lo podía ahuyentar. Fueron 3 días marcados por la compañía de nuestro guía y las otras dos parejas con las que viajábamos, muchas horas dentro del jeep y la soledad del paraje más recóndito de nuestra vuelta al mundo. Nos acercábamos poco a poco al país que es rincón, aprisionado por el polo sur, por el océano Pacífico y por la cordillera, nos acercábamos a la frontera con Chile.Leggi altro

  • Chile - Desierto de Atacama

    8 agosto 2023, Cile ⋅ ☀️ 22 °C

    De los días que estuvimos juntos y rellenados por la soledad desértica, con la única compañía de los cactus al anochecer y las llamas durante el desayuno; unos comiendo tostadas y otros hierbajos, y la vía láctea. El cielo se apagaba y en su lugar comenzaba a brillar una espiral gigante que me hacía sentir que realmente pertenecemos a algo mayor. Por momentos dejaba de sentirme a la deriva para sentirme en casa, en una casa que nos cuida a niveles que no podemos imaginar, y que no podremos perder por mucho que nos perdamos a nosotros mismos. Me quedaba largo rato durante las noches, en medio de un paisaje lunar, admirando esa espiral inmóvil pero que se revuelve y se retuerce y nosotros con ella. Luego nos abrazábamos bajo varios sacos de dormir para combatir el silencio del invierno en el desierto. Nos encontrábamos perdidos, con la furgoneta como único refugio, en el rincón del mundo aprisionados por el océano Pacífico, la cordillera de los Andes y el polo sur, pero nunca he sabido tan bien como allí a qué sabe la libertad.

    S.Pedro de Atacama tem algo de magnético não sei se é devido ao seu microclima, às pessoas ou à natureza única, com o vulcão Licancabur sempre presente. Depois da fria travessia pelo Salar de Uyuni e de cruzarmos a fronteira com o Chile (e de nos terem revistado as malas e terem requisitado tudo o que era orgânico, o s.pedro e o pau santo por exemplo) somos agraciados por um suave calor na pele ao descermos do autocarro. Chegamos sem alojamento e ao passear pela rua principal somos abordados por um rapaz que nos oferece alojamento num apartamento muito melhor que qualquer um dos hostels caríssimos que se encontram pela cidade. Nesse dia conhecemos a cidade e alugamos umas bicicletas para visitar o valle de la luna, uma magnífica paisagem de vales, dunas e formações rochosas de várias formas digna do seu nome. No dia seguinte alugamos uma pequena camper para visitar algumas das muitas maravilhas naturais que se podem encontrar nesta região. Destaque para os geysers del Tatio, o cañon de Guatin, a cordillera de la Sal e o tour astronómico onde pudemos ver infinitas estrelas e saber mais sobre os astros vistos desde o hemisfério Sul. Sempre seremos fãs de viajar em camper porque nos dá a liberdade de vermos mais sítios, ao nosso ritmo e de disfrutar mais os momentos de estrada ao mesmo tempo que poupamos em dormidas e comidas. Que mais se pode pedir?
    Ficou ainda muito por ver e este seria um dos sítios ao qual não teríamos nenhum problema em regressar para voltarmos a ficar embevecidos com a enorme beleza do nosso pequeno planeta.
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  • Arequipa - Huacachina - Paracas

    18 agosto 2023, Perù ⋅ 🌬 22 °C

    Desde el frío del desierto chileno decidimos que queríamos pasar los últimos días de nuestro viaje junto al calor del ecuador, y como teníamos que regresar a Lima de todas formas para coger el vuelo de vuelta, decidimos recorrer toda la costa peruana, en busca del sol. Durante este viaje de varios días en autobús hicimos tres paradas.
    La primera de ellas fue en Arequipa, ciudad entrañable rodeada de montañas, el lugar que vio nacer a Mario Vargas Llosa y a mi amiga Patricia, donde disfrutamos de la gastronomía y de los free tours. Nada más llegar salimos del hotel tras una muy esperada ducha para cenar chifa, la famosa comida peruana con inspiración china, y también probamos el cuy, que es cobaya frita. La sirven entera en el plato, experiencia no muy agradable aunque, ¡curiosa!
    Continuamos nuestro viaje en autobús por la extensa Perú, los asientos son cómodos aunque recorrer tantos quilómetros se hizo algo desesperante. Pasamos junto a las líneas de Nazca, tras ponderarlo mucho decidimos no parar, pues la logística para verlas es complicada y tal vez decepcionante. Puede que lo mejor de las líneas de Nazca sea saber que están ahí, que existen, y no tanto verlas como tal. Aún así conseguimos ver una de las líneas desde el autobús, pues se encontraba sobre la ladera de una colina, y tenía forma de, ¿gato?
    Nuestra segunda parada es Huacachina, un oasis de postal. En medio de un desierto de dunas se encuentra un lago rodeado de verde y de pequeños hoteles, como si fuese el dibujo de un oasis como los que nos enseñaban en la escuela. Decidimos subir una de las dunas que lo rodean para ver el lago desde arriba, tarea que me cuesta horrores entre la resistencia que ofrece la arena y el calor, pero merece la pena, pues observamos la inmensidad y oa beleza del desierto de un lado que contrasta con el otro donde se ve la ciudad gris que hay cerca y un montón de casas destarteladas La bajada la hacemos rodando por el suelo, por lo que llegamos al lago entre risas. Por la tarde nos apuntamos a un tour que nos lleva en buggy por las dunas y paramos para hacer sandboard, lo que Gui domina desde el principio y yo me contento con reírme de mis propias caídas. Demostrando que el mundo es un pañuelo, coincidimos en este tour con Gonçal, un chico que conocí en el máster en Barcelona, y su novia. Al principio no nos reconocimos el uno al otro, pues no éramos más que conocidos y hacía varios años que no nos veíamos, pero después de hablar un rato sobre de dónde éramos y nuestros respectivos viajes, ¡acabamos dándonos cuenta de que nos conocemos! Quedamos para cenar con ellos junto al lago y pasamos una noche agradable. Nos explica que toca en un grupo, Drug Holiday, ¡y nos encanta!
    Continuamos nuestro viaje, con la tercera y última parada antes de seguir hasta Máncora, en Paracas. Paracas parece un lugar donde los peruanos pasan el verano, solo que ahora se siente vacío por ser invierno y hacer frío y mucho viento. Paseamos por la playa y los alrededores, alquilamos una moto para recorrer la península y hasta vamos en barco a las islas Ballestas, también conocidas como las islas Galápagos de los pobres, donde venos leones marinos y otros animales y aves. Conocemos a un argentino y un suizo que se acaban de conocer hace unos días y están viajando juntos hasta el día siguiente, pues el argentino vuelve a casa, y acabamos pasando una noche en su hostal muy agradable, con comida, bebida y karaoke. También tenemos tiempo en Paracas para hacer maratón de Netflix, con la serie ‘El negocio del dolor’, pues el frío y desolado exterior no nos invita mucho a salir.
    Salimos de Paracas para enfrentar los dos últimos días en autobús, que cuestan mucho, pero nos llevan por fin al ecuador, donde siempre se está bien.
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  • Máncora

    21 agosto 2023, Perù ⋅ ☁️ 23 °C

    Ya sentimos que pertenecemos a aquellos lugares donde el aire siempre es tropical. No intentamos complicarnos demasiado en esta despedida, que se siente inundada por una nostalgia anticipada, por la certeza de que hemos aprendido más en los últimos doce meses que en los veintinueve años anteriores, por la sofocante sospecha de que no volveremos a vivir una experiencia igual nunca más.
    Nos alojamos en un agradable hostal cerca de la playa, pasamos el día en las hamacas de un bar al que decidimos volver todos los días, Gui surfea mañana y tarde, yo entro alguna vez para maravillarme al darme cuenta de que estamos rodeados de tortugas y leones marinos. Compramos desayuno en la misma panadería todos los días, comemos los menús del día del mercado central, no intentamos ver nada a lo que no podamos llegar paseando, y no nos perdemos los atardeceres sobre el Pacífico.
    El último día decidimos dar un largo paseo por la playa, nos paramos a descansar bajo una sombra cuando sentimos que el sol empieza a ser inclemente, y mientras Gui se tumba con los ojos cerrados yo me balanceo en un columpio cuando, a lo lejos y en el más completo silencio desde la distancia, una ballena sobresale de la superficie del océano, levanta todo su cuerpo del agua mientras da un giro en el aire, y vuelve a regresar impactando contra el mar en el salto más elegante que he visto en la vida. Intento llamar a Gui para que lo vea, pero el momento ha durado tan solo unos segundos, unos segundos de absoluta belleza. Siento a la Pachamama dándome su señal de adiós de una forma muy piscis, como no podía ser de otra forma, pero no es una despedida sino un recordatorio de que vayamos a donde vayamos siempre estaremos en ella, aprendiendo si estamos dispuestos a querer tener los ojos abiertos.
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  • Vuelta a casa

    25 agosto 2023, Stati Uniti ⋅ ☀️ 32 °C

    Emprendemos el viaje de vuelta a casa el 25 de agosto, desde nuestro hostal en Máncora. Cogemos un largo autobús en el que pasamos el día y la noche hasta llegar a Lima al día siguiente. Comemos nuestro último menú del día en un mercado y hacemos compra de regalos de última hora antes de coger un taxi al aeropuerto. Al llegar allí, la tristeza nostálgica del momento se ve oscurecida por un mensaje de mi padre: mi abuela paterna acaba de fallecer, tres días después de cumplir 98 años, dando buen ejemplo de su herencia melliza. Llamo a mi padre y nos intentamos consolar mutuamente, ambos con la voz cortada y las lágrimas al borde de los ojos. Ese día todos habían ido a verla, mis tíos, mi hermana, mi sobrino…como si el abrazo familiar fuese lo que necesitaba para poder irse en paz. Escucho cómo mi tía dice que me estaba esperando, pero su cuerpo no pudo aguantar por mí. Es sábado, y mi padre me dice que esperarán al lunes por la tarde para que yo pueda asistir al entierro. Cuelgo, y empieza la desesperante espera porque pasen las horas y los vuelos. Primero de Lima a Miami, en el que pasamos la noche y aterrizamos de buena mañana. Se nos pasa por la cabeza aprovechar las horas de escala para salir a la ciudad, pero a estas alturas del viaje hemos visto demasiado mundo y estamos demasiado cansados para poder apreciar nada más. Decidimos descansar en el aeropuerto a la americana, con donuts y cafés XL. Cuando subimos al avión, en el que pasaremos otra noche y nos permitirá amanecer en Lisboa, veo a mi cuñada Mónica en la pantalla del asiento. Resulta que viajamos con una aerolínea portuguesa y mi cuñada grabó unas clases de portugués para que los pasajeros se entretuviesen. Me quedo en shock, y me siento lo más cerca a casa que me he sentido en los últimos meses. No puedo estar tan lejos si me encuentro en un avión en el que la cara de mi cuñada está por todas partes. Una explosión de sentimientos se me acelera en el interior, la prisa por volver y abrazar a mi familia, despedir a mi abuela, la tristeza de saber que, probablemente, no volveremos a realizar un viaje como éste, la nostalgia de encontrarme a mí misma en la carretera, el miedo a no volverme a sentir así de libre nunca más. Me entretengo viendo la última película de Paul Mescal mientras Gui ve ‘La ballena’, y cuando nos damos cuenta es lunes 28 por la mañana y estamos en Lisboa.
    Al llegar, viene otro gran descarrilamiento interior: separarme de Gui. Habíamos quedado que él se quedaría dos semanas aquí con la familia mientras yo me cogería otro avión a Madrid. Caminar cada uno en una dirección y poner espacio físico entre nosotros se siente casi como una herida en la carne. Habíamos pasado ocho meses sin separarnos más que el tiempo que él pasaba surfeando, sabiendo que siempre estábamos ahí. Me subo al avión sin él, y volar para llegar a Madrid se me antoja surrealista, sola con mi mochila maltratada, sin mirarme en un espejo en tres días, con más recuerdos de los que puedo procesar en mi corazón de los últimos meses, y rodeada de gente que vuela volviendo a casa después de una escapada de fin de semana o por negocios. En mi cuerpo retengo tantos secretos que me siento explotar.
    Al llegar a Madrid me siento incapaz de coger el transporte público para llegar a la estación del AVE, así que me cojo un taxi a pesar de que mi parte mochilera interior se siente decepcionada. Sentada en el AVE me como los bocadillitos que he ido recolectando en los vuelos, e intento racionalizar el estado de shock en el que me encuentro: volver a casa tras un año de encarar al mundo en toda su crudeza maravillosa, despedir a mi abuela, conocer a mi sobrino…y todo sin Gui a mi lado para sujetarme.
    Al llegar a Valencia me recoge Manolo, el amigo de mis padres, pues ellos están ocupados recibiendo a la gente y preparando el entierro. Llegamos a Villarreal una hora después, con el tiempo justo para que me duche antes de ir al tanatorio. Al llegar a mi casa, al primero al que veo es a mi padre, que me abraza aliviado. Cruzo el porche, ansiosa por entrar y conocer a Marcos, mi sobrino, al que encuentro en brazos de mi hermana, que me recibe con lágrimas en los ojos. Mi madre llega entonces, emocionada, como si no se pudiese creer que de verdad estoy aquí. Soy consciente de que mis primas y mis tíos también están en la casa, pero mi estado de shock emborrona la información lateral. Corro a la ducha, en la que me tomo unos segundos para intentar aterrizar en el lugar en el que me encuentro.
    En el tanatorio muchas personas se acercan a hablar conmigo, y yo respondo educada, más o menos lo mismo a todos: sí acabo de llegar ahora mismo, estoy un poco en shock, me ha encantado la experiencia, sí estoy algo cansada pero aguanto. Aún así, me siento feliz, como si en ese preciso momento, éstas fuesen las coordenadas donde debía estar, y lo estoy. El planeta se ha reducido a eso al fin y al cabo, coordenadas en las que una está en un determinado momento o no está. La ceremonia es íntima y bonita, mi padre hace un pequeño discurso adecuado y precioso, y acabamos el día en el porche de mis padres, cenando pizzas rodeados de la familia de mi padre, contando anécdotas del pasado con alegría, y pienso que nunca había visto tan buena conexión familiar como la que se respira esta noche. Y siento que es así, es así como se debería despedir siempre a un ser querido, y es así como se termina una vuelta al mundo. Feliz, arropada, saciada de recuerdos hermosos, preparada para descansar por fin.
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    Fine del viaggio
    1 settembre 2023