• Paco Fernández
  • Jens Beiner
  • María José
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Viaje por Marruecos 2026

Recorrido por Marruecos, desde Norte a Sur y Este a Oeste en Autocaravana, por el interior. Gracias a María José, con su apoyo y comunicación el viaje ha sido muy fácil. Читать далее
  • 🇲🇦Visita: Marrakech👣👣

    18 апреля, Марокко ⋅ ⛅ 21 °C

    📕 Relato: Marrakech, un estallido de vida, colores y alegría ❤️

    ¡Por fin llegamos a Marrakech!.

    Entramos en la ciudad roja con una sonrisa de oreja a oreja y el corazón lleno de ilusión. Nada más dejar la autocaravana en el camping, Le Relais de Marrakech, cogimos un taxi, por 40dh, y nos lanzamos a descubrir el alma de esta ciudad mágica.
    Lo primero que nos conquistó fue la Plaza Jemaa el-Fna. ¡Qué espectáculo tan vivo!. Al amanecer, se transforma en un escenario increíble: encantadores de serpientes, cuentacuentos, músicos gnawa, puestos de zumos de naranja fresquitos, acróbatas y el aroma irresistible de los puestos de comida. Nos sentamos en una terracita, pedimos dos tés con menta y nos quedamos embobados mirando el bullicio, como vive sus gentes, y a descubrir a los turistas, sobre todo europeos. Paco, con su gracia de siempre, me dijo: “María José, aquí hay más gente que en la Feria de Abril… o en el Rocio… ¡y más diversión!” Nos reímos como dos chiquillos.
    Después nos perdimos con gusto por los zocos de la medina. ¡Qué maravilla de colores y olores! Callejuelas estrechas llenas de vida donde todo brilla: babuchas de mil colores, lámparas de latón que tintinean, montañas de especias que perfuman el aire (comino, canela, azafrán…), alfombras, bolsos de cuero y tejidos preciosos.
    Caminábamos de la mano, parando en cada tiendecita. Maria Jose, regateaba con tanto entusiasmo que los vendedores terminaban riéndose con ella. Se probo un montón de pañuelos de seda y acabó comprándome una blusa blanca con botones de colores“ porque hace juego con tus ojos”. Para mi, una camisa y pantalones de lino, súper-frescos. Entre risas, empujones suaves y algún que otro regateo fallido, nos sentimos más vivos que nunca.
    Cada esquina tenía una sorpresa: un gato dormido sobre una pila de alfombras, un rayo de sol colándose entre los toldos, el olor a pan recién hecho o el sonido de los artesanos trabajando el cobre. Todo es puro color, puro ruido y pura vida.
    Marrakech nos envolvió con su energía contagiosa y nos dejó el alma alegre y llena de recuerdos bonitos. Es una ciudad que no se visita… se siente con todo el cuerpo y con el corazón abierto.
    Qué suerte tan grande poder descubrirla juntos.
    Cada día de este viaje es un regalo. ❤️❤️

    P.D: Dormimos a 10 km de Marrakech, Camping Le Relais
    Hay que usar taxis

    31.7069, -7.9900 (lat, lng)
    N 31° 42' 25" W 7° 59' 24" (lat lng)
    N9
    40000 Ouahat Sidi Brahim
    Morocco
    …………………………////////////…………….
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  • 🇲🇦Free Tour X Marrakech👣👣

    19 апреля, Марокко ⋅ ☀️ 20 °C

    📕Relato del Free Tour de Marrakech: 10:00 - 13:00 h.

    🚶🏻‍♂️🚶🏻‍♂️Toda una aventura callejera.

    ☀️A las 10:00 en punto, bajo un sol que ya avisaba que iba en serio, llegamos a los 32 grados, nos juntamos un grupito variopinto, españoles, argentinos, uruguayos, chilenos…. frente a la Koutoubia.

    Hamim, nuestro gurú particular (con una bandera de Marruecos y una sonrisa de quien ha contado la misma historia 3.847 veces pero aún le hace gracia), levantó la mano y dijo:
    —Bienvenidos a la locura organizada que es Marrakech. Agarraos que esto va a ser intenso, los pasos de peatones son decorativos, las aceras no existente y cada uno circula y camina por donde quiere o puede.

    1.- Empezamos por la Koutoubia, esa mezquita tan guapa que parece que está posando para Instagram desde el siglo XII. Hamim nos contó que el alminar mide 77 metros y que el sultán mandó tirar el primero porque no le gustaba cómo había quedado. Típico: “¡Esto no me convence, a la basura!”.

    2.-De ahí nos metimos en el barrio de Laksour y luego en el Barrio de las 7 Curvas. Madre mía… calles tan estrechas que tenías que ponerte de lado para dejar pasar una moto cargada de gas butano. Hamim iba gritando:
    —¡Cuidado con las motos! Aquí no tienen retrovisores, tienen “fe en Alá” y ya.

    3.-Paramos un momento en el Mausoleo Moulay Laksou, un rinconcito tranquilo y bonito. Mientras Hamim explicaba la historia, un gato gordo dormía encima de una tumba como si fuera el dueño del lugar. Hasta el gato parecía saber más historia que nosotros.

    4.-Seguimos por el barrio Mouassine, lleno de puertas pintadas de colores y fuentes antiguas. Luego entramos de lleno al Gran Zoco. Allí es donde Marrakech se vuelve una lavadora: olores, colores, gritos, regateos y gente intentando venderte babuchas cada tres metros. Hamim nos salvó varias veces: “No mires a los vendedores a los ojos, que te huelen el dinero desde lejos”.

    5.-La joya del día fue la Madraza Ben Youssef, la escuela coránica. Impresionante. Patios con azulejos que parecen hechos por extraterrestres del siglo XIV. Hamim nos contó que los estudiantes vivían en celdas diminutas y estudiaban 12 horas al día. Yo solo pensaba: “yo con esto ya me habría tirado por la ventana… de lo bonito que es”.

    6.-Después entramos en el Barrio Andalusí. Aquí Hamim se puso misterioso:
    —Este barrio tiene secretos… —y nos contó historias de pasadizos, amores prohibidos y traiciones. No sé si era verdad o se lo inventó en el momento, pero sonaba de maravilla.

    7.-Pasamos por el Palacio Bahía (solo por fuera, que el interior cuesta pasta). Hamim nos dijo que tiene 150 habitaciones y que el sultán lo hizo para sus mujeres y concubinas. “Un hombre con mucha ambición… y poco sentido común”, añadió riendo.

    8.-Luego nos metimos en el Mellah (el barrio judío) y el Zoco de las Especias. Allí el olor era tan fuerte que casi te mareabas. Canela, comino, azafrán, clavo… olía a paraíso y a estornudo al mismo tiempo.

    9.-La parada estrella: la farmacia beréber. Nos explicaron remedios naturales para todo: desde el dolor de cabeza hasta “si tu suegra te pone de los nervios”, estreñimiento, contra las arrugas, remedio para todo. Y luego la pausa sagrada: té con pastas típicas. Nos sentamos, nos tomamos el té a la menta hirviendo y comimos cornes de gazelle y chebakia. En ese momento todos pensamos lo mismo: “por esto merece la pena el calor”.
    10.-Ya casi al final, pasamos por la Plaza El Badii (con sus ruinas impresionantes) y cerramos el tour en la 11.- Plaza Jemaa el-Fna a las 13:00 en punto. La plaza ya estaba animada: encantadores de serpientes, puestos de zumos, señoras pintando henna y un mono con un chaleco que parecía más profesional que algunos turistas.
    Al terminar, le dimos un fuerte aplauso a Hamim, nuestro gurú. El hombre se lo había currado de verdad, con gracia, paciencia y explicaciones claras. Cada pareja le dimos 250 dírhams como agradecimiento. Se le iluminó la cara y nos dijo:
    —Vosotros no sois turistas… sois familia que vino de visita.
    Y así, sudados, felices y con el estómago lleno de té y azúcar, terminamos un Free Tour que valió cada céntimo de propina.

    Donde será el próximo?

    P.D: Dormimos a 10 km de Marrakech, Camping Le Relais

    31.7069, -7.9900 (lat, lng)
    N 31° 42' 25" W 7° 59' 24" (lat lng)
    N9
    40000 Ouahat Sidi Brahim
    Morocco
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  • Ruta: 🚍Marrakech ➡️Essaouria🚍

    20 апреля, Марокко ⋅ ☀️ 31 °C

    Nos piramos de Marrakech 😂😂

    Ey, familia, esta mañana nos hemos marchado de Marrakech a Essaouira por la N8 y os lo cuento después de haber estado todo el día en la carretera con la música de fondo y el aire acondicionado a tope! 😂, pues el termómetro marcaba 35º 🥵🥵🥵

    Dejamos atrás la bulliciosa ciudad imperial de Marrakech, esa loca de medina que parece un zoco gigante donde todo el mundo te quiere vender algo: alfombras, babuchas, fotos con serpientes, chimpancés, pajarracos de todos los colores y hasta un camello que te mira juzgándote. Adiós al jaleo, a los vendedores que te persiguen como si les debieras la vida, y a ese calor seco que te deja como pasa. Hoy nos hemos largado a las playas de Essaouira, más relajados, con viento en la cara, olor a mar y a pescado fresco, y esa vibración hippie-chill que te baja las pulsaciones de golpe.

    ¡Por fin vamos a respirar, coño!
    La ruta por la N8 son 186 km que, sin paradas locas, se hacen en unas 2 horas y media a 3 horas. Pero claro, como somos españoles y nos gusta “disfrutar del camino”…tardamos más de 4 horitas, tranquilidad mañanera. Salimos prontito después del desayuno para llegar con luz y sin agobios.

    😂Lo más gracioso de la carretera:

    Nada más salir de Marrakech, la N8 te escupe a las llanuras semiáridas y empiezan los pueblitos bereberes que parecen sacados de una postal antigua. Primero pasas por Chichaoua (a 56 km), un pueblo normalito donde la gente te mira como diciendo “estos guiris otra vez con sus gafas de sol”. Parada estratégica para un café con menta y un té con eucalipto, algo extraño para nosotros, pero estaba bueno, “pijo”. El pueblo vive a la orilla de la carretera, un caos total…
    A partir de este punto empezamos a ver los famosos árboles de argán con cabras subidas como si fueran ardillas con cuernos.
    Os lo juro, vemos grupos enteros de cabras haciendo equilibrismo en las ramas, comiéndose el fruto ( parecido a una aceituna y un poco dulce) y las hojas de los árboles. El pastor, que está camuflado como una cabra, está ahí cobrando por la foto como si fuera el mejor espectáculo de Marruecos. Si paras, sacas el móvil y de repente: “¡20 dirhams la foto o te echo a las cabras!” 😂. Una cabra te mira desde arriba con cara de “¿qué miras, payo?” y otra se mea tranquilamente desde la rama. Es el circo más surrealista del viaje.

    Luego vienen los cooperativas de aceite de argán, a unos 70 km, zona de Tamanar, entramos en una tienda cooperativa, administras por mujeres, donde te explican el proceso y te venden cremas “milagrosas” para el pelo, las arrugas, los dolores,…Cuidado con probarlo todo, que sales oliendo a argán y pareces un croissant andaluz.
    Los pueblos van pasando: pequeños caseríos bereberes con casas de adobe, niños saludando con la mano, burros cruzando la carretera como si fueran dueños del asfalto… y de repente un camión que te adelanta con 300 alfombras atadas encima. Clásico marroquí: “Inshallah llegamos”.
    Hacia el final de la ruta, la carretera se pone más guapa, empiezas a oler el Atlántico y llegamos a Essaouira con sus murallas azules, el puerto de pescadores y esa brisa que te revuelve el pelo, las ideas y después de 20 días de desierto y montaña, la vida. Playa, viento fuerte, pescado a la plancha en el puerto y relax total.

    De Marrakech pasamos del “¡compra, compra!” al “siéntate, toma té, mira el mar”.

    P.D: ¿Quién se anima a parar a sacarle fotos a las cabras?
    Os aviso: una vez que ves una cabra en un árbol, ya no miras igual a las cabras normales.

    ¿Listos para la aventura?
    ¡Mañana rodaremos de nuevo y os contaremos más batallitas! 🐐🌊🚗

    ¡Inshallah” Si Dios quiere y olé!

    📝Nota curiosa y real:

    Antiguamente, los bereberes recolectaban las semillas que las cabras expulsaban, “defecaban”para extraer el famoso aceite de argán, ya que el proceso de digestión ablandaba la cáscara.
    Ahora el proceso está mecanizado y el control sanitario está garantizado.👋👋

    P.D:
    1.- Dormimos en Bouzama, Camping

    31.4707, -9.6872 (lat, lng)
    N 31° 28' 15" W 9° 41' 14" (lat lng)

    Ida Ougourd
    Bouzama
    Morocco
    2.- Parking Carrefour en Essaouria

    31°29'47.6"N 9°45'11.9"W

    (31.4965680, -9.7533056)

    ………………………..////////………….
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  • Visita: Essaouria o Mogador👣

    21 апреля, Марокко ⋅ ⛅ 19 °C

    Paseando por el viejo Mogador..

    📕 ¡Jajaja, familia, ya estamos en Essaouira y os lo cuento antes de que se me enfríe el pescado! 😂🌊

    Después de la ruta de las cabras equilibristas por la N8, llegamos a esta joyita azul y blanca del Atlántico con el pelo revuelto del viento (que aquí sopla como si le debiera dinero a alguien). Dejamos la Autocaravana 🚍 en el parking de Carrefour, y nada más poner un pie en la medina, ya sientes el cambio: adiós al caos de Marrakech, aquí todo es más tranqui, con murallas portuguesas, nos sentimos como en Europa, puertas azules, callejuelas empedradas y un olor a mar y a thuya (esa madera que huele a bosque caro) que te pone en modo vacaciones de verdad.
    La medina es preciosa, pero con trampa española: empiezas paseando como turista elegante y de repente estás regateando una lámpara de latón que no necesitas porque el vendedor es más listo que tú y tu prima. “¡Hermano, precio amigo español!” y tú sales con tres babuchas, un tagine de cerámica y la sensación de que te han timado con cariño.
    Las terrazas en las murallas (Skala du Port) son brutales: vistas al océano, cañones antiguos y gaviotas “cuidado” que te miran como diciendo “baja ese plato de pescado o te lo robo”.
    Pero el momentazo del día, lo que de verdad marca el viaje, son los chiringuitos del puerto. ¡Madre mía, qué paraíso del marisco low-cost! Y buena calidad y variedad.
    Bajas al puerto pesquero y es un espectáculo: barquitos azules, redes por todos lados, pescadores descargando cajas de sardinas, langostinos, calamares, gambas, vieiras… y un montón de puestos con parrillas humeantes. Eliges tú mismo el pescado vivo (o casi) de las neveras, te lo pesan, te lo limpian y te lo asan ahí mismo por cuatro 💶. Nosotros pedimos como si no hubiera mañana:
    • Sardinas a la brasa que todavía daban saltitos.
    • Calamares tiernos que se deshacían.
    • Gambas gigantes roja.
    • Una langosta viva “ 700 gramos”
    . Todo ello a la brasa, una delicia
    • Y una refrescante ensalada.

    Todo ello con limon como si estuviéramos por la costa mediterránea.
    . Precio total por dos persona: 30 euros comiendo como un rey. Mientras comes, las gaviotas te hacen el drone particular, volando a un metro de tu cabeza intentando robarte una sardina. Tuvimos que hacer el “brazo escudo español” varias veces: “¡Quita de aquí, cabrona, que esto es mío!” 😂.

    El viento (el famoso Alizé) te revuelve el pelo, te enfría el agua y te hace sentir que estás en un anuncio de colonia… pero con olor a pescado frito. Después de comer fuimos a la playa grande, con sus dunas y olas perfectas para windsurf. Vimos a unos locos haciendo kite surf saltando como salmónes, otros paseando en dromedarios, caballos y pensamos: “mañana nos apuntamos… o igual no, que con la parrillada de marisco en la barriga mejor una siesta”.
    Essaouira es eso: medina bonita, puerto auténtico, comida que te hace gemir y un rollo relajado que te cura el estrés de Marrakech. Aquí no hay prisas, hay té de menta, música gnawa de fondo y la sensación de que el tiempo se estira como un chicle.
    Resumen del día: llegamos relajados, comimos muy felices en los chiringuitos y ahora mismo estamos en una terracita viendo el atardecer naranja sobre el Atlántico. Mañana más, que todavía nos quedan murallas, galería de arte y seguramente otro asalto al puerto.

    ¿Quién se apunta al próximo viaje?

    ¡Inshallah y con el pescado recién pescado! 🐟🔥🍤

    P.D:
    1.- Dormimos en Bouzama, Camping

    31.4707, -9.6872 (lat, lng)
    N 31° 28' 15" W 9° 41' 14" (lat lng)

    Ida Ougourd
    Bouzama
    Morocco
    2.- Parking Carrefour en Essaouria

    31°29'47.6"N 9°45'11.9"W

    (31.4965680, -9.7533056)

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  • Ruta: 🚍Esauira ➡️ Oualidia🚍

    22 апреля, Марокко ⋅ ☁️ 18 °C

    📕¡Jajaja, familia, hoy hemos hecho la R301 de Essaouira a Oualidia y os lo cuento con el viento del Atlántico todavía metido en las orejas y olor a pescado asado en la camiseta! 😂🌊🚗

    Dejamos la muralla azul de Essaouira por la mañana, con la barriga todavía contenta de la parrillada de ayer, y nos metimos en esta carretera costera que es una maravilla: unos 200 km que, en condiciones normales, se hacen en 3 horas 45 minutos, pues la carretera tiene tramos, que más bien parecen caminos de cabras.

    Pero como somos españoles y paramos por todo (foto, café, mear, “mira qué cabra”), hoy hemos tardado 7 horas y media tranquilas, con parada larga incluida, estamos jubilados y no tenemos prisa. ¡Y ha merecido la pena cada kilómetro!

    La R301 es una gozada: va pegadita a la costa, con tramos donde el Atlántico te lame casi la rueda, playas salvajes, acantilados y un montón de pueblecitos bereberes y pesqueros que parecen sacados de una postal con filtro “vida tranquila”.

    Primero sales de Essaouira y a los 25 minutos ya estás en Sidi Kaouki: un paraíso de windsurf y kite con playa kilométrica y viento que te peina hacia atrás aunque no quieras. Hay un par de chiringuitos hippies donde los surferos beben té de menta mirando las olas como si fuera la final del mundial.

    Nosotros paramos a estirar las patas y casi nos quedamos: la arena dorada, las dunas y un rollo tan relajado que hasta el GPS parecía más lento.

    Seguimos y vienen pueblitos chiquititos: Ounagha, Talmest, caseríos con casas blancas y azules, burros cruzando la carretera como si fueran dueños del asfalto, ovejas y cabras por la cuneta, el pastor con el móvil y no se entera, y de repente… ¡Souiria Kedima !! Ahí fue donde paramos a comer como Dios manda (o como un marroquí con hambre).

    El puerto de Souiria Kedim es pequeño, auténtico y con un encanto brutal: barquitos de pesca, redes secándose al sol y unos chiringuitos donde te hacen la parrillada de pescado a la brasa y el suculento tajín de pescado que te cambian la vida.

    Elegimos sardinas, calamares, y un trozo de mero fresco que lo pusieron en la parrilla con limón, ajo y especias.

    El tajín venía con tomate, pimiento picante, patata y ese pescado que se deshacía en la boca… ¡Madre mía, qué barbaridad!. bien presentado en su cazuela y tapa de barro.

    Comimos mirando el mar, con las gaviotas haciendo acrobacias para robar migas, los gatos por debajo de la mesa para limpiar el suelo y el viento refrescando el ambiente.

    Precio ridículo, 70dh (6.50€), sabor de 10 y la sensación de que en Marrakech nadie come tan bien. Os lo juro: salimos rodando como dos morcillas felices. 🐟🔥🍤.

    Como buenos españoles, una buena siesta junto a la playa con la brisa fresquita. 😴😴

    Después de Souiria Kedim la carretera sigue abrazando la costa, con más playas vírgenes, acantilados y algún que otro rebaño de ovejas que te mira desafiante.

    Pasas por zonas más verdes, lagunas y finalmente llegas a Oualidia, el paraíso de las ostras y la laguna tranquila. Aquí el mar se calma, hay flamencos rosas paseando y un rollo mucho más familiar y relajado que en Essaouira.
    Resumen del día de hoy:

    • Distancia: 200 km por la R301 costera.
    • Tiempo real: Unas 6 horas y media con parada comida incluida.
    • Vibe: De viento fuerte y medina azul a laguna chill y pescado que te hace gemir.
    La R301 es de esas rutas que te hacen decir “esto sí que es viajar”. Nada de autopista aburrida: aquí hay mar, pescado fresco, pueblecitos con encanto y la sensación de que el tiempo va más despacio.
    Ahora mismo estamos en Oualidia, en el Área de Autocaravanas, una gozada, con la barriga llena, el alma contenta y ya pensando en ostras para mañana.

    ¿Quién se apunta al próximo asalto? ¡Inshallah, con brasa y tajín otra vez!

    ¿Queréis el relato de Oualidia o ya vamos planeando hacia El Jadida? 😏🐚

    Mañana os contamos más cositas.

    Paco y María José

    P.D: Dormimos en Oualidia Área Ac:

    32.7319, -9.0442 (lat, lng)
    N 32° 43' 55" W 9° 2' 39" (lat lng)

    Avenue Hassan II
    Oualidia
    Morocco
    …………………………//////////……………..
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  • Visita: Oualidia + laguna 👣👣

    23 апреля, Марокко ⋅ ☁️ 17 °C

    🇲🇦Jajaja, familia, ya estamos en Oualidia y os lo cuento todavía con arena entre los dedos de los pies y olor a brasa en la barba! 😂🐚🌊

    Está mañana, las 7:00 horas, no han despertado las vacas que estaban pastando junto a la Autocaravana, hemos pensado, “ somos pastores motorizados” je je je 🤣 😂😂

    Después de un suculento desayuno marroquí, (un café con leche, té y zumo de naranja, mermelada, miel, aceite , pan moruno, revuelto de huevos con hiervas aromáticas, y unas msemen (tortitas) que pesaban como ladrillos), todo ello por 100 DH ( 9€) nos lanzamos a descubrir este pueblo que parece un secreto bien guardado del Atlántico marroquí.

    Oualidia es como Essaouira pero en versión “modo relax total”: menos murallas, menos turistas corriendo y más vibe de “aquí no pasa nada… y me encanta”.
    Primero dimos una vuelta por el pueblo y su medina chiquitita. Es una medina de andar por casa: callejuelas estrechas, casas blancas con puertas azules, algún gato gordo tomando el sol en una alfombra y señoras sentadas en el suelo vendiendo hierbabuena y pan recién hecho. Regateamos (sin éxito) un sombrero de paja y acabamos comprando dátiles porque el vendedor nos miró con cara de “si no compras, lloro”.

    La medina aquí es tan pequeña que en 20 minutos ya la habíamos visto dos veces… y eso que nos perdimos una. ¡Clásico español!

    Luego bajamos a la laguna. ¡Qué maravilla, coño! Es una laguna enorme, protegida del océano por una barrera de arena, con agua tranquila y color turquesa. Nos quitamos las zapatillas como niños en la playa de del Mar Menor y empezamos a caminar descalzos por la orilla. La arena es fina, fresquita y te hace masaje gratis en los pies. El agua apenas te cubre los tobillos y está a una temperatura perfecta. Mientras paseábamos veíamos barcas de pescadores de colores chillones meciéndose suavemente, redes extendidas y tíos con sombrero de paja remendando aparejos.

    De fondo, flamencos rosas paseando como si fueran modelos en pasarela. Uno de ellos nos miró con cara de “¿qué hacéis aquí, guiris descalzos?” y siguió picoteando como si nada.

    El momento más gracioso fue cuando una ola pequeñita nos pilló desprevenidos y acabé con los pantalones mojados hasta las rodillas. Yo gritando “¡hostia, que está fría!” y Maria José partiéndose el culo mientras intentaba salvar el móvil como si fuera su primogénito. 😂
    Después de la caminata playera, subimos un poco y fuimos directos a los chiringuitos que hay junto al área de autocaravanas. Ahí está el verdadero negocio: diez casetas de madera, techos de cañas para estar frescos y parrillas humeantes, mesas de plástico y vistas brutales a la laguna. Elegimos mesa con primera línea de mar y pedimos como si nos hubiéramos cobrado la paga del mes:
    • Una lubina enorme a la brasa, con piel crujiente y carne blanca que se deshacía, para cada uno (1.400 gr la pieza)
    • Calamares tiernísimos, hechos ahí mismo, con un puntito de limón, y muchos condimentos, que te hacía cerrar los ojos de gusto.
    • Un buen plato de gambas a la plancha con ajo y perejil que sabían a mar puro.
    Todo acompañado de pan calentito, ensalada fresca y un agua fresquita (porque la cerveza aquí la esconden como si fuera oro).

    El precio fue ridículo: comimos como reyes por 220 DH, unos 11 euros por persona.

    Mientras devorábamos, las gaviotas hacían vuelos rasantes intentando birlarnos una gamba y yo hacía el “brazo escudo español” versión 2.0: “¡Ni lo sueñes, pájaraco!” Y los gatos pasando el rabo entre las piernas para recibir la propina. Mas o menos como ayer.

    El viento suave, el sol calentando la cara y el sonido de las barcas… os juro que en ese momento pensé que podría quedarme a vivir allí. Después de la comilona nos dio la siesta playera inevitable: tumbados en nuestras hamacas con la barriga llena y la sensación de que el mundo puede esperar.
    Resumen del día en Oualidia:

    • Mañana tranquila paseando por el pueblo y la medina.
    • Final de la Mañana de pies descalzos en la laguna con barcas y flamencos de público.
    • Comida épica en los chiringuitos: lubina, calamar y gambas a la brasa que todavía me hacen babear al recordarlo.
    Oualidia es eso: un pueblo pequeño, auténtico y con una laguna que te cura el alma. Nada de agobios, solo mar, pescado fresco y esa calma que en Marrakech ni soñando.
    Ahora mismo estamos digiriendo la lubina mientras planeamos el próximo paso. ¿Mañana seguiremos hacia El Jadida o nos quedamos un día más a repetir la parrillada?
    ¡Decidme, que con el estómago lleno todo se ve mejor! 🐟🔥😎 ¡Inshallah y olé!

    Hasta la próxima aventura…
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  • Ruta: 🚍Oualidia➡️Casablanca🚍

    24 апреля, Марокко ⋅ ☀️ 19 °C

    📕 Crónica tragicómica de la R301: del sueño romántico al rescate por autopista (cuidado con esta carretera es una auténtica ruina)

    La idea era preciosa: salir de Oualidia por la R301, ir bordeando el Atlántico, atravesando pueblecitos costeros, olor a mar, pescadores remendando redes, y nosotros en nuestra autocaravana sintiéndonos protagonistas de una película.

    La realidad empezó en el primer kilómetro.

    Primer bache: “Bueno, es Marruecos auténtico”.
    Segundo bache: “Esto ya tiene personalidad”.
    Tercer bache: creo que se ha movido la vajilla”.
    Quinto cráter: como sigamos así, llegamos a Casablanca… pero en piezas”.

    Aquello no era asfalto. Era arqueología en su estado natural.

    La autocaravana crujía como un galeón español del siglo XVII. Cada socavón sonaba a:

    —¡Clonc! (se despide un tornillo)
    —¡Catacroc! (adiós a la paciencia)
    —¡Ñeeec! (el mueble del comedor pidiendo jubilación)

    Y en ese momento pensamiento unánime:
    “Vamos a desguazar la autocaravana.”

    Ni ruta romántica ni costa salvaje… aquello parecía una prueba del Dakar para suspensiones con depresión y neumáticos al más alto nivel.

    Hicimos lo más sensato y más español posible:
    media vuelta estratégica (que no retirada), y seguimos paaa delante.

    Dirección autopista A1.

    Y entonces… gloria bendita.

    Asfalto liso. Carriles perfectos. Silencio mecánico. La Bürstner flotando como si fuese un yate.

    —¿Esto es Marruecos o Alemania?
    —No sé, pero por 103 dirhams (9€)

    hemos comprado paz interior.

    Distancia del día: aprox. 179 km por carretera desde Oualidia a Casablanca.
    Temperatura en Casablanca hoy: alrededor de 20–21 °C, ideal para llegar sin derretirse.
    Ambiente fresco por la cercanía del mar.

    Y final apoteósico:
    Aparcados con la AC junto a la Hassan II Mosque, viendo el Atlántico, respirando supervivencia.
    Todo un lujo para un Autocaravanista

    Conclusión del día:

    La R301 nos quiso desmontar la casa rodante.
    La A1 nos reconcilió con la civilización.
    Y la mezquita nos recibió como peregrinos mecánicos.

    Moraleja:
    Hay rutas para descubrir paisajes… y otras para descubrir si los armarios de la autocaravana están bien atornillados.

    P.D: Dormimos en Oualidia, Área Ac:

    32.7319, -9.0442 (lat, lng)
    N 32° 43' 55" W 9° 2' 39" (lat lng)

    Avenue Hassan II
    Oualidia
    Morocco

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  • Visita: Casablanca y Kenitra👣👣

    25 апреля, Марокко ⋅ ☀️ 23 °C

    Casablanca siempre llega antes en la imaginación que en la carretera. Uno piensa en la mítica Casablanca, en Humphrey Bogart murmurando aquello de “siempre nos quedará París”, y espera encontrar una ciudad detenida en blanco y negro. Pero no. Casablanca es otra cosa: es luz atlántica, ruido, avenidas inmensas, fachadas que mezclan épocas y una energía que te arrastra desde el primer momento.

    Llegamos con esa mezcla de curiosidad y respeto que provocan las grandes ciudades. Casablanca no se enseña de golpe; se va revelando por capas. Primero, el pulso urbano: tráfico, tranvías, edificios modernos y bulevares amplios que parecen no acabarse nunca. Después, poco a poco, aparece su elegancia algo desordenada, su alma viva.

    La primera gran parada, inevitable, fue la impresionante Hassan II Mosque. Y aquí las palabras se quedan pequeñas. Verla levantarse junto al océano es sobrecogedor. Su minarete domina el horizonte como un faro espiritual y el mar rompe a sus pies como si quisiera participar también en el espectáculo.

    Hay lugares que se visitan, y otros que se contemplan en silencio. Este es de los segundos.

    Pasear por su explanada, sentir la brisa del Atlántico y observar los detalles —los mosaicos, las tallas, la geometría infinita— es comprender que no es solo un monumento: es una obra hecha para asombrar. Uno se descubre mirando hacia arriba constantemente.

    Después, tocaba caminar sin prisa por la Corniche, el gran paseo marítimo de la ciudad, en la zona de Ain Diab. Allí Casablanca cambia de registro. Si la mezquita inspira solemnidad, el paseo invita a vivir. Familias paseando, jóvenes frente al mar, terrazas, olas y esa vida atlántica que convierte cualquier tarde en un pequeño acontecimiento.

    Nos sentamos a mirar el océano largo rato, simplemente porque sí. Porque viajar en autocaravana tiene mucho de eso: saber detenerse.

    Y luego están sus grandes avenidas. Recorrer el entorno del Boulevard Mohammed V, la Place Mohammed V y perderse por el centro es descubrir otra Casablanca: monumental, administrativa, elegante, con huellas art déco y una personalidad muy propia. Aquí la ciudad parece dialogar entre pasado colonial, modernidad y tradición marroquí.

    Nos sorprendió esa escala grande de la ciudad. Todo parece pensado en dimensiones generosas: las avenidas, los edificios, los espacios abiertos. Y, sin embargo, siempre aparece una escena pequeña que humaniza el conjunto: un vendedor de zumo, una conversación en una esquina, una sonrisa inesperada.

    Casablanca no es una ciudad que busque seducir al instante. No juega a ser postal. Se deja entender caminándola.

    Y quizá por eso termina gustando tanto.

    Nos fuimos con la sensación de haber visto una ciudad múltiple: espiritual frente al mar, cosmopolita en sus avenidas, relajada en su paseo marítimo, inmensa y cercana a la vez.

    Muchos viajeros la usan como ciudad de paso. Error.

    Casablanca merece parada, tiempo y mirada.

    Porque más allá del mito, hay una ciudad real. Vibrante. Atlántica. Sorprendente.

    Y sí… también tiene algo de cine.

    Nos vemos en Rabat…….

    P.D: Estacionamos en Mohammedia, Camping Said

    33.7252, -7.3369 (lat, lng)
    N 33° 43' 31" W 7° 20' 13" (lat lng)

    R322
    Mohammédia
    Morocco
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  • Visita: Rabat 🚂Kenitra👣👣

    26 апреля, Марокко ⋅ ☀️ 24 °C

    📕 Rabat en tren: aventura sobre raíles, medina y regreso triunfal

    Salimos de Kenitra con esa emoción de quien va a vivir una gran expedición… aunque en realidad fueran apenas unos kilómetros en tren y el billete cuesta solo 20 dirhams/ persona/trayecto. Pero por ese precio uno no compra un trayecto, compra una aventura.

    Subimos al tren con la solemnidad de quienes van rumbo a Oriente, aunque nuestro “Transiberiano marroquí” tenía más pinta de cercanías con encanto. Eso sí, qué gusto viajar mirando por la ventanilla, dejando atrás Kenitra mientras el convoy avanzaba con ese traqueteo que invita a pensar tonterías profundas como: qué bien hemos hecho en no coger la autocaravana para meternos en Rabat.

    Llegamos a Rabat, ciudad elegante, tranquila y con ese aire de capital que no necesita presumir porque ya sabe que es guapa.

    Nos lanzamos a recorrer la Medina, ese maravilloso laberinto donde uno entra buscando una calle y sale preguntándose en qué siglo está. Tiendas, olores, artesanos, gatos con más autoridad que algunos alcaldes y ese caos ordenado que solo las medinas saben manejar.

    Y después, joya mayor: la Kasbah de los Oudayas, probablemente el rincón más bonito del Atlántico. Casas blancas y azules, callejuelas impecables, buganvillas por todas partes… un lugar tan bonito que dan ganas de quedarse a vivir allí, siempre que alguien te suba el pan.

    Paseamos como si fuéramos inspectores del patrimonio mundial, admirando cada esquina, y acabamos en sus jardines, frescos y tranquilos, donde por fin comprendimos por qué los marroquíes dominan el arte de sentarse a la sombra sin prisa ninguna, pues cuando aprieta el sol, todas las sombras están ocupadas por gatos o marroquíes. Un auténtico máster en filosofía vital.

    A mediodía tocó comer en la Medina. Y claro, cuando uno dice “vamos a picar algo”, termina saliendo como un sultán después de un banquete. Tajines, pescado y mariscos rebozado frito y una ensalada de tomate, pepino, cebolla y pimiento, súper-fresca que sabe a gloria, y pan para parar un tren —nunca mejor dicho— y esa hospitalidad que hace que siempre te sirvan algo más de lo que creías pedir.

    Con la barriga feliz y el espíritu en paz, seguimos perdiéndonos —voluntariamente, por supuesto— por callejuelas frescas, parques y jardines donde el calor parecía haberse quedado fuera.

    Y llegó el momento del regreso.

    Desde Rabat Ville tomamos el tren de vuelta a Kenitra. Otro billete por 20 dirhams. Insisto: por ese precio en España casi no te dan ni el derecho a mirar el andén. Aquí, en cambio, tienes trayecto, paisaje y hasta sensación romántica.

    El tren avanzaba mientras nosotros ya íbamos haciendo balance de la jornada: capital imperial visitada, medina conquistada, kasbah disfrutada, comida memorable y presupuesto que no arruina a nadie. Operación redonda.

    Al llegar a Kenitra solo quedaba rematar la jornada como mandan los cánones del buen autocaravanista: regresar a nuestra querida casa rodante en el Camping Municipal de Kenitra, poner los pies en alto y declarar oficialmente terminada la expedición.

    Porque sí, algunos cruzan océanos para vivir aventuras.

    Nosotros hemos ido en tren a Rabat por 20 dirhams… y tampoco ha estado nada mal.

    P.D: Estacionamos en Kenitra, Camping Municipal La Chenie

    34.2569, -6.5668 (lat, lng)
    N 34° 15' 25" W 6° 34' 1" (lat lng)

    Avenue Er-Riyade
    Kenitra
    Morocco

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  • Ruta:🚍Rabat ➡️ Larache🚍

    27 апреля, Марокко ⋅ ⛅ 23 °C

    📕¡Ay, compañeros de asfalto, seguidores online y autocaravanistas, qué aventura tan marroquí nos hemos marcado desde Kenitra rumbo a Larache!

    Salimos con la Autocaravana cargado de ilusiones, después de dejar atrás Rabat, un par de botellas de agua fresca, “embotellada” nada de grifo, y la ilusión de que esta vez la carretera no nos iba a dar sorpresas.

    Unos 120 km que, en teoría, se hacen en hora y media por la N1… pero claro, esto es Marruecos, y la teoría aquí es solo una sugerencia.
    Por el camino, paramos en la laguna de Mulay Bousselham que suena más exótico). ¡Qué sitio más bonito, coño! aquí los contrastes se notan….Una laguna enorme, azul turquesa, rodeada de dunas y con flamencos rosa paseando como si fueran influencers de Instagram en pleno rodaje. Dimos un paseo, respiramos aire puro con olor a mar y algas, y hasta nos planteamos subir a una barquita con un pescador local para hacer el tour completo. Al final nos conformamos con fotos y un té, porque después de la carretera no estamos para muchos zarandeos.

    Un espacio natural de los que te hacen decir: “Joder, qué bien que hemos salido de la ciudad”.
    Y entonces… ¡tachán! Llegamos a Larache, la que muchos llaman “la ciudad más andaluza de Marruecos”. Y no mienten: balcones de hierro forjado, plazas con aire de Sevilla pero sin los turistas borrachos de feria, y esa mezcla rara de medina marroquí con ensanche colonial español que te hace sentir como si hubieras cruzado el Estrecho sin necesidad de ferry. La Plaza de la Liberación (antigua Plaza de España) es una pasada: te sientas en una terraza, pides un café y parece que vas a ver a tu abuelo jugando al dominó mientras habla de cuando “aquí mandábamos nosotros”.

    Pero el plato fuerte del día fue el camping municipal. Por solo 60 DH (unos 6 euros, que ni en un albergue cutre de la Península). Digno de los años 40, sí señor. Duchas que parecen sacadas de una película en blanco y negro, instalaciones que gritan “aquí Franco aún era joven”, pero… ¡tiene sombras de árboles y agua corriente! En este país, eso ya es lujo de cinco estrellas. Aparcamos la autocaravana bajo una carrasca enorme, parece que estamos en Badajoz o Huelva, pensando que al menos no nos íbamos a asar como en el desierto, y nos reímos un rato recordando campings “modernos” que cuestan el triple y tienen menos encanto.

    Total: un día de carretera con laguna de postal, ciudad con sabor a Andalucía versión magrebí y un camping vintage que, aunque parece que lo inauguraron en la posguerra, te da esa paz que solo dan los sitios con alma (y con árboles para sombra). que ya estamos cerca de verano y el
    solecito 🌞🌞aprieta de lo lindo.

    ¿Próxima parada? ¿Asilah con sus murales, Tánger con su caos elegante o nos quedamos un día más en Larache comiendo sardinas a la plancha por cuatro duros?

    Vosotros mandáis , que nosotros ya estamos enganchados a este road trip con humor español y dirhams en el bolsillo. Por cierto, ya hemos cobrado👏🏻👏🏻👏🏻

    ¡Salud y buen viento, que aquí el Atlántico sopla fuerte pero las risas más! 🌊😂🏕️

    P.D: En Larache, estacionamos en el Camping Aljalila

    35.1609, -6.1433 (lat, lng)
    N 35° 9' 39" W 6° 8' 36" (lat lng)

    Avenue Omar Ben Abdelaziz
    Larache
    Morocco
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  • Visita: Larache 👣👣👣

    28 апреля, Марокко ⋅ ☁️ 19 °C

    📕 ¡Ay, miarma, qué aventura tan andaluza en tierra marroquí!

    Resulta que llegamos a Larache, esa ciudad que parece que se escapó de Andalucía hace un siglo y se plantó en la costa atlántica de Marruecos haciéndose la despistada. Dicen que es de las más españolas de por allí, y la verdad… se nota. Hasta huele a España antigua, pero con un toque de tagine y menta.

    Empezamos el día como Dios manda: un desayuno marroquí en un cafetín de la medina. Té con hierbabuena tan dulce que te sale caries solo de mirarlo, msemen calientes con miel, aceitunas y ese pan redondo que parece que lo han hecho para mojar en todo. Mi compañera de viaje “ María José” ya iba con los ojos brillantes diciendo “esto es vida, coño”.

    Después nos lanzamos a patear la Medina. ¡Qué maravilla, madre mía! Calles estrechas que parecen hechas para que no pasen dos burros a la vez (y a veces ni uno), paredes pintadas de blanco nuclear y ese azul tan bonito que parece que lo han robado del cielo de Tánger. Bajas por unas cuestas traicioneras, giras una esquina y… ¡zas! Te aparece el puerto abajo, con sus barquitas de colores y las playas extendiéndose hasta donde te alcanza la vista.

    De repente te sientes como en un pueblo blanco de Cádiz, pero con señoras con chilaba y niños corriendo descalzos gritando en dariya, gatos por todos los rincones y perros a la sombra.

    Yo iba diciendo “¡Qué bonito, leche!” cada dos por tres, mientras intentaba no partirme la crisma con las piedras del suelo, las aceras de la época mozárabe.

    Salimos de la medina y nos metimos en el casco más moderno, ese que gira alrededor de la Plaza de España. Ahí ya es otra película: edificios con balcones de inspiración colonial, terrazas llenas de gente tomando café, por cierto, solo hombres, donde están las mujeres marroquíes?, palmeras…

    Hasta parece que en cualquier momento va a salir un guardia civil de los de antes a dar un paseo. Muy cosmopolita, muy agradable. Te sientes como si estuvieras en una versión marroquí de una ciudad andaluza de los años 20, pero con wifi, móviles de última generación y burros por las calles con mercancías.

    Llegó la hora sagrada: la comida.

    Bajamos al puerto y nos sentamos en uno de esos chiringuitos con mesas de plástico, mantel de colores, aunque están inclinadas no se caen los platos ni los vasos, es magia o pegamento y vistas a los barcos. Pedimos una parrillada de pescado y marisco que era un escándalo. Sardinas, calamares, gambas, pulpo… todo recién salido del Atlántico y pasado por la parrilla con sal gorda y limón.

    Yo creo que en ese momento firmé la paz mundial con un trozo de merluza. Mi compañera de penas, casi llora de emoción cuando le trajeron el pan calentito para rebañar.

    Después de semejante atracón, solo quedaba una cosa sensata: volver caminando (despacio, muy despacio) hasta la autocaravana que teníamos aparcada en el camping municipal, por cierto a 5 km, para ir relajando la comida. Ese camping tan sencillo, con sus parcelas de hierba un poco seca, las duchas que a veces echan agua caliente y otras te dan un susto escocés… de principios del siglo XX en su estado natural, pero con vistas al mar y ese ambiente tan tranquilo de gente viajera.

    Nos tiramos en las tumbonas, con la tripa llena, el sol de la tarde dándonos en la cara y el sonido de las olas de fondo. Yo mirando al techo de la furgo y pensando:

    “¿Quién nos iba a decir a nosotros que íbamos a estar en una ciudad medio española en Marruecos, después de desayunar como unos sultanes y comer como unos pescadores andaluces?”

    Larache, hija… te has ganado un huequito en nuestros corazones ❤️
    .
    Y ahora, a echar la siesta como Dios manda. Mañana será otro día… y nos espera Asilah, si el té con menta no nos tiene toda la noche dando brincos. ¡Inshallah! 😂

    P.D: Dormimos en Larache, camping municipal Aljalila.

    35.1609, -6.1433 (lat, lng)
    N 35° 9' 39" W 6° 8' 36" (lat lng)

    Avenue Omar Ben Abdelaziz
    Larache
    Morocco
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  • Ruta: 🚍Larache➡️Asilah🚍

    29 апреля, Марокко ⋅ ☁️ 18 °C

    📕 ¡Ey, viajeros del sofá y del volante! Aquí os traigo el relato de una ruta cortita pero con mucho sabor: Larache → Asilah por la costa.

    Poco más de 40 km que parecen un suspiro… pero un suspiro con curvas, cabras y vistas que te hacen soltar el “¡ostras!” más español que existe.
    Salimos de Larache después de un café con leche condensada que me ha sentado de maravilla . El plan era sencillo: seguir la carretera de la costa, la famosa R417 sin prisas, con la ventanilla bajada y la música marroquí sonando a todo trapo.

    Nada más salir, la carretera se pega al Atlántico como si tuviera miedo de perderlo de vista. A la derecha, el océano enfadado rompiendo contra las rocas; a la izquierda, campos verdes, algún burro filosófico mirando al infinito y pueblos pequeños donde el tiempo parece haberse quedado en 1997.

    Lo mejor y emocionante son las curvas. No son curvas de montaña terroríficas, pero sí esas curvas traicioneras que te hacen decir: “Tranquilo, que voy a 60… ¡Mierda, cabras en la calzada!”. Porque sí, en Marruecos las cabras tienen derecho de paso preferente y parecen saberlo.

    En algunos tramos la carretera se pone juguetona y baja casi hasta la playa. Hay miradores improvisados donde paran los locales con sus Mercedes antiguos tuneados con pegatinas de fútbol. Estás súper activos con el copa del mundo 2030, que se celebrará en España-Portugal-Marruecos.

    Paramos en uno de ellos, preparamos el café y el pan de la víspera y nos hicimos los fotógrafos profesionales durante 10 minutos. Resultado: 47 fotos casi idénticas y una sensación de “esto es la vida”.

    Después de tanto paisaje y tanto “¡mira qué bonito!”, Asilah aparece de repente como si alguien la hubiera colocado allí para alegrarnos el día. Sus murallas blancas y azules brillan con la luz de la mañana. Es de esas ciudades que te dan ganas de aparcar, perderte y no volver nunca (o al menos hasta que se acabe el dinero).

    Y aquí viene el momento estelar del parking: Camping Assada.
    Llegamos, giramos a la derecha justo antes de entrar al centro histórico y… ¡tachán! Playa a un lado, murallas a menos de 5 minutos andando y un camping con sombra, wifi intermitente (como Dios manda o marroquí ) y dueños que te saludan como si fueras primo segundo que vuelve de España, aquí se habla y bien el español.
    Aparcamos la Autocaravana mirando al mar, abrí la puerta y lo primero que me recibió fue una ráfaga de viento atlántico con olor a sal y libertad. Me senté en la silla plegable con una cerveza fresca (siiiii, cervecita española que iba en la bodega) y pensé: “Pues nada, aquí me quedo tres días… o tres semanas, ya se verá”.

    Conclusión del día:

    Ruta corta, intensa y con cero aburrimiento. Larache te dice adiós con olor a sardinas, la costa te regala curvas y paisajes, y Asilah te recibe con su sonrisa blanca y azul diciéndote “tranquilo, que aquí se vive bien” y se habla buen español.

    Mañana toca perderse por las medinas, comer tajine con vistas al mar y fingir que soy un nómada experimentado (aunque todos sabemos que solo soy un español con buena cámara y peor sentido de la orientación).

    ¿Os animáis a hacer esta rutilla?
    Os leo en comentarios. Y si veis una cabra en medio de la carretera… dadle recuerdos de mi parte. 🐐
    ¡Hasta la próxima curva!

    P.D: Dormimos en Asilah, Camping Assada.

    35.4717, -6.0285 (lat, lng)
    N 35° 28' 18" W 6° 1' 43" (lat lng)

    Avenue Khalid Ibn Oualid
    Asilah
    Morocco
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  • Visita: Asilah 👣👣

    29 апреля, Марокко ⋅ ☁️ 18 °C

    📕 Asilah, la tacita de plata del Atlántico (o cómo Marruecos nos ha conquistó por el estómago).

    Esta mañana hemos llegado con nuestra casa rodante al camping Assada con la misma ilusión que un niño con zapatos nuevos. Estacionada la Ac, olor a salitre en el aire y ese viento atlántico que te da una bofetada cariñosa nada más bajar del vehículo. Primer objetivo: conquistar Asilah antes de que Asilah nos conquiste a nosotros.

    Y vaya si lo ha hecho.

    La medina de Asilah es una preciosidad. Calles blancas y azules tan limpias que dan ganas de comer en el suelo (aunque luego te das cuenta de que no hay que abusar). Cada rincón parece sacado de una postal, con murales de colores, puertas antiguas de madera tallada y gatos que te miran con cara de “aquí mando yo, y ese paseo marítimo kilométrico que casi llega a Tánger, aquí no tienen problemas de espacio, todo en su estado natural.

    Hemos subido y bajado cuestas hasta que las pantorrillas nos han pedido el divorcio. Pero merece la pena. Desde las murallas se ve el Atlántico enfadado, rompiendo con fuerza contra las rocas. Un espectáculo que te hace sentir pequeño… y con hambre. Mucha hambre.
    Y llegamos al momento estelar del día: la comida.

    Nos hemos sentado en un restaurante sin pretensiones (de esos que tienen más moscas que TripAdvisor, color azul y blanco) y hemos pedido como buenos españoles que somos: tajín y pescado a la brasa. Aquí todo el
    mundo entiende y habla el español, para eso fue protectorado hasta hace cuatro días.

    Madre mía.

    El tajín venía tan tierno que el pescado se rendía antes de que el tenedor la tocara. Y el pescado… ay, el pescado. Tan fresco que casi le hemos pedido perdón por comérnoslo. Brasa perfecta, punto justo de sal y un chorrito de limón que debería estar considerado patrimonio de la humanidad. He tenido que contenerme para no lamer el plato como un gato callejero. La jefa, me ha mirado con esa cara de “compórtate, que estamos en el extranjero” y yo le he contestado con la boca llena: “¡Que estamos en Marruecos, no en Suiza!” Aquí vale todo, o casi todo.

    Después de comer hemos bajado a las playas blancas. Arena fina, agua fresquita y ese color turquesa que te hace dudar si te has equivocado de continente. Nos hemos quitado las chanclas y hemos paseado como dos jubilados alemanes, mejor dicho, jubilados españoles, que pijoo…. pero con más gracia y peor bronceado.

    Conclusión del día: Asilah es una joya. Pequeña, coqueta, limpia y con un encanto que te desarma. Esto ya cada vez parece más Andalucía, Huelva, Cádiz, estamos muy cerca. Te come por los ojos y luego te remata por el estómago.

    Mañana volvemos a la carga. Dicen que hay que probar el té con menta y los pasteles de almendra. Yo ya estoy haciendo sitio en el estómago… y en la cintura.
    Asilah 1 – Nosotros 0
    Pero qué derrota más deliciosa, coño

    P.D: Dormimos en Asilah, camping Assada, con servicios básicos..

    35.4717, -6.0285 (lat, lng)
    N 35° 28' 18" W 6° 1' 43" (lat lng)

    Avenue Khalid Ibn Oualid
    Asilah
    Morocco
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  • Ruta: 🚍Asilah➡️Tánger 🚍

    30 апреля, Марокко ⋅ ☁️ 18 °C

    ¡Acho, quillo! Aquí te traigo el relato con todo el sabor murciano. Imagínate que te lo está contando el tío “ Pencho” y la “tía Josefa” de la huertica murciana, pero con autocaravana y duna marroquí:

    De Asilah a Tánger por la costa: un paseíto corto pero mu intenso, leche.

    Pijoo, salimos de Asilah con la autocaravana más contenta que un niño con zapatos nuevos. El sol pegaba ya de lo lindo y la N1, esa carretera que va pegadita a la costa, parecía hecha pa’ nosotros. Bueno, pa’ nosotros y pa’ los camiones que de vez en cuando te pasaban rozando como si fueran en el circuito de Cheste.

    La P4601, o la que sea (que en Marruecos las carreteras cambian de número más que yo de calzoncillos), es una gozada. Por un lao tienes el Atlántico rompiendo con fuerza, de un color azul que ni la piscina del Parador de San Javier, y por el otro, montes pelados y alguna que otra cabra, oveja locas haciendo equilibrios.

    De vez en cuando veías a un moro con su burrito cargao hasta los topes, o puestos de fruta donde te miraban como diciendo “para aquí, cristiano, que la sandía está de muerte”. Por cierto a muy buen precio, pijoo más baratas que en Murcia.

    Nosotros, fieles a nuestra costumbre murciana de no parar ni pa’ mear, íbamos diciendo: “Venga, que esto es cortito”. ¡Cortito dice! Corto pero intenso, como un partido del Real Murcia en el Cartagonova.
    La carretera se retuerce un poquico, sube, baja, te regala curvas con vistas que te dejan tonto. En un momento dado parece que vas a caer al mar y al siguiente estás arriba del tope mirando la bahía de Tánger a lo lejos.

    ¡Qué barbaridad, compañero! El GPS iba más perdido que un murciano en Madrid, pero con el mar siempre a la derecha, imposible equivocarse.
    Total, que entre duna y duna, ola y ola, en menos de tres horas ya estábamos viendo las primeras casas de Tánger. La ciudad se te echa encima de repente, con su mezcla de moderno y antiguo, con el puerto al fondo y esa sensación de “aquí ha pasado de todo desde los fenicios”.

    Llegamos al Camping Miramonte y… ¡ostras, qué vistas, leche! Está ahí arriba, en la Corniche, mirando de frente a la bahía. La autocaravana aparcada con el morro hacia el mar, como si estuviera posando pa’ una foto. Nos instalamos con calma: toldo fuera, sillas, una cervecica fresquita (de las que aún nos quedaban de España) y a disfrutar del panorama.
    El sitio está de lujo: limpio, con piscina, restaurante con vistas brutales y esa tranquilidad que solo se rompe cuando pasa algún taxi tocando el claxon como si no hubiera mañana.

    Ahora mismo estamos aquí sentaos, con el sol poniéndose tiñendo todo de naranja, la bahía brillando y mañana… mañana más.

    Mañana nos metemos en la medina, a perdernos por sus calles, a regatear como dios manda y a comer tajine hasta que nos duela la barriga.
    Porque esto de viajar en autocaravana por Marruecos es como la vida misma: corto pero intenso, lleno de curvas, de olores fuertes y de gente que te mira con media sonrisa.

    ¿Que si repetimos? ¡Pues claro que sí, acho! Pero mañana… mañana

    Paco y María José

    P.D: Dormimos Tánger, en el Camping Miramonte

    35.7902, -5.8314 (lat, lng)
    N 35° 47' 25" W 5° 49' 53" (lat lng)

    Merkala-Marshan
    90000 Tangier
    Morocco

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  • Visita: Tánger Ville

    1 мая, Марокко ⋅ ☁️ 20 °C

    📕¡Ea, compadre! Aquí estamos en Tánger, la última parada de este viajecico por Marruecos, y vamos a contártelo en plan murciano puro, con el corazón un poquico encogío pero lleno hasta los topes.

    Llegamos con esa mezcla de “ostras, qué bonito” y “joder, ya se acaba”. Pero nada, que el sol pegaba fuerte y las callejuelas nos llamaban como un buen arroz al horno en domingo.

    La Medina: ¡Qué laberinto, leche!
    Empezamos por la Medina, que es como meterse en un zoco gigante donde las calles se enredan más que los cables del cargador del móvil. Calles estrechas, olores a especias, a cuero, a menta y a ese pan redondo que huele a gloria.

    Los vendedores te llaman con arte: “¡Amigo, ven, barato, solo para ti!”. Y tú vas disimulando como que no, pero al final caes y te llevas una tetera o un par de babuchas que luego no sabes ni pa’ qué las querías.
    Es un sube y baja constante, sudando la gota gorda, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Aquí el tiempo se para, o al menos va más despacio que un tractor en la huerta.

    El Puerto: Vista al Estrecho
    Bajamos hacia el puerto, con ese mar brillando y el Estrecho de Gibraltar ahí delante, tan cerquita que casi ves Tarifa haciendo señas. Barcos grandes, ferrys que van y vienen a España, y esa brisa salada que te refresca la cara.

    Nos paramos un rato mirando el horizonte, pensando que al otro lao está casa, pero que aquí también nos sentimos un poquico en casa ya.

    La Kasbah: Arriba del to’
    Y luego la guinda: subimos a la Kasbah. Madre mía, qué subidón. Calles empedradas, murallas antiguas, puertas que parecen de cuento y rincones con más encanto que un gitano vendiendo melones.

    Visitamos el Palacio Dar-el-Makhzen, que ahora es museo, con sus azulejos, sus patios fresquitos y esa arquitectura que te deja con la boca abierta.
    Pero lo mejor, sin duda, son los miradores. ¡La ostia! Desde la Plaza de la Kasbah o desde Bab al Bahr, las vistas son de postal: el puerto abajo, la Medina extendida como un mar blanco, el Estrecho y, si el día está claro, hasta se intuye la costa española.

    Nos sentamos un rato, con un té a la menta en la mano, mirando todo eso y diciendo: “¡Qué barbaridad, qué bonito es esto!”.

    Un final con el corazón lleno.

    Estamos un poco tristes, sí. Porque el viaje a Marruecos se nos termina y da cosa dejar atrás tanto color, tanto olor, tanta gente con una hospitalidad que te desarma.

    Pero el corazón lo llevamos completo, lleno de recuerdos, de sonrisas de niños por la calle, de regateos épicos, de atardeceres naranjas y de esa sensación de haber conocido un país y unas gentes maravillosas de verdad.

    Volveremos, seguro que sí. Porque Tánger, con su Medina loca, su puerto de película, su Kasbah de reyes y sus miradores que quitan el hipo, se ha ganado un hueco grande en el pecho.

    ¡Hasta pronto, Marruecos! Que nos has tratado como a reyes, y nosotros nos vamos más ricos por dentro.

    ¿Algún consejo pa’ la próxima? ¡Que traigamos más espacio en la autocaravana pa’ tanto recuerdo!
    ¡Venga, un abrazo murciano desde Tánger! 🕌🌊

    P.D: Dormimos en Tánger Ville en el Camping Miramonte

    35.7902, -5.8314 (lat, lng)
    N 35° 47' 25" W 5° 49' 53" (lat lng)

    Merkala-Marshan
    90000 Tangier
    Morocco

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  • Ruta: Tánger Villa➡️Tánger Med

    2 мая, Марокко ⋅ ☁️ 18 °C

    📕 ¡Ole ahí, chaval! 😂

    Pues nada, ahí estábamos, dejando Tánger Ville con la misma cara que un moro cuando le pides la cuenta en un restaurante de la medina: medio contentos, medio “a ver si salimos de aquí vivos”.

    Cogemos la N16 dirección Tánger Med, esa carretera que va pegadita a la costa como si le tuviera miedo al mar. Y madre mía qué vistas, compadre. A un lado el Estrecho brillando como si Dios hubiera tirado un bote de purpurina, y al otro… pues campos, cabras y algún que otro burro con más cara de “yo paso de todo” que un funcionario de Hacienda.

    Vamos a tope de alegría porque nos volvemos pa’ Algeciras, nuestra España querida. ¡Que sí, coño, que ya huele a tortilla de patatas y a cerveza bien fría! Pero claro, antes hay que dejar un trocito de corazón en Marruecos. Y no un trocito cualquiera, ¡eh! Un buen cacho: los tajines que nos pusimos hasta las cejas, las risas con los tíos de la kasbah, los mint teas a las seis de la tarde y ese regateo salvaje donde casi nos quedamos sin riñón pero nos llevamos una alfombra por el precio de un bocata de calamares.

    De repente, aparece Tánger Med. El puerto parece un decorado de película de Torrente: camiones enormes, marroquíes corriendo de un lado a otro, polis con bigote de los de antes y un montón de carteles en francés, árabe y español que nadie entiende del todo.

    Y llega el momento estrella: los trámites administrativos de la frontera.
    Ahí es donde se lía la maricona, hermano.
    Primero la salida de Marruecos. Un señor con cara de haber desayunado limones te mira el pasaporte como si acabaras de falsificarlo con Paint. Te sella, te mira, te vuelve a sellar… “¡Siguiente!”

    Luego la aduana española. Otro con gafas de sol (dentro de un edificio, claro) que te pregunta si llevas algo que declarar.

    —Pues sí, jefe: llevo morriña marroquí y un kilo de recuerdos que no me caben en la maleta.
    —Abra el maletero.
    Y tú abriendo el maletero como quien abre la caja de Pandora, rezando para que no salga volando la shisha que compraste “para el primo”.

    Total, que entre cola, sellos, más colas y el típico español de delante que se pone a discutir porque “en mi época no era así”, conseguimos llegar al ferry.
    Cuando el barco empieza a separarse del muelle y ves la costa marroquí alejándose, te da un pellizco.
    —Adiós, Marruecos… nos lo hemos pasado de puta madre.
    Y luego miras hacia delante, ves la costa española asomando y sueltas el suspiro del buen español:

    —Venga, Algeciras… que ya estoy viendo los chiringuitos y oliendo a fritura.
    ¡Que viva España, cojones! Y que viva Marruecos también, que bien nos ha tratado el cabrón.

    ¿Próximo destino? Recuperar el colesterol perdido y contar batallitas en el bar de abajo.

    ¿Te animas o qué? 🇪🇸🚢
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  • Travesía: Tánger 🛳️Algeciras🌊🌊

    2 мая, Марокко ⋅ ☁️ 18 °C

    📕 ¡De Tánger Med a Algeciras: la travesía épica de 45 minutos!
    Después de maniobrar la autocaravana por la bodega del ferry como quien intenta aparcar un elefante en un garaje, por fin subimos a cubierta. El viento de levante nos recibió con una bofetada cariñosa y allí estábamos: dos aventureros, una casa con ruedas y el horizonte delante.
    Miramos al frente y… ¡allí estaba! Algeciras, esa mancha borrosa de edificios y grúas que, en ese momento, nos parecía la tierra prometida.
    —Hemos cruzado el Estrecho —dije yo, todo solemne.
    Mi pareja, sin apartar la vista, respondió:
    —Sí… y creo que la nevera de la furgo también. Acabo de oír cómo las cervezas hacen olas dentro.
    En ese preciso instante, una gaviota pasó volando tan cerca que casi nos saluda con ala. Juraría que nos miró con pena, como diciendo: “Pobres, todavía os creéis que esto es una aventura”.
    45 minutos después bajábamos por la rampa con cara de haber conquistado el Atlántico. Europa nos esperaba. Y la autocaravana… olía ligeramente a tortilla de patatas agitada.
    Misión cumplida y regresamos a 🇪🇸

    ¿Próximo destino? Donde la nevera deje de hacer surf.
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  • Ya en España “Algeciras” 🇪🇸🇪🇸

    2 мая, Марокко ⋅ ⛅ 19 °C

    📕 ¡Algeciras, por fin! Después de 32 días por Marruecos en autocaravana.

    Bajamos la rampa del ferry y las ruedas de la furgo tocaron suelo español. 32 días de Marruecos, 32 días de tagine, mint tea, carreteras “creativas” y llamadas a la oración a las 5 de la mañana. Y de repente… ¡Europa!

    Lo primero que hice fue bajar la ventanilla y respirar profundo. Olía a… ¿gasoil y churros? Bendito sea.

    Maria José me miró y dijo:
    —Después de tanto couscous, creo que la autocaravana ha engordado 40 kilos de arena del desierto y ahora se cree bereber.

    Justo en ese momento, un Policía Nacional nos controló el pasaporte y un Guardia Civil nos hizo señal para avanzar. Le saludé con la mano como si acabara de ganar el Dakar. Él solo levantó una ceja. Supongo que no es habitual ver a alguien tan emocionado por llegar a Algeciras.

    Apagamos el motor en el Área Ac de Los Palmones. Silencio. Ni camellos, ni vendedores, ni gorrillas, ni “¡amigo, amigo!”. Solo el sonido de una máquina expendedora cercana que, en ese instante, nos pareció el colmo del lujo civilizado.

    32 días de aventura terminados.
    Y aquí estamos: sucios, cansados, llenos de recuerdos… y con muchas ganas de un bocadillo de jamón que no lleve comino.

    Bienvenidos a casa… o al menos a la península.

    ¿Próximo capítulo? Desinfectar la Autocaravana y preparar la próxima aventura.
    Desde donde escribimos el próximo relato?

    P.D: Dormimos en Los Palmones, Área Ac, tranquila y bien situada.

    36.1792, -5.4388 (lat, lng)
    N 36° 10' 45" W 5° 26' 20" (lat lng)

    Av. las Gavias
    11379 Palmones
    Spain

    ……………………….//////////…………..
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  • Mi agradecimiento

    2 мая, Испания ⋅ ☁️ 21 °C

    📕Con agradecimiento a mi compañera de viaje:

    El viento del Atlas aún susurra en mis oídos mientras escribo estas líneas. Recorrimos Marruecos de norte a sur y de este a oeste, por caminos que no salen en los mapas turísticos. Entramos por el Rif, cruzamos el Medio Atlas, nos perdimos en los valles del Alto Atlas y llegamos hasta el desierto, donde el cielo parece más grande y las estrellas más cercanas.

    Fue un viaje de curvas cerradas, pistas de tierra roja, noches de frío en la autocaravana y amaneceres que quitaban el aliento. Pero nada de eso habría sido igual sin ti, María José.❤️

    Gracias por ser mi compañera de viaje en el sentido más bonito y profundo de la palabra. Gracias por tu calma cuando las carreteras se ponían difíciles, por tu risa cuando todo salía mal, por tu capacidad para hablar con la gente y abrir puertas que yo ni siquiera veía. Gracias por traducir no solo el idioma, sino también las miradas, los silencios y las costumbres de un país tan distinto al nuestro.

    Contigo al lado, los problemas se convertían en anécdotas y las dificultades en historias que algún día contaremos con una sonrisa.

    Tu apoyo constante, tu buena comunicación y esa forma tan tuya de hacer que todo fluya con naturalidad hicieron que este viaje por el interior y la costa de Marruecos fuera no solo posible, sino inolvidable.

    María José, gracias por compartir conmigo la carretera, el proyecto, la ilusión, el té al atardecer, los miedos y las maravillas. Gracias por recordarme, con cada kilómetro, que el mejor paisaje de cualquier viaje siempre es la persona con la que lo compartes.

    Este viaje no fue solo por Marruecos. Fue también un hermoso recorrido por nuestra complicidad.

    Con todo mi cariño y gratitud,❤️❤️

    Paco Fernández
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    Окончание поездки
    2 мая 2026 г.