• Guilherme Minhota
  • Irene Perez
  • Guilherme Minhota
  • Irene Perez

The Year We Said Fuck It

We're a Portuguese/Spanish couple who decided to take a rest from our jobs and said "fuck It". This is a journey inside and outside our world to rediscover what does It mean to be alive and the whole purpose of this short maybe meaningless life. Leia mais
  • Rishikesh

    14 de fevereiro de 2023, Índia ⋅ ☀️ 22 °C

    Llegamos a Rishikesh después de casi 24h de viaje, en el que nos fuimos mimetizando con los locales en medio de autobuses, aviones, metros y, cómo no, un bus nocturno que nos escupiría en alguna carretera más o menos cercana a Rishikesh a las 3.30h de la mañana. A pesar de todo el tiempo que pasa mientras recorremos los más de 2.000km que separan Goa de Rishikesh, el frío de la puerta a los Himalayas nos coge por sorpresa. Deambulamos sin hotel ni rumbo por la ciudad después de coger un tuktuk, hasta llegar al río Ganges. Nunca olvidaré la sensación de belleza y divinidad que sentí nada más ver la luz de los puentes reflejada en el agua negra, las grandes montañas que se intuyen por las casitas ilumidadas en las alturas. Enseguida nos damos cuenta de que estamos en un lugar especial y que durante el día no será sino más bonito. Decidimos quedarnos bajo todas las prendas de ropa que encontramos en la mochila que puedan servirnos de abrigo, mirando al río y esperando a que se haga de día. Sorprendentemente la calle a las 4 de la mañana está muy ajetreada, llena de gente cruzando el puente en comunidades y música festiva sonando en potentes altavoces colocados sobre camiones. Otra de las muchas cosas inexplicables que suceden en India. Pasada una hora y media decidimos que estaremos más calentitos si nos ponemos a andar, y un hombre acaba apiadándose de nosotros y nos lleva en coche hasta el hotel de un amigo suyo, al cual puede despertar en mitad de la noche por el poder que la confianza da. A las 6.30h nos metemos por fin bajo las mantas de una cama.

    Rishikesh de día es, efectivamente, aún más bonita que de noche. Emplazada en mitad de las montañas, se respira una paz omnipresente multiplicada por el azul celeste de la madre Ganges, que corre majestuosa silbando el Om universal a su paso por entre las rocas. La población se considera la capital mundial del yoga, y no en vano, pues toda la ciudad está dedicada a la práctica de la unión cuerpo-mente-espíritu, y se respira una atmósfera vibrante de shanti que invita a querer quedarse durante semanas. Por descontado, el simple hecho de saber que los 4 grandes de Liverpool estuvieron aquí y compusieron entre estas montañas la mayoría del Álbum blanco, es suficiente motivo para cualquier fan de los Beatles para sentir que se está en un lugar sagrado.
    Pasamos los días en Rishikesh sin darnos apenas cuenta del avance del tiempo, entre clases de yoga, desayunos con vistas, siestas en la playa, aartis y callejuelas llenas de tiendas y vacas. También nos lanzamos a descubrir la naturaleza que envuelve Rishikesh, haciendo rafting, acampando en la montaña o pasando el día en la playa de rio más bonita que he visto en la vida. Todas las tardes tenemos una cita con alguno de los 3 aartis que se celebran en la ciudad, que son rituales de ofrenda a la madre Ganges a través de cánticos y fuego.

    Desgraciadamente tenemos que seguir adelante, hay demasiado que ver en el mundo, y con saudades adelantadas dejamos atrás Rishikesh subidos a otro bus nocturno camino a la capital del Rajastán, Jaipur.
    Leia mais

  • Jaipur

    22 de fevereiro de 2023, Índia

    Despedimo-nos com pena de Rishikesh e lá vamos novamente de autocarro nocturno para Jaipur, porta de entrada para o Rajastão, terra de desertos, de fortes e palácios onde reinaram durantes séculos os marajás. Chegámos de madrugada e felizmente o nosso quarto de hotel já estava disponível a essa hora e pudémos deixar as mochilas e limpar o cansaço do corpo antes de mais um longo dia. O hotel é agradável e tem um rooftop com vistas para a cidade, um forte e as muralhas no topo de uma montanha.
    Jaipur, capital da província, também conhecida por "pink city" pelas suas casas pintadas de cor rosa é uma cidade bastante caótica e dificil de nos movermos de um sítio a outro pelas distâncias e pela quantidade de trânsito, pedonal e motorizado. Passámos um dos dias a percorrer o centro turístico, os bazares e um ou outro monumento, sendo o mais famoso o Hawa Malal, mais conhecido por palácio dos ventos, devidos às correntes de ar provocadas pelas suas 953 pequenas janelas de onde as mulheres do marajá podiam observar despercebidamente o que se passava na rua. O momento alto do dia foi termos tomado um dos melhores e mais famosos lassis de toda a Índia e termos ido ver um hilariante filme de Bollywood com tudo aquilo a que tínhamos direito: acção, romance, drama indiano e como não podia faltar música e dança. A cereja no topo do bolo foi a decoração do cinema por dentro e por fora, que lhe dá o estatuto de um dos cinemas mais pitorescos do mundo. O filme era em hindi e não tinha legendas mas só contribuiu para todo o exotismo da experiência. No segundo dia fomos com um guia, que nos ofereceu os seus serviços no dia anterior visitar o forte Amber e as zonas mais periféricas da cidade. Este forte é a principal atração da cidade e apesar de ser um best-seller da Índia não nos surpreendeu demasiado. A entrada custa 500rupias (6euros) por pessoa, ou dois dias de trabalho para muitos indianos e as vistas não impressionam por aí além e o estado de conservação é praticamente nulo. Vimos também o primeiro destes poços com escadas que fazem lembrar uma obra do Escher e um mausoléu, esse sim com uma arquitectura incrível e longe das multidões. Fomos depois arrastados pelo nosso guia a conhecer umas lojas de uns amigos dele e o seu guru. A primeira loja uma joalharia, onde pudémos ver como se cortavam e poliam as pedras preciosas e a outra uma loja de tecidos e roupa onde também vimos como se tingiam os tecidos e se imprimiam os diferentes padrões à mão, utilizando blocos de madeira. Ainda nos ofereceu a experiência do guru que foi ir falar de trivialidades com um homem com pintas de comerciante rico e muito pouco de guru. O guia levou-nos, juntamente com um casal alemão, os quatro apertadíssimos na parte de trás do tuk tuk, onde tive que ir meio de fora, a ver o põr do sol no topo de uma montanha com vistas sobre a cidade, este sim o melhor plano do dia.
    Aqui percebemos porque é que há pessoas pessoas que detestam a Índia, quando vêm uma ou duas semanas e o único que vêem é o Golden Triangle : Delhi, Agra e Jaipur. É demasiado caos e fealdade com poucos espaços para relaxar. O próximo destino apresenta-se como uma lufada de ar fresco, a pequena cidade de Pushkar.
    Leia mais

  • Pushkar

    24 de fevereiro de 2023, Índia ⋅ ☁️ 30 °C

    Seguimos con nuestro tour por el Rajastán en nuestro medio de transporte favorito, el bus. Esta vez cogemos un bus local por la mañana en el que, como siempre, somos los únicos blancos. Siempre nos sentimos como si fuésemos nosotros mismos la atracción turística, pues tenemos decenas de ojos inspeccionándonos con curiosidad en todo momento. Llegamos a Pushkar a la hora de comer. Se trata de un pueblecito alrededor de un lago, con solo 20.000 habitantes. Nada más llegar, la población y sus habitantes nos parecen tan agradables que hasta parece irreal. No nos extraña ver que está lleno de turistas que deciden quedarse varios días o semanas descansando del resto de la locura india, debido a su amigable atmósfera. Además, se considera la capital de India en producción de ropa, por lo que la principal atracción de la ciudad es perderse entre las tiendas y los escaparates. Nos volvemos un poco locos comprando ropa india con colores preciosos y a precios tan bajos, a pesar de que al viajar con mochila, cada compra que hacemos tenemos que estar muy seguros de querer cargar con ello durante los próximos meses. Pasamos el día paseando entre ropa y vacas, y al atardecer nos deleitamos con las vistas crepusculares sobre el lago y las montañas de alrededor.
    Al día siguiente nos despertamos muy pronto para ver el Sol salir nuevamente por entre las montañas del otro lado, desde un templo que se encuentra en lo alto de una gran colina. Allí arriba nos quedamos observando a una familia de monos, en la que hay muchas madres abrazando a sus bebés, hasta que reparo en que uno de los bebés es en realidad un feto sin vida a medio formar. Se me parte el corazón al ver a la madre con el feto en una mano mientras con la otra se ayuda a saltar de un lado a otro, y de vez en cuando se para para observar el bulto sin vida que sujeta, sabiendo que no es lo que debería ser, pero sintiéndolo demasiado suyo como para dejarlo ir. Me pregunto hasta cuándo seguirá llevándolo con ella, y la escena me confirma que el amor va más allá del raciocinio o la consciencia.
    Pasamos otro plácido día por las calles tranquilas de Pushkar y probamos los mejores Shiva lassis de la ciudad.
    Leia mais

  • Jodhpur

    25 de fevereiro de 2023, Índia ⋅ ☀️ 31 °C

    Somos apresentados a Jodhpur ao atardecer, sem hotel marcado, onde um tuk tuk nos deixa no meio de um emaranhado de ruas desta cidade antiga. Com a mochila às costas, vamos à procura de um hotel. Um homem de chapéu muçulmano vê-nos passar e reconhecendo uns turistas um pouco perdidos pergunta-nos se queremos ficar no hotel que temos em frente. Não tendo outra melhor sugestão aceitamos o convite e seguimos em frente. O quarto que nos apresentam é vastante razoável e tem vistas para o forte de Jodhpur, a principal atração da cidade que se pode observar de qualquer ponto da cidade. À semelhança de muitas cidades do Rajastão, o terraço é um lugar priveligiado onde se pode comer, só estar a ler um livro ou passar o tempo e o nosso hotel não é excepçao. Para além do forte que tem uma vista incrível e onde se pode ver o põr do sol, o outro atractivo é percorrer as ruas de Jodhpur que têm as casas pintadas de azul e com grafittis bastante originais. Um dos pontos altos desta cidade foi ter tido a possibilidade ou loucura como muitos chamariam de me ter refrescado num dos poços com escadarias intrincadas. As crianças passam o dia a fazer saltos acrobáticos para a água e incentivaram-me também a saltar mas nunca acreditaram que eu pudesse saltar como eles. A verdade é que me supreendeu a qualidade da água que era bastante transparente e onde se podiam ver até uma série de peixes. O outro momento marcante foi o põr do sol visto de umas muralhas antigas com o forte e a paisagem desértica a servir de fundo.Leia mais

  • Jaisalmer

    28 de fevereiro de 2023, Índia ⋅ ☀️ 33 °C

    Jaisalmer, a cidade mais desértica do Rajastão é uma cidade pequena mas com muito encanto. Também conhecida como cidade dourada porque todas as casas são da mesma cor de areia uma vez mais destaca-se o seu forte que se encontra no alto de uma colina. Com tudo, parece um castelo de areia gigante. No primeiro dia não perdemos tempo e alugamos uma mota para irmos ver aquilo que nos trouxe até tão longe: o deserto. Tínhamos contratado com antecedencia um pack de 2 noites mais tour de camelo, um dia no deserto de Khoori e o outro no de Sam. Ao chegarmos a Khoori somos surpreendidos pela pobreza daquela população e pelas duras condições em que vivem assim como o isolamento em que estão. Conhecemos o nosso guia, Samit?? que nos apresenta aos seus dois camelos, Al Pacino e Jonnhy?? Vê-se que cuida bem deles e lhe tem carinho o que nos descansa porque este tipo de turismo com animais sempre nos deixa com o pé um pouco atrás. Já montados no camelo o guia leva-nos pelas dunas de khoori que apesar de não serem muito grandes deixa-nos ter uma amostra daquilo que é a nossa ideia de deserto. E o melhor de tudo é que estamos sozinhos. Qual não é o nosso espanto quando durante o por do sol nos diz que iremos dormir ali mesmo numa das dunas. Achávamos que íamos ficar numa tenda mas o guia estende-nos apenas uma manta no chão e não poderiamos imaginar uma melhor maneira de passar a noite do que a olhar para a lua e as estrelas. Acende uma fogueira e faz o jantar ali em pouco tempo. Gostamos muito de falar com ele e parece-nos um rapaz bastante amável e inteligente apesar das suas origens simples. Passamos a noite ao relento e antes de adormecer não posso acreditar na sorte que temos por estar ali. Acordamos algumas vezes durante a noite com areia na cabeça e em todos buracos do corpo transportada pelo vento. Temos que nos tapar com a manta até à cabeça para impedirmos ser engolidos por o que parecer ser uma tenpestade de areia. A Irene acorda quando a lua já tem desaparecido é a estrelas estão mais visíveis que nunca e consegue ver um par de estrelas cadentes. Esta magia consegue que nem sequer pensemos na areia que temos em todo o corpo. Na mañhã seguinte somos brindados por um espectacular nascer do sol. Depois de nos ter feito o pequeno almoço vamos de volta à casa do rapaz onde nos deixa na mota. Vamos até Sa, passando por aldeias isoladas de tudo com a paisagem desértica como protagonista. Aproveitando as estradas solitárias e desérticas, a Irene conduz a mota por primeira vez na vida, e desbloqueia assim o seu medo de uma forma inesquecível. Chegamos a Sam e aí o panorama já é outro. Como sítio demasiado turístico que é, assim que chegamos somos assaltados por grupos de crianças a tentar vender-nos passeias de camelo e outras atividades. A zona está demasiada explorada por hoteis que oferecem todos o mesmo tipo de pacotes. A experiencia de andar de camelo não é tão especial e dá pena vê-los ter que transportar as pessoas. Desta vez estávamos rodeados de pessoas, nas dunas podia-se ver lixo um pouco por todo o lado. Jantámos no hotel, um complexo de tendas, onde nos entrava o jantar com espetáculo de música tradicional do rajastâo e pequeno almoço. No dia seguinte partimos para Jaisalmer. Ainda nos dá tempo para passar a tarde no casco histórico da cidade, onde tem os edifícios residenciais mais belos que alguma vez vi na vida, passear dentro do castelo, ser bombardeados com balões de água atirados por crianças do alto de um templo, comer num restaurante do mais agradável que existe e passear pelo único lago num raio de 100km antes de apanhar o autocarro noturno para udaipur. Foram dias bem passados...Leia mais

  • Udaipur

    2 de março de 2023, Índia ⋅ ☀️ 29 °C

    Passámos dois dias em Udaipur, a cidade dos lagos, foi uma cidade que não nos impressionou. Uma cidade mais da India que ainda que possa ser um bom sitio para morar, nos aborreceu um pouco. Alugámos mota um dia e demos a volta aos três enormes lagos. Não sentimos um encanto especial por nenhum, ao contrário de outros que temos visto e que gostámos mais. Tentámos subir a um templo no topo de uma montanha mas a entrada para estrangeiros era excessivamente cara para a carteira de uns modestos mochileiros. Muitas vezes decidimos não ir a estes sítios, que cobram de dez a vinte vezes o valor de um bilhete para locais, porque muitos são engodos para turistas, que não estão ao nível do valor que cobram. Existem outras opções de actividades ou visitas iguais ou melhores sem qualquer custo e que nos dão igualmente a sensação daquilo que é verdadeiramente a vida de uma cidade. Em Lisboa também existem muitas atrações de "visita obrigatória" como a Torre de Belém ou o palácio da Pena onde eu nunca emtrei.Também por esta altura já vimos suficientes templos e fortes para podermos passar alguns. Outro sítio que não fomos foi o palácio da cidade pelo mesmo motivo.
    Gostámos da artéria principal da cidade com restaurantes, lojas e ghats junto ao lago, zonas boas para fotografar e também passámos um bom pôr do sol no topo de uma colina, sobre umas muralhas com vista para toda a paisagem.
    Temos que seguir caminho porque queremos chegar a Varanasi em 2 dias para o dia mais festivo da Índia, o Holi, e festejar os nossos aniversários, juntos, na cidade sagrada.
    É com alegria que seguimos num autocarro com destino a Agra para fazermos uma paragem técnica e vermos o Taj Mahal. No entanto, não estávamos preparados para a viagem que nos esperava.
    Leia mais

  • Agra aka Taj Mahal

    5 de março de 2023, Índia ⋅ ☀️ 31 °C

    El viaje nocturno en autobús que nos llevaría de Udaipur a Agra tuvimos que hacerlo en asientos sentados porque, debido al Holi, la gente se estaba moviendo mucho esos días (al igual que nosotros) y ya estaban todas las camas ocupadas de todos los autobuses y trenes. El viaje duró 13h y para nuestra no tan sorpresa (estamos habituados a que pueda pasar cualquier cosa en India), el conductor empezó a subir a muchos más pasajeros a cambio de unas cuantas rupias extras. El resultado fue que íbamos todos encajonados como en un autobús de refugiados, la gente durmiendo a nuestro lado en el suelo, incluso debajo de los asientos en espacios minúsculos y completamente sucios. Los indios además son ruidosos de nacimiento y no tienen mucha consideración por los demás, por lo que los sonidos guturales se mezclan con los vídeos de youtube y el olor a comida picante por el suelo inundan el ambiente durante todo el trayecto. También tuve derecho a pisar una serpiente en movimiento sin querer en una de las paradas para el "baño" que obviamente no era más que un descampado en mitad de la carretera. Sobrevivimos al viaje gracias a los tapones para los oídos y los capítulos descargados en Netflix.
    Por fin llegamos a nuestro destino. Decidimos parar en Agra porque por lo visto el Taj Mahal es una de las 7 maravillas del mundo, aunque lo habíamos visto miles de veces en fotos y al fin y al cabo es solo un edificio así que no podía ser para tanto.
    Nos equivocábamos.
    Estar enfrente del Taj Mahal es como estar magnetizado por un imán gigante al que no puedes dejar de mirar.
    Impolutamente blanco, perfectamente simétrico, eternamente en silencio.
    Leia mais

  • Varanasi

    6 de março de 2023, Índia ⋅ ☀️ 32 °C

    Gui entra en su 30 aniversario subido a otro bus nocturno, sinceramente las probabilidades de que ocurriera eran muy altas, ya que estos días dormíamos más en autobuses que en hoteles. Sin embargo, conocemos a un chico portugués y a una chica alemana, Miguel y Viviane, y como las amistades evolucionan rápido cuando se está viajando por el mundo, enseguida nos sentimos como en familia a pesar de las circunstancias.
    Salimos a la locura de Varanasi preparándose para el Holi y nos reencontramos con una madre Ganga considerablemente más sucia que en Rishikesh. La ciudad transitada por los viajeros se compone básicamente por los ghaats junto al río y las calles laberínticas que hay justo por detrás, por lo que nos vamos encontrando con la gente que vamos conociendo todo el tiempo. Enseguida hacemos un pequeño grupo de mochileros que, como nosotros, han acudido a la ciudad sagrada para la mayor celebración del país. Asistimos al aarti que nos parece menos especial que en Rishikesh por ser menos íntimo, junto con nuestros nuevos amigos Miguel y Viviane, Cristina, Oliver, Myles...También conocemos a Scott, con el que compartiremos aventuras en Nepal durante los próximos días.
    Nuestro camino y el de Scott se cruzaron un par de minutos en un hostal de Goa, donde intercambiamos 4 palabras si llega. Al día siguiente lo vimos bailando Hilight tribe en el Hilltop y por alguna razón nos acordábamos de él. Un mes después alguien se acerca a mí para decirme hola en un rooftop de Varanasi y era Scott, aunque él no se acordaba de nosotros. Estos encuentros a lo largo de toda India no dejan de tener algo de increíble que dejan una marca profunda en la amistad que acaba de nacer.
    Todos juntos nos dirigimos al ghaat donde realizan las cremaciones. Ver cómo los cuerpos se arrugan entre las llamas frente al río como si fueran cartón agrietándose es definitivamente algo que no se siente todos los días y te hace reconsiderar el completo significado del carpe diem. En esos momentos acabo entrando en los 30 (sí, tendré que admitir que ya he llegado) de la forma más surrealista e inolvidable posible.
    Sin que los muertos dejen de arder, al día siguiente los colores y la música se apoderan de Varanasi y de toda India al mismo tiempo: ha empezado el Holi. La celebración nos decepciona un poco, aunque en realidad ya nos esperábamos lo que sería por lo que puede que no cuente como decepción. Las calles están llenas de niños y jóvenes borrachos (hombres, las mujeres no se dejan ver mucho durante el Holi) que van lanzando agua y pringando con polvos de colores a todo el mundo con quien se cruzan, sacando partido del ambiente festivo. Claro que al ser una pareja de blancos, la atención de cientos de adolescentes indios borrachos se centra sobre nosotros, por lo que pasear por los ghaats se vuelve una misión imposible. Gui empieza a encontrarse mal de lo que serían varios días de fiebre ininterrumpida, pero encontramos a nuestros amigos en la fiesta del Holi de un hostal para mochileros y acabamos pasando un buen día entre muchos colores y los ritmos de tambores.
    Al día siguiente Gui pasa el día en la cama mientras yo intento quitarme como puedo el color rojo del cuerpo (en las uñas y el pelo me duraría semanas) y salgo a la ciudad para comprar los billetes hacia Nepal para el día siguiente, y para despedirme en mi interior de Varanasi, del Ganga, de los aartis y de toda India al mismo tiempo.
    Nunca creí que diría esto, pero voy a echar de menos este país de intensidad, amores y odios, realidad y experiencia humana extrema.
    Leia mais

  • Nepal first stop: Lumbini

    9 de março de 2023, Nepal ⋅ ☀️ 31 °C

    Saímos do hotel às 5:30, ainda de noite cerrada, apanhamos o tuk tuk mais lento de toda a India, não passava dos 20km/h, conduzido por um jovem imigrante turco que não jogava com o baralho completo e que por pouco nos faz perder o comboio com destino a Gorakphur. Entramos na nossa carruagen no último momento, quando soa o apito de saída. Sete horas de viagem. Em Gorakphur, cidade mediana caótica, fumarenta e barulhenta (como não). Aí apanhámos um autocarro en direção à fronteira com o Nepal. Outras três horas. Cruzamos a fronteira, em Sonauli, a pé e depois de mais uma horita com burocracia, temos autorização para ficar um mês no país. Apanhamos um táxi de apenas uma meia hora que nos leva diretamente ao hotel, em Lumbini, a cidade onde nasceu Buda. Somos surpreendidos pelo calor que faz nesta zona, por ser uma enorme planície, onde não se vê uma montanha e estar repleto de campos de arroz o que nos faz crer que esta é a despensa do país.
    Nessa noite jantamos no hotel e temos uma noite reparadora, no nosso quarto que é bastante agradável.

    No dia seguinte, vamos visitar o complexo de templos que dá a fama a esta pequena cidade. Achámos curioso ver vários templos, dedicados a Buda, cada um de um país distinto e com uma arquitectura característica. Vimos os templos do Nepal, Camboja, Vietnam, Myanmar,Tailãndia, Singapura, China, Tibet e até de França e Áustria. Para além destes templos, existe também um templo que marca o nascimento de Buda, com uma estátua dourada deste em criança e uns bonitos jardins, repletos das bandeiras coloridas nepaleses, que convidam a uma meditação debaixo da sombra de uma árvore. Para terminar a nossa viaita vimos uma das duas "World Peace Pagoda" existentes no Nepal. Estas pagodas, que contém relíquias de Buda, são construídas pelos japoneses com a intenção de promover a paz mundial e estão espalhadas por todo o mundo.
    Chegámos ao hotel, onde jantámos de novo, porque gostámos bastante da atenção que nos deu esta família e marcámos também o nosso autocarro para o próximo destino: Pokhara e os tão esperados Himalaias.
    Leia mais

  • The Himalayan Dream: Annapurna

    11 de março de 2023, Nepal ⋅ 🌫 3 °C

    Este é possivelmente dos capítulos mais difíceis e ao mesmo tempo fácil de escrever pela infinitude de acontecimentos que passaram tanto ao largo do trecking como dentro de cada um de nós. Foram, sem dúvida, dos melhores e mais marcantes dias, cheios de emoções, mais conectados e em harmonia como acontece sempre que convivemos demasiado tempo na natureza (já não estamos habituados). Existe algo nas montanhas que não se encontra em mais nenhum lugar, que nos magnetiza, nos faz sentir pequenos e insignificantes (faz-nos mais vezes falta). As montanhas são sábias, as primeiras e últimas vigilantes do planeta, dispostas a partilhar a sua sabedoria com quem estiver atento e procurar ouvir. Ao seu lado sentimo-nos mais respeituosos, humildes e existe um espírito de entreajuda silencioso entre todos os que caminham à sua superfície.

    Esta nova aventura começa na cidade de Pokhara a apenas 20km dos Himalaias. Estamos cansados da viagem de Lumbini a Pokhara. No hotel esqueceram-se de reservar um lugar no autocarro e tivemos que ir sentados detrás do motorista num banco de pau improvisado, aos saltos, pelos buracos intermináveis da estrada, durante sete horas, em companhia de um irlandês que tinha acabado de fazer um vipassana.
    Tivemos ainda que preparar toda a logística para o trecking que tínhamos intenção de começar no dia seguinte. Obtivémos as licenças para entrar no parque natural de Annapurna, comprámos bilhetes de autocarro para uma aldeia onde começa este trecking e alugámos o equipamento básico que nos faltava: o saco cama e um casaco de plumas quente para as baixas temperaturas. Nesse momento passa em frente à loja onde estamos o Scott!
    É curioso como sempre nos cruzamos com as pessoas que vamos conhecendo, nem que seja de cara em diferentes partes do mundo. Apesar da Ásia ser um continente imenso, os turistas acabam por ir sempre aos mesmos sítios, hotéis e restaurantes, que se encontram facilmente através do Google. Como o Scott tem menos dias vai fazer uma versão mais curta do circuito, de cinco dias, até à base do Annapurna, um dos picos maia altos dos Himalaias e uma das montanhas mais altas e perigosas de subir no mundo. O circuito que temos pensado fazer com o Miguel, por sua vez, dura doze dias e dá a volta completa a esta cordilheira.

    Chegamos por fim ao hostel, para descansar mas antes de nos deitarmos o Scott apresenta-nos um rapaz alemāo, que vai fazer o mesmo circuito que nós. Este avisa-nos de que o clima vai piorar bastante nos próximos dias e que se tem que ir bastante preparado tanto a nível de material, como física e mentalmente. O rapaz notava-se assustado sobretudo pelo mau tempo e deixou-nos apreensivos. Eu ainda me encontrava um pouco adoentado, e estávamos bastante cansados dos últimos dias a saltar de cidade em cidade e a ideia de caminhar tantos dias em condições adversas de repente não nos parece tão apelativa. "Não viemos para sofrer". Vamos dormir já tarde com a decisão tomada.
    É com pena e um pouco de vergonha que telefonamos, no dia seguinte, de madrugada, ao Miguel, a informar da nossa decisão de abondonarmos o circuito. Parece-nos mais sensato ir antes com o Scott ao outro percurso mais curto e adequado ao nosso estado de ânimo. Entramos no autocarro, com destino a Ghandruk, uma pequena aldeia de etnia gurung, de onde iremos começar a caminhada à base do Annapurna. Este deixa-nos a 30min da aldeia, não pode seguir pelo mau estado da estrada e damos os primeiros passos, de mochila às costas até à dita aldeia. Este curto passeio, até à aldeia, já nos deixa sem fôlego e nos faz pensar como é que vamos sobreviver até à cima. Para nos desanimar um pouco mais, em pouco tempo o céu de azul passa a um triste cinzento e não tarda em cair as primeiras gotas. Abrigamo-nos numa pousada onde nos damos um dia de descanso.
    No dia seguinte, despertamos antes do sol para chegarmos à seguinte aldeia que se encontra a 7h de distância. Quando o sol ainda não fez a sua aparição, sentes o frio a penetrar no corpo e a deixar de sentir as várias extremidades. Felizmente, em pouco tempo entramos em calor após dez minutos a subir escadas e o sangue começar a circular mais rápido pelos vasos. Quando o sol se levanta e os primeiros raios tocam o fundo do vale, esses são os momentos mais felizes do dia, a natureza encontra-se no seu auge, o ar é puro, somos rodeados por árvores em flor, os picos das montanhas estão polvilhados de neve e ouve-se o rio a contornar as pedras que se interpõe no seu caminho assim como o canto dos pássaros. É impossível não sorrir por dentro e estar em paz neste momento tão belo e fugaz.
    Um passo ritmado dá lugar a outro compasso dependendo se vamos a subir uma encosta, escadas ou por outro lado vamos para a descer, sem pressas.
    Vamos passando por aldeias piturescas, aldeões nos seus labores diários, nos campos de arroz,de milho e hortaliças, preparando comida, fumando cigarros a ver o tempo passar, olhando para quem passa, ou carregando fardos impossíveis às costas com cordas atadas à cabeça para facilitar a danada tarefa. Estes portadores normalmente são sherpas, uma maravilhosa etnia que vive nas montanhas do nepal à incontáveis gerações e são conhecidos pelas suas capacidades superiores de alpinismo, força e resistência em elevadas altitudes, servindo de guias para turistas ou portadores. Todos os alimentos e produtos de primeira necessidade têm que ser levados para as aldeias mais altas em burros ou às costas destes homens e mulheres uma vez que não existem estradas transitáveis.

    Chegamos ao fim da primeira etapa, já de rastos, depois de andarmos 14km com uma elevação de 930m até aos 2340m . O primeiro dia foi o que custou mais, temos que nos adaptar ao peso da mochila e as pernas ainda não se habituaram a esta nova rotina. Descansamos num lodge típico desta zona, que se vão repetindo ao longo do nosso trajecto. Este tem uma sala comum onde se tomam as refeições e nos abrigamos do frio ou se passa só o tempo. A única mobília do quarto é uma pequena cama para cada um e um fino cobertor para resistir às temperaturas negativas. A comida também é simples, mas nutritiva e a preços cada vez mais inflacionados à medida que se vai subindo, pelo custo extra de fazer transportar a comida ou as botilhas de gás para cozinhar. Da parte da tarde ficamos a ler, a escrever ou à conversa com o Scott. Falamos um pouco de tudo. Ele conta-nos histórias de casa, de por onde andou e para onde vai a seguir. Coincidimos em parte dos planos e decidimos encontrarmo-nos na Tailândia. Também nos conta que tem previsto fazer um curso de Vipassana. É um retiro budista de dez dias em silêncio e meditação, que o próprio Sidharta Gautama realizou antes de ter chegado à iluminação. É algo que nos gostaria fazer também e a verdade é que não haverá melhor oportunidade para o fazer que agora. No entanto, a decisão não pode ser tomada de ânimo leve porque é uma experiência duríssima que nos levará ao limite.

    Os seguintes dias são parecidos ao primeiro com pequenas mudanças da paisagem. Começamos a caminhar cedo, porque faz melhor tempo, por volta das 6:30, ainda em jejum e tomamos o pequeno almoço já depois do sol nascer, na seguinte aldeia. Terminamos de caminhar por volta das 13/14h. Temos tido sorte e nunca apanhamos chuva. De tarde, ou à noite chove um pouco mas não nos chateia. No terceiro dia pisamos, por fim, a neve e estamos sozinhos em cima o céu é azul, estamos rodeados pelas montanhas mais majestosas do mundo e o tempo parece congelar, num profundo silêncio, penso que quero ficar aqui para sempre. Sinto a consciência alterada, estou mais ciente do presente, de cada passo, como se estivesse a andar pela primeira vez, estou abismado e perdido pela beleza que me rodeia e sinto que o tempo para e que caminho sem sair do mesmo lugar. Deixo de sentir o cansaço e vamos flutuando, passo a passo, até atingirmos o destino final, a 4130m de altitude, o Annapurna Base Camp. Chegamos mesmo a tempo porque o tempo fecha-se de novo e começa a nevar mais forte que nunca.

    No caminho, passámos por várias pessoas de diferentes nacionalidades: espanhóis, americanos, ingleses, franceses, italianos, alemães, luxemburgueses, indianos, nepaleses, malasios, japoneses... Estas montanhas não têm dono, frente a elas somos todos iguais e reduzidos à mesma condição humana e é interessante observar como todos sentem o mesmo, abrumados por tamanha grandiosidade.
    Agora só temos que realizar o caminho de volta, sempre a descer mas não menos complicado, pelos joelhos que já vão dando de si e pelo estado do piso que pela neve se encontra enlameado e resbaladiço. Foram três dias para subir, dois para descer.
    Despedimo-nos temporalmente do Scott, que tem um voo marcado de Calcutá para Bangcok dentro de poucos dias e ficamos o último dia em Jhinu, uma aldeia com umas termas naturais, onde disfrutámos de um bom banho relaxante, perfeito para terminar esta viagem em grande.
    Um jeep, uma caminhada e um autocarro depois encontramo-nos de novo no mesmo hostel em Pokhara, sem planos definidos e mais felizes que nunca.
    Leia mais

  • Pokhara - Kathmandú - Nagarkot

    24 de março de 2023, Nepal ⋅ ⛅ 22 °C

    En Nepal, la esencia del budismo tiene algo especial. Puede que esté relacionado con el hecho de que las personas vivan en el techo del mundo. Esta constante unión con las montañas-buda actúa a modo de recordatorio sin tregua de que somos solo humildes seres mortales con vidas demasiado cortas para los sufrimientos tan infinitos que nos creamos. Las montañas más altas del mundo sobresalen más grandes que cualquier otra cosa que les rodee, los picos blancos aparecen por entre las brumas matinales como fantasmas gigantes guardianes de nuestras almas. Frente a la muralla de los Himalayas, la insignificancia del hombre cobra más sentido que en cualquier otro lugar. En Nepal ondean las banderas de las oraciones por todos lados, las estupas están construidas en los lugares más inhóspitos y los ojos de Buda te serenan desde los rincones; para recordarnos que el mundo interno gana inevitablemte la batalla contra el mundo material, algo que tan fácilmente olvidamos cuando vivimos rodeados de cemento y asfalto y plástico y luces led. En eso se basa la esencia del budismo a fin de cuentas, que no le reza a ningún dios, que no le pide a nadie que nos salve del fuego eterno, la liberación reside en uno mismo.

    Meditar en Nepal era fácil, caminando con las mochilas a cuestas, al lado de los nepalíes que caminaban con la comida y las bombonas de gas colgando de la frente (no había otra forma de llevar los bienes a las aldeas más elevadas, lo cual no dejaba de producir frustración cuando éramos sobrevolados por helicópteros de turistas), todos repitiendo nuestros propios mantras bajo la atenta mirada de las montañas-buda; o paseando por las ciudades, que palpitaban con una sorprendente vivacidad al mismo tiempo que invitaban a sentarse bajo el aire purificado de las banderas de oraciones.

    Incluso entre los gigantes, debe haber un rey, y aunque tuvimos el placer de ver varios de los 14 ochomiles del planeta en solo unos días, yo quería ver al rey. Madrugando y pasando frío pudimos ver el pico del Everest muy muy a lo lejos, pero me queda pendiente atacar el campamento base en una futura visita (una en la que no llevemos la mochila llena de ropa de verano 😂).

    A pesar de ser uno de los países más pobres del mundo, las ciudades de Nepal nos sorprendieron con una mezcla interesante de juventud vibrante y tradiciones palpables entre los rincones de las calles, y todo nos parecía tremendamente tranquilo y limpio y agradable, aunque sinceramente después del shock de India cualquier cosa parece limpia y agradable. No tan agradable fue pasar los últimos días sin poder salir de la cama debido a una intoxicación alimentaria pero la verdad es que ya era extraño que no hubiéramos cogido ninguna desde que llegamos a Asia. Bien purificados del estómago volvemos a la impredecible India para lo que serán 4 días de agotadores viajes por tierra entre autobuses nocturnos, trenes llenos por encima de sus posibilidades y los habituales caos y enfermedad.
    Leia mais

  • Vuelta a India: Bodhgaya - Calcuta

    30 de março de 2023, Índia ⋅ ☀️ 35 °C

    Nos subimos a un autobús en Kathmandú a las 18h del día 30 de marzo, que durará 20h hasta llegar de vuelta a India, concretamente a Patna. El autobús no tiene camas y para nuestro pesar tampoco tiene ningunas comodidades. A las 5 de la mañana nos despiertan para que Gui y yo (los únicos blancos del autobús) bajemos para pasar la frontera a pie. Pasamos por el puesto fronterizo de Nepal y cruzamos hacia India, con los pelos desechos, las miradas dormidas, ahuyentando los mosquitos mientras el cielo empieza a clarear y las personas paradas en la frontera con sus tuktuks nos miran con curiosidad. En el puesto fronterizo indio se toman las cosas con más calma, como siempre. Cuando todo está claro volvemos al autobús para sobrevivir toda una mañana más de viaje. El paisaje de India ya se me antoja familiar, como un pasado que se niega a ser olvidado y que hasta trae un poquito de confort, a pesar de su miserable atmósfera. Pasamos por zonas remotas donde no hay más que polvo, arrozales, chabolas y personas haciendo nada por las calles, interesándose en lo que sucede en la rutina de su alrededor como método para que vaya pasando la vida.

    Al llegar a Patna soy golpeada por la dura vuelta a la realidad india. Tenemos que caminar por una calle para ir desde donde nos ha dejado el autobús hasta la estación de tren, y el caos propio nos sumerge en un remolino de bocinas, tuktuks, escupitajos, comida picante en puestecitos demacrados, suciedad, tumores, piernas cortadas y bebés pidiendo sin ropa. Entre todo esto y sin haber comido, conseguimos comprar un billete para nuestro próximo destino, Gaya, desde donde cogeremos un tuktuk para llegar a Bodhgaya, el lugar donde Buda alcanzó la iluminación (paradójicamente, en mitad de este infierno). En el tren nos tenemos que sentar en el suelo, sobre las mochilas, mientras somos apretujados por una masa de gente, con ropas sucias y saris gastados, mientras el olor a orín del baño del vagón inunda la fragancia del lugar. Aún así nos ponemos una película española en Netflix y enseguida tenemos 10 pares de ojos curiosos mirando por encima de nuestros hombros para poder ver lo mismo que están viendo los blancos. Me pregunto qué pensarán estas personas indias del campo sobre las escenas de vida moderna que se ven en la pequeña pantalla.

    Bodhgaya es una ciudad más, perdida en el interior de India, con el ligero matiz de que es uno de los 4 lugares principales de peregrinación del budismo. Como en Lumbini, también dispone de un complejo de templos representativos de diferentes países budistas, y junto al templo principal, son la única atracción turística de la ciudad. Visitamos todos los templos y nos parecen menos impresionantes que los de Lumbini, y además no dejan entrar en ninguno, lo cual nos parece razonable si pensamos en el salvajismo que puede caracterizar a veces a los indios.

    Al entrar en el templo principal, en el lugar exacto en el que Buda alcanzó la iluminación, todo el camino hasta aquí ha merecido la pena. Se trata de una torre alta, al estilo de los templos hindús, y junto a ella un gran árbol, que en teoría es un desdenciente del árbol original. El lugar irradia unas energías muy bonitas y poderosas. Está rodeado de jardines donde los monjes budistas se sientan durante horas y días a meditar frente a la torre, con sus cojines, mesitas, ventiladores, libros, malas y hasta redes mosquiteras. La gente está meditando sentada alrededor de la torre o caminando su perímetro, mientras murmuran mantras o van pasando las cuentas de sus malas en pensativos silencios, al mismo tiempo que desde unos altavoces suenan unos cánticos de mantras continuos. Los móviles están prohibidos por lo que nadie haciéndose tiktoks puede estropear la magia del lugar. Nos gustó tanto, que volvimos al día siguiente, para despedirnos de este lugar que tanto da la sensación de estar en un sitio único. Uno de los niños aprendices de monje que están por allí arrodillados alrededor de la torre le regala una hoja del árbol a Gui, y enseguida la metemos dentro de un libro con mucho cuidado para conservarla para siempre.

    Nos subimos a otro bus nocturno, el cual está bastante viejo y en el que nos meten a los dos en una cama de uno. Llegamos a Calcuta y nos quedamos sorprendidos por el ambiente de modernidad que se respira, a pesar de que siempre hay ciertas cosas que te recuerdan constantemente que estás en India, como por ejemplo la mirada perdida de una chica joven, tumbada sobre una manta, en mitad de la calle entre dos puestecitos de comida callejera, con un pecho fuera mientras un bebé se alimenta de él. Una perrita podría tener más sentimientos en la mirada que esta chica en su misma situación. Pasamos el día por Calcuta con las mochilas detrás, ya que nos han adelantado el vuelo a Bangkok y es esa misma noche, por lo que no tenemos ni tiempo de pasar por un hotel. Esa noche la dormimos a ratos entre el aeropuerto de Calcuta, el avión y el aeropuerto de Bangkok, y después de 48h de viaje sin haber pasado por una cama, llegamos a la ansiada Tailandia.

    La despedida definitiva de India fue como el resto de nuestra estancia allí, llena de sentimientos encontrados. Estaba entusiasmada por movernos hacia nuestro próximo destino y decir adiós a todo lo malo que supone India, y me sorprendí a mí misma, en mitad de la noche, en un bar de carretera olvidado, literalmente, de la mano de Dios, sintiendo la mayor pena por dejarlo todo atrás. En algún punto entre el calor, la miseria extrema, las personas que llevan vidas de perros callejeros, la enfermedad, los mosquitos y las miradas perdidas, se puede acabar encontrando la mayor humanidad que he visto en toda mi vida. Los indios pueden ser bárbaros en muchos aspectos pero hacen de un infierno su hogar de la mejor forma que pueden, y regalan bondad a su paso en situaciones en las que solo se esperaría salvajismo y crueldad. Me conmueve la forma en la que se han adaptado a vivir en una de las condiciones sociales más inhóspitas del planeta, y eso me hace querer seguir allí contra todo pronóstico. Viajar por India ha sido para mí como leer un libro de Bukowski, tirarlo al suelo con furia y asco al acabar para luego recogerlo con cuidado e irme a buscar el próximo Bukowski a la estantería, porque en el fondo el amor odio es adictivo y porque solo se puede odiar algo que ha dejado una profunda marca de amor en primer lugar.
    Leia mais

  • Bangkok

    4 de abril de 2023, Tailândia ⋅ ⛅ 28 °C

    Llegamos a Tailandia después de 48 horas sin dormir y demasiado pronto como para que la ciudad esté despierta. Dormimos en el aeropuerto mientras el agotamiento va ganando la batalla contra nuestro cuerpo, solo hace 4 días desde que dejamos Kathmandú pero parece que hemos vivido media vida desde entonces. Despertamos y dejamos que nos roben descaradamente en la oficina de cambio de moneda de la terminal, tenemos miles de rupias indias y ningún bhat para llegar al hotel.

    Subimos al metro y me maravillo con la modernidad que nos rodea, parece que hemos cambiado de continente durante el vuelo de 2 horas desde Calcuta a Bangkok. Tal vez así sea.
    Salimos del metro y Gui vomita en la salida, dándole así la bienvenida inversa a los tailandeses, entre eso y el aspecto de no habernos cambiado de ropa en 2 días, hace que la gente nos mire con una mezcla de curiosidad y repulsión desde la distancia. Ya no estamos en India desde luego.

    Lo primero que nos llama la atención es el calor. Creíamos que estábamos habituados. Pobres ingenuos.
    Lo segundo que nos llama la atención es el tipo de turismo, dirigido a las masas de adolescentes, tan diferente del turismo en India, donde todo el mundo estaba en búsqueda de algo. De todas formas nos abandonamos a los placeres de la vida del turista, disfrutando de los lujos como si nosotros también tuviéramos solo unas pocas semanas de desconexión, y al arte. Bangkok es la ciudad ideal para eso.

    Los días se van pasando entre procurar no morir de calor e intentar no morir por el estómago; se van pasando entre mucho arte, arte contemporáneo, budista y surrealista...me parece de lo más interesante descubrir artistas asiáticos, tan difíciles de encontrar en los museos occidentales. Al igual que en occidente, la religión está muy presente en la inspiración de los artistas, pero no encontramos ni una cruz, ni una llaga, ni una corona de espinas ni ningún otro símbolo del dolor que tanto gusta a los cristianos, para recordar continuamente que somos pecado y sufrimiento. Aquí todo es calma, budas de colores pastel, en posición de meditación, con los ojos cerrados o la mirada presente, espacios tranquilos de templos y monjes. La religión de la serenidad, que al mismo tiempo aprovecha sus templos más populares para hacer críticas de la sociedad en sus paredes. Serenidad y estado de alerta.

    En estos días nos permitimos cines a precios desorbitados pero con los aires acondicionados más potentes, masajes en los pies, las vistas más altas de la ciudad y las vistas en mitad de la jungla de metal y cristal. También nos permitimos visitar los templos budistas más bonitos que hemos visto hasta ahora, con dorados por todas partes, verdes, rojos, blancos, todo a lo grande y dedicado a la exaltación de la belleza. La vida nocturna en Bangkok también nos hace sentir que somos otra vez personas normales que van a sitios normales y escuchan música normal, aunque paradójicamente no haya nada de normal en las calles más turísticas de Bangkok.
    Leia mais

  • Chiang Rai

    8 de abril de 2023, Tailândia ⋅ ⛅ 30 °C

    Chegámos a Chiang Rai de manhã bem cedo dentro de um autocarro nocturno bastante cómodo. A qualidade do serviço não tem nada a ver com o que já estávamos habituados na Índia. Motoristas e empregados fardados, lugares limitados e com assentos reclináveis bem almofadados e com apoio para os pés, snaks e água grátis... estávamos na glória. Viajando assim sempre poderíamos dar a volta ao mundo duas vezes sem chegar a ter dores de costas.
    Da estação de autocarros apanhámos um Grab para o nosso hotel e uma vez mais nos surpreendemos com a atenção dada e com a qualidade do nosso quarto, espaçoso, iluminado, com ar condicionado, ventoinha, frigorífico e pequeno almoço buffet incluido no preço e bicicletas de uso gratuito, não podíamos pedir mais por apenas 500baht por noite (14€). Os pequenos almoços buffet livre fazem-me feliz apesar da qualidade nem sempre ser a melhor.
    Nesse dia fomos até ao centro da cidade numa bicicleta do hotel eu a pedalar e a Irene sentada à pendura num pequeno banco improvisado detrás. Aí alugámos uma moto para podermos visitar os pontos de interesse desta cidade.
    Chiang Rai é conhecida pelos seus estrobóticos e recambolescos templos, pela natureza e o chamado triangulo dourado onde se cruzam as fronteiras de Tailandia, Laos e Myanmar.
    Fomos ver primeiro o templo branco, possivelmente um dos templos mais "famosos" e fotografados do instagram. Ficámos impressionados pela sua arquitectura e pelas esculturas exteriores assim como pelas pinturas no interior, estas por razões contrárias. Qual não é o nosso espanto quando vemos que as paredes do templo estavam pintadas com imagens dos filmes e desenhos animados mais famosos. Não é todos os dias que se vê um buda rodeado do spider-man, doraemon, pikachu... No mínimo caricato e um pouco desapontante.
    Foi uma visita interessante, mas o calor do meio-dia era demasiado e necessitávamos refrescar-nos. Afortunadamente tínhamos umas cascatas ao lado, com trecking na floresta incluído. Depois de um bom mergulho, almoçámos em cima do rio, numas jangadas com postos de comida e música ao vivo. Ainda nos deu tempo nesse dia para irmos a uma plantação de chá ver o pôr do sol.

    No segundo dia vimos mais templos modernos, construídos com o intuito de agradar os turistas, mas que depois de já termos visto tantos templos iguais, estes trazem alguma nota novidosa que não permite aborrecer-nos. Faz muito, muito calor e nota-se no ar o porquê de ser, atualmente, a região mais poluída do mundo. Não se consegue ver a mais de cem metros de distância pela nuvem de fumo ou "smog" que está sempre presente. Segundo a informação que nos deram, isto passa todos os anos nesta época, devido à queima massiva dos campos agrícolas depois de terem feito a colheita.
    Percebemos que esta é uma cidade com alma de aldeia, quando saímos para jantar no mercado nocturno e vemos um bailarico popular, com música ao vivo versão asiática. Foram dois dias interessantes que valem a pena a visita, mas seria um sítio ao qual não voltaríamos pela falta de autenticidade.
    Leia mais

  • Chiang Mai

    12 de abril de 2023, Tailândia ⋅ ⛅ 38 °C

    Saímos bem cedo de Chiang Rai para chegarmos à outra Chiang, a mais famosa, por ser a meca dos nómadas digitais. Um taxi Grab leva-nos da estação de autocarros ao hotel. Chegamos no mesmo dia em que começa uma das festividades mais importantes da Tailândia, o Songkran, ou ano novo budista. Esta festividade é maia conhecida pela enorme batalha campal que acontece por todo o país onde os locais atiram água uns aos outros, das mais diversas formas para lavar os pecados e começar o ano mais limpos e purificados. As fontes de água são aproveitadas para encher recipientes de todos os tamanhos e formas, pistolas, canhões e todo o tipo de armamento possível de encharcar ao máximo o próximo. Os claros vencedores são as famílias e amigos que vão em jeeps de caixa aberta, circulando pela cidade, com contentores de cem litros em cima.
    A nossa passagem por esta cidade fica marcada pelo reencontro com o nosso amigo Scott, a festa por toda a cidade, o calor infernal, aliviado brevemente pelos cubos de água despejados sobre as nossas cabeças e a sempre presente poluição, que tornava os dias um pouco mais cinzentos.
    A cidade tem várias zonas que não pudemos explorar e por isso ficámos com uma visão limitada daquilo que tem para oferecer. Também terá que ficar para uma próxima o curso de Vipassana que se realizava num dos templos, no topo de uma montanha.
    Fomos ainda informar-nos sobre as tatuagens milenares realizadas por monges budistas, feitas com a técnica de bamboo, conhecidas como Sak Yant, que têm para além do efeito visual uma função de proteção ou fortalecer um objectivo específico, através de mantras. Ficou acordado fazermos uma ao voltar de Pai, o nosso seguinte destino.
    Leia mais

  • Pai

    17 de abril de 2023, Tailândia ⋅ ☀️ 34 °C

    Para chegar até Pai tivemos que percorrer uma estrada conhecida pelas suas 230 curvas. Muitas pessoas que iam no minibus ficaram enjoadas e tivemos que fazer uma paragem para prevenir males maiores. Rapidamente ficamos a conhecer a pequena cidade, de ambiente mais relaxado e a preferida dos hippies, constituida por apenas duas ruas principais e pelos seus comércios com roupa e acessórios hippies, vários postos de comida de rua tailendesa e restaurantes mais caros para os gostos mais requintados dos nómadas digitais.
    Alugámos uma mota para estes dias podermos conhecer a natureza dos arredores e deslocar-nos ao nosso hotel, que tem para nosso grande prazer uma piscina e um jardim luxurioso muito bem cuidado. Aqui passamos as manhãs e algumas tardes para refrescar-nos nas horas de maior calor. Aí travamos amizade com um casal de um inglês e uma húngara, que vivem numa casa de campo na Hungria e viajam todos os anos a algum país exótico. Partilhávamos o gosto por música electrónica e festivais. Convidaram-nos a ir a casa deles quando quiséssemos. Deram-nos dois bilhetes que já tinham usado para podermos ir visitar umas fontes termais no meio de um parque natural espectacular. Assim adicionámos umas termas mais à nossa longa lista de uma das nossas actividades favoritas.
    Tivemos ainda a opurtunidade de visitar uma plantação de arroz com umas construções em bamboo, uma cascata, um famoso canyon para ver o atardecer e um grande buda sereno, no topo de uma montanha. Foram uns dias muito tranquilos, sem algazarras, em que podemos descansar e reconectar profundamente com a Natureza e com a nossa espiritualidade mais enteogénica. Saímos de Pai revitalizados e com as nossas prioridades e corações mais alinhados.
    Leia mais

  • Phuket

    20 de abril de 2023, Tailândia ⋅ ☁️ 31 °C

    Phuket fue una sorpresa inesperada. Con muy mala fama por detrás y habiéndonos recomendado que no fuéramos, nuestras pasadas por esta isla, separada del continente por apenas un pequeno estrecho, fueron realmente de pasaje tanto antes como después de Koh Phanghan, ya que el aeropuerto de Phuket es el más importante del sur de Tailandia.
    Nuestra primera llegada a Phuket fue después de un día muy largo en el que amanecimos en Pai y aún pasamos por Chiang Mai para visitar al monje que equilibraría nuestros cuerpos para siempre. Todo esto antes de coger el vuelo hacia el sur.
    Al llegar al hotel ya de noche, cogimos la moto para explorar un poco los alrededores y, antes de ver o escuchar el mar, lo olí. Confieso que el olor a sal del océano me emocionó de forma sobremanera. Cuando pienso en todo el camino que llevamos detrás, me doy cuenta de que no vemos el mar desde Goa, lo que hace que hayan pasado los dos meses más largos de mi vida sin haber estado cerca de mi elemento más preciso, como buena Piscis que soy.
    Nuestra primera estancia en Phuket la pasamos deleitándonos con la playa y los atardeceres, en este momento del viaje no necesitamos nada más. También verificamos porqué tiene tan mala fama (turismo masivo de rusos, bailes eróticos y calles con más iluminación y decibeles de la que debería estar permitida), pero, sinceramente, el problema es también de la gente que no sabe mirar más allá. Nuestra segunda estancia en Phuket, ya después de las experiencias vividas en Koh Phanghan, en Koh Tao y en Kao Sok, nos alojamos cerca del aeropuerto, con la única expectativa de no perder el avión. Hemos estado viviendo la vida lenta de isla durante dos semanas y ya no le pedimos nada más a Tailandia. Otra vez, Phuket nos sorprende con las playas más bonitas, apenas a unos pocos quilómetros del aeropuerto, con destaque para Banana Beach e incluso tenemos un espectáculo de atardecer (mención especial a los atardeceres de Tailandia, que simplemente son los más etéreos y reveladores que he visto nunca) junto con aterrizajes de aviones, que pasan por encima de nuestras cabezas, con rugidos del infierno mientras los colores púrpura, azul, rosa, naranja, bailan en el cielo y el mar se vuelve del color de la inefabilidad.
    Leia mais

  • Koh Phanghan

    22 de abril de 2023, Tailândia ⋅ ⛅ 31 °C

    Cruzámos o país de uma costa à outra até Surat Thani. Daí apanhámos um ferry que nos levou, pelo atardecer, até à primeira das nossas ilhas no golfo da Tailândia.
    Ao chegarmos alugamos uma mota para esses dias. Ficámos em dois hoteis diferentes. O primeiro foi o que mais gostamos. Era uma simples cabana de madeira rodeada por um jardim luxuriante que fazia mais lembrar uma floresta.
    Adorámos esta ilha porque nos fez lembrar um pouco S Tomé e Principe. As praias e a vegetação são parecidas e não tem demasiadas pessoas apesar de ser a ilha das famosas festas da lua cheia, que atrai várias pessoas de gosto duvidoso.
    Os dias passam-se entre visitar as praias para decidir qual a mais bonita e procurar os melhores restaurantes e mais baratos.
    Um dos pontos altos foi termos coincidido com o meu primo Pedro, Nelle e o pequeno Edgar, que ainda não tínhamos conhecido e já tem 6 meses. Passámos uns dias muito bonitos em família entre jantares, um almoço na casa deles e praia.
    Leia mais

  • Koh Tao

    27 de abril de 2023, Tailândia ⋅ ⛅ 30 °C

    Estivémos três dias nesta pequena ilha a uma hora de ferry de Koh Phangan, conhecida por ser das zonas de mergulho mais visitadas por aqueles que querem realizar o curso de Open Water, que permite mergulhar em qualquer parte do mundo até uma profundidade de 18m. A quantidade de escolas, os preços baixos e as suas aguas transparentes e cheias de vida marinha são razões mais que suficientes para visitar esta ilha.
    No primeiro dia de curso tivémos a primeira aula numa piscina e onde aprendemos a reconhecer o equipamente e as técnicas básicas, assim como a solucionar vários problemas. Nos dois dias seguintes já fomos para o mar e realizámos um total de quatro imersões com o nosso instructor Damian, um simpático polaco. O barco levava-nos do porto até uma das zonas de aprendizagem. Enquanto aprendemos as restantes técnicas de mergulhos podemos apreciar a paisagem única subaquática e entre mergulhos disfrutávamos da vista da ilha e do mar azul, enquanto tomávamos um segundo pequeno-almoço incluído no preço. Voltávamos a tempo de ver o põr-do-sol desde o bar de praia, que tínhamos mesmo em frente da nossa cabana de madeira e onde se confeccionavam os pratos mais saborosos (destaque para o khao soi) que provámos em toda a Tailândia, ao som de música reggae, rock melódico e pessoas com cara de descanso e felicidade.
    Foram dias que recordaremos com nostalgia e carinho entre a vida simples de praia, alimentar-nos bem, dormir e relaxar e um novo mundo recém redescoberto, onde o silêncio é imperador e à sua volta nadam os seus súbditos, entre corais e plantas de todas as formas e cores.
    Leia mais

  • Kao Sok

    29 de abril de 2023, Tailândia ⋅ 🌧 28 °C

    Después de darle muchas vueltas, decidimos pasar por el lago del parque natural de Kao Sok como nuestra última parada en Tailandia. La forma más fácil de llegar al lago (vamos a obviar el hecho de que en realidad es un embalse) es contratando un tour, y por mucho que odiemos estas excursiones organizadas, todo el mundo nos ha hablado demasiado bien de este lugar como para pasarlo por alto. El día anterior aún habíamos amanecido en la isla de Koh Tao, pero un barco, un tuktuk y mil autobuses después estábamos en el parque de Kao Sok. Por la mañana nos vamos con un grupo de 14 personas más en un autobus que nos deja en el muelle, y después de casi otra hora más en barca llegamos a nuestras cabañitas en el agua. El lugar es realmente de quitar el aliento. El agua se extiende por recovecos y planicias a lo largo de 165 kilómetros cuadrados, encuadrado por altas montañas de roca caliza revestidas de verde, y nuestra casita está flotando en medio de semejante lugar idílico. El hecho de estar con otras personas nos deja de importar y hasta es curioso observar a otros turistas no-mochileros. Nada más llegar a las cabañas tenemos la comida preparada, y luego nos refrescamos saltando al agua desde nuestra habitación. Por la tarde nos llevan a ver una cueva con estalactitas y estalagmitas y murciélagos y a pasear por la jungla, y al atardecer volvemos para ver el Sol irse desde el agua. A la mañana siguiente despertamos bien temprano y nos subimos a un kayak para explorar un poco por nuestra cuenta. Kao Sok acaba siendo la mejor despedida posible de Tailandia, que nos ha robado el corazón y nos ha dejado con ganas de más.Leia mais

  • Kuala Lumpur

    4 de maio de 2023, Malásia ⋅ ☁️ 32 °C

    Aterrizar en Kuala Lumpur después de un mes en la perfección de Tailandia fue como un dolor de ovarios. El calor parece que aún podía aumentar más, la ciudad no parece tener nada de especial y, lo peor de todo, la sombra del islam se percibe en el ambiente. No tengo nada en contra de la religión en sí, pero las sociedades musulmanas desprenden un cierto aire totalitario especialmente sobre las mujeres, y aumenta en mí la dificultad que ya suelo tener para obedecer a la autoridad. Aún así, admito que no todo fue malo en estos tres días en la ciudad. Disfruté mucho visitando las cuevas de Batu, que albergan un templo hindú dedicado al dios Murugan, hijo de Shiva y Parvati. No solo las cuevas y las construcciones eran impresionantes, sino que por un rato parecía que habíamos vuelto a India (con masala dosas para desayunar y todo), y nos dimos cuenta de cuánto la echábamos de menos. También fue un punto álgido visitar las torres Petronas, que después del 11S se proclamaron como las torres gemelas más altas del mundo. El resto de la ciudad en sí no estaba mal, aunque no se destacaba demasiado en nada, era una gran ciudad bastante limpia y ordenada para ser asiática. También comimos platos locales intentando sumergirnos en esta nueva cultura en el mínimo tiempo posible y salimos un sábado por la noche para descubrir que a pesar del islam hay una importante comunidad de jóvenes que ansían ser modernos y rebeldes. Pongo toda mi esperanza en ellos.
    Hasta aquí nuestra fugaz estancia en KL aunque siempre interesante ya que no hay nada como aterrizar en un nuevo país y embriagarte de la sensación de que todo es nuevo y por descubrir.
    Leia mais

  • Bali - Uluwatu: 1ª parte

    7 de maio de 2023, Indonésia ⋅ ⛅ 29 °C

    Chegámos a Bali, de noite, contentes por estarmos num dos destinos mais esperados desta viagem. O nosso imaginário deste sítio está em parte contaminado pelos influencers de instagram mas apesar dessa vertente mais mainstream, estamos com vontade de sentir na primeira pessoa o que este destino tem de melhor. Sendo o surf e o yoga uma das nossas maiores paixões esperamos sentir-nos como em casa e não sair defraudados. Combinámos encontrarnos à saída do aeroporto com um rapaz que nos vai alugar a moto com que nos moveremos no próximo mês pela ilha. Pagamos apenas 50 euros por duas semanas e lançamo-nos ao trânsito caótico da ilha. Já tinha ouvido falar dele, mas ainda assim conseguiu surpreender-me ver a quantidade de motas e de turistas, sem capacete a guiar pelos passeios. Chegamos ao nosso primeiro hotel em Bali, só para dar-me conta na hora de pagar de que me faltava o cartão multibanco. Estranhou-me porque tinha levantado dinheiro uma meia-hora antes no aeroporto. Voltei ao aeroporto sozinho a correr e depois de falar com um segurança consegui reaver o cartão, que tinha sido "comido" pela máquina sem eu dar-me conta. Mais uma vez a sorte está do meu lado.
    No dia seguinte a primeira coisa que fazemos é comprar uma prancha em segunda mão, antes sequer de tomar o pequeno-almoço. Toda uma vida à espera para surfar as ondas de que sempre ouvi falar é um sonho tornado realidade e é difícil conter a ansiedade de atirar-me rapidamente ao mar. Sinto-me afortunado e agradecido pela paciência que tem a Irene por ir comigo em busca da onda perfeita.
    A primeira praia onde vamos é Greenbowl onde nos encontramos com um amigo espanhol da Irene dos seus tempos de Erasmus em Lisboa, o Raúl e que já leva algum tempo em Bali e leva uma vida de nómada digital. A primeira surfada é razoável, o mar está pequeno e as ondas fecham demasiado rápido mas pelo menos estamos os dois sozinhos, o entorno é de uma beleza digna de postal e fomos saudados por um par de tartarugas. Nessa mesma noite fomos jantar a um restaurante perto do seu hotel com comida riquíssima, onde pudemos provar alguns pratos típicos de Bali como o mítico nasi goreng. Aí conhecemos o grupo de amigos do Raúl que também estão a trabalhar enquanto viajam. Temos o Victor, o Javi, o David, Andrés, a Jenifer, a Sofia e a Irene. Depois do jantar, o Raúl agarra numa guitarra que ali estava e David toma conta de um cajón e improvisam um concerto com a colaboração de todos os presentes na voz. Do restaurante fomos ainda a um bar beber umas cervejas e jogar snooker. Sentimo-nos rapidamente como parte de uma família e que estávamos como em casa. O facto de estarmos todos longe de casa a viajar ou a trabalhar à distância faz com que se saltem vários passos para construir uma amizade sólida por todos os momentos incríveis que se vivem e rapidamente nos sentimos como uma família.
    Na primeira semana deu para conhecermos a dinâmica da península de Uluwatu, quais os melhores sitios para comer, as melhores praias e habituar-nos ao trânsito infernal e quais os melhores caminhos e horas para escapar à fumarada de um comboio interminável de motos e carros. Os dias passam-se aprazivelmente entre intensas classes de yoga, surf, comer as três refeições diárias em diferentes restaurantes, sendo o nosso favorito o Warung Local, estar na praia a apanhar sol, ver atardeceres, conviver com os nossos novos amigos e criar momentos muito especiais a cada dia. Uma sessão de surf em Padang Padang foi das mais emocionantes porque fiz o primeiro tubo da minha vida de onde saí eufórico A onda seguinte devolveu-me à realidade quando caí do cima de uma onda, em direção ao reef e partiu-se o leash, o que me deixou no meio do mar, sem apoio, com água pelo joelho e ondas enormes dispostas a arrastar-me sobre o coral pontiagudo que nem um ralador. Com dificuldade consegui regressar à areia e tive ainda de ir resgatar a prancha que foi levada para a base da arriba, com umas barbatanas que pedi a um bodyboarder que curiosamente também era português. Tudo isto não durou mais de quinze minutos mas ficará na minha memória para sempre.
    Apesar de tudo estar a ser perfeito e podermos seguir assim com esta rotina durante mais semanas, queríamos também ver outras partes da ilha e por isso decidimos fazer uma escapada de quatro dias ao centro da ilha e conhecer a famosa cidade de Ubud, conhecida pelos seus retiros espirituais e uma versão mais "eat, pray, love" da ilha.
    Leia mais

  • Bali - Ubud

    15 de maio de 2023, Indonésia ⋅ ⛅ 28 °C

    Dejamos nuestra ya nueva casa Uluwatu con cierta reticencia (Uluwatu te atrapa y salir de allí resulta difícil), para explorar la zona más céntrica de la isla, Ubud, que se caracteriza por haberse convertido en la meca espiritual y del yoga de la isla. Nos vamos en nuestra moto, sobreviviendo al tráfico infernal de Bali, pero maravillándonos con las aldeas que pasamos, viendo a los habitantes ofreciendo sus pujas en cualquier lado (en sus casas, las rotondas...). La espiritualidad de Bali se nota vibrante desde las entrañas, ancestral, nada parecido a lo que hayamos visto antes, ni siquiera en India. En Bali practican el hinduísmo, pero visto desde fuera parece otra religión diferente a la que practican en India. Aquí no hay imágenes de dioses coloridos, solo roca, agua, aire, fuego, familia.

    En Ubud, la mayor atracción son las cascadas. Hay que recalcar que la palabra cascada en Bali adquiere un significado totalmente diferente, ya que son divinales. La isla entera derrama agua desde sus adentros más profundos, y el agua corre por las superfícies volcánicas verdes como si se moviera en otra dimensión, y solo los pocos mortales que han tenido acceso al paraíso pueden contemplar su perfecto sonido, sentir las gotículas sagradas sobre la cara.
    Esta zona de la isla está llena de campos de cultivo, que junto a las montañas, hacen que los largos paseos en moto sean muy agradables.

    Estando en Ubud, hicimos una escapada a la costa norte de la isla, concretamente a Amed, conocido por ser la zona más bonita para bucear. Como nos sacamos el Open water recientemente en Tailandia, estamos entusiasmados por poder hacer nuestra primera inmersión por nuestra cuenta. Vamos con un guía que nos va llevando por las zonas seguras y va comprobando que no descendemos a más de 18 metros. Sé que mi experiencia buceando es muy limitada, pero el fondo marino de Amed me fascina aún más que el de Koh Tao. En la primera inmersión vamos nadando a lo largo de lo que me parece la pared misma de la isla, ya que a la derecha tenemos roca hasta arriba, y abajo y a la izquierda tenemos la inmesa oscuridad. Infunde bastante respeto, sentirse una persona tan vulnerable ante tal profundidad sin fin, mientras me mantengo flotando en medio del cielo y el infierno. La roca se ve negra de la lava, y los animales acuáticos la decoran con sus vivos colores. En especial quedo enamorada de unas estrellas de mar de más de un metro de longitud y azules como el cielo de la tarde. Cuando vivimos en el mundo superior no imaginamos que puedan existir tantas criaturas fantásticas en las profundidades de la Tierra. En nuestra segunda inmersión visitamos un barco americano de la segunda guerra mundial, hundido hace ya años. Esta inmersión resulta bastante fascinante, nadando por entre los escombros que han sido completamente reclamados por la naturaleza (incluso las cosas fabricadas por el hombre le pertenecen a Ella). En especial nombraré la tortuga que comía las algas que crecían sobre el metal en descomposición, y las anémonas que se mueven psicodélicamente ante las corrientes y bajo la luz refractada del Sol, y que sirven de casa a los pequeños Nemos naranjas con rayas blancas, que entran y salen sin parar por entre los tentáculos blancos.
    Leia mais

  • Bali - Uluwatu parte 2

    20 de maio de 2023, Indonésia ⋅ ☀️ 27 °C

    Fizémos a viagem de Ubud a Uluwatu, em 3h. As viagens de regresso sempre se fazem mais amenas e curta por algum motivo inexplicável. Carecem das fortes emoções iniciais em direção ao desconhecido. A excitação do princípio já foi aplacada e a alma volta mais serena. Essa noite celebrámos o 30⁰ aniversário do Raúl, que alugou uma villa inteira para todos ficarmos a dormir e passar uma noite de festa. O jantar preparado por Giulia, a namorada do Raúl, foi como não poderia deixar de ser vinda de uma italiana uma belíssima pasta. A noite ficou marcada pela ecstatic dance preparada pelas Irenes e para culminar demos todos um mergulho na piscina à meia noite para celebrar a vida, a amizade e a juventude.
    No seguinte dia fomos para um novo quarto alugado, bastante cêntrico e cómodo para ser low budget, rodeado de um bonito jardim. Aqui passámos uma semana mais entre excelentes surfadas, almoços e jantares com os nossos amigos de Bali.
    Estávamos indecisos em relação ao seguintes planos. Não sabíamos se visitar a ilha Lombok, as ilhas Gili, ou Nusa Penida. Depois de ponderar todos os factores decidimos por não fazer nenhum destes planos, mais turísticos e com mais logística. Decidimos antes ver uma parte mais desconhecida de Bali, como Medewi, e o interior montanhoso de Munduk.
    Leia mais

  • Bali - Medewi/Munduk

    25 de maio de 2023, Indonésia ⋅ ☀️ 27 °C

    Uma vez mais partimos na nossa familiar e castigada mota em direção a uma pequena vila no norte de Bali, um destino do qual ouvimos dizer que se respira tranquilidade, longe das multidões do sul e onde esperamos encontrar um lado mais puro da ilha, estar rodeados de mais natureza e locais dedicados às suas rotinas mais tradicionais, intocadas pelo lado negativo que pode ter o turismo.
    Após umas intermináveis quatro horas em moto, cruzando a caótica e disforme capital Dempassi e inúmeras outras ruas dos seus subúrbios, movidas pelo tráfico omnipresente começamos, por fim, a notar uma diminuição do tráfico e do ruído e o caos começa a ceder passagem à tranquilidade a cada curva e damos por nós a navegar sozinhos numa estrada rodeados de floresta . Medewi, o nosso primeiro destino começa a vislumbrar-se. Nesta pequena povoação apenas chegam alguns aficionados do surf, onde podem encontrar um suave point break e a onda mais comprida em toda a ilha. Aqui passámos três dias perfeitos. Tínhamos o nosso quarto numa humilde cabana de madeira a 50m da praia e do melhor bar/restaurante/surf shop da zona onde se juntavam todos os ocidentais. Olhando para um lado e para o outro do areal não se podia vislumbrar o fim da praia dando a maior sensação de liberdade até ao momento nesta ilha. Medewi proporcionou-nos aquilo que de melhor se pode ter na Indonésia: sol, ondas intermináveis e com pouca gente, boa comida, descontração e uma boa massagem balinesa à beira-mar.
    Este seria um sítio ideal para ficar mais um tempo mas como queremos ver o máximo de pontos de interesse da ilha partimos para o próximo destino.
    Munduk encontra-se no interior da ilha a 50km do mar, num vale rodeado de verdejantes montanhas. O maior atractivo desta região é o verdadeiro buffet de cascatas, de todas as formas e feitios e a natureza que as rodeia. Entre uma cascada e outra passámos de mota, por intermináveis campos de arroz, provámos uma taça do famoso café kopi luwak e que não nos pareceu nada de especial para ser o café mais caro do mundo e tivémos a opurtunidade de dormir numa casa com uma vista idílica, das mais bonitas que vimos em toda a viagem.
    Visitámos também a costa norte e a cidade de Lovina, que para ser franco achámos que tinha pouco encanto e demasiado turístico, seguramente devido à presença de plâncton bioluminescente e de golfinhos pela quantidade de tours ofertados para estas atrações. O que sim nos deixou agradavelmente surpresos foi visitar um dos poucos templos budistas em todo o país. A beleza dos vários edifícios, únicos, coloridos e de formas extravagantes, em perfeita simbiose com a paisagem fez deste templo um dos mais memoráveis.
    Saímos desta excursão, fora da península de Uluwatu, com a sensação de que ficámos a conhecer bastante bem toda a ilha e de que pouco ficou por ver mas nem por isso ficámos com menos vontade de regressar a este paraíso.
    Os últimos dias passámos em Uluwatu para despedirmo-nos dos nossos amigos e apanhar as últimas ondas. Destes dias tenho que destacar o dia em que fui surfar com o Raúl e Javi a onda que existe ao lado da pista de aterragem do aeroporto, a 1km da costa onde para se chegar se tem que apanhar um barco. Uma esquerda perfeita com pouco crowd e com umas vistas diferentes do habitual ao ver os aviões a passar por cima de nós. Depois desta experiência caricata fomos jantar todos ao mercado municipal. Comprámos dois peixes enormes, choco e zamburinhas que nos cozinharam ali no momento. Não podíamos ter pedido melhor despedida, rodeados de amigos, boa comida e bom ambiente, um mês perfeito, um sonho cumprido, o qual recordaremos sempre com muito carinho e com uma vontade insaciável de voltar o mais cedo possível.
    Leia mais